01 Cómo se bajaba a por ellas

En el siglo XIX el equipo básico se completaba con grasa en el cuerpo para conservar el calor y algodón engrasado en los oídos. Algunos usaban una pinza nasal de carey. En los bancos poco profundos las ostras estaban a metro y medio o dos metros; en los profundos, la inmersión era extremadamente peligrosa.

Interior de una valva grande y casi circular de ostra perlera, montada sobre fondo negro con grapas metálicas; el nácar tiene un brillo satinado que va del blanco al verdoso, con el borde oscuro, y en el centro sobresale una perla adherida a la concha.
Una perla adherida a la propia concha. Así aparecían: no sueltas en el interior, sino fundidas con el nácar.Wmpearl / Wikimedia Commons / CC0·CC0

02 Quién iba en el barco

La tripulación de un barco perlero estaba organizada con una precisión que sorprende. Había buceadores (ghaws), un capitán (nakhuda), tiradores de cuerda que subían al buceador (seeb) y sus ayudantes. Y luego, oficios que no se esperan: cantores (naham), cocineros (tabbakh), contables (kuttab), abridores de concha (jallas), contramaestres y timoneles.

El sistema de pago explica buena parte de lo que vino luego: los buceadores no cobraban por jornada, sino una parte de lo que produjera la temporada entera. Si la campaña salía mal, no había salario que reclamar. Ese esquema, combinado con los adelantos que se pedían para pasar el invierno, encadenaba a muchos hombres a un ciclo de deuda del que no se salía.

03 1912, el año de la superabundancia

La industria alcanzó su cima alrededor de 1912, un año que quedó registrado como «el año de la superabundancia». En ese momento se calcula que una cuarta parte de la población que vivía en el litoral del golfo Pérsico estaba implicada de un modo u otro en el comercio de perlas.

Una de cada cuatro personas de la costa vivía de una industria basada en aguantar la respiración.

Lámina fotográfica antigua en tonos verde grisáceo: sobre un fondo liso y oscuro se ven dos perlas, una redonda a la izquierda y otra grande con forma de gota a la derecha, ambas con un reflejo suave que recorre el borde.
Lámina de un libro sobre perlas y pesca perlera publicado en 1913, un año después de la cima de la industria.Internet Archive Book Images / Wikimedia Commons / sin restricciones conocidas·Sin restricciones de derechos conocidas

04 La patente

Aquí conviene ser cuidadoso, porque la versión popular está mal contada. La técnica moderna del cultivo de perlas la desarrolló el biólogo británico William Saville-Kent, que pasó la información a los japoneses Tatsuhei Mise y Tokichi Nishikawa. La patente de Nishikawa se concedió en 1916 y ese mismo año se aplicó comercialmente a la ostra akoya en Japón.

El nombre que todo el mundo asocia con la perla cultivada, Kokichi Mikimoto, pudo usar la tecnología de Nishikawa a partir de aquella patente. Fue quien la popularizó y la promovió comercialmente, pero no fue quien la inventó. El hermano de Mise fue el primero en producir una cosecha comercial de perlas akoya.

El resto fue rápido. En 1917 Mitsubishi aplicó la técnica a la ostra de los mares del Sur en Filipinas, y en 1928 se obtuvo la primera cosecha comercial pequeña de perlas de esos mares. Hoy más del 99% de las perlas que se venden en el mundo son cultivadas.

05 Lo que vino después

El golpe no vino solo. A la competencia de la perla cultivada se sumó la Gran Depresión de 1929, que se llevó por delante la demanda de un artículo de lujo. Las dos cosas juntas, en menos de veinte años, dejaron sin sentido económico una flota entera.

Lo que hay que retener es el orden de los hechos, porque casi siempre se cuenta al revés: la industria perlera no la mató el petróleo. Cuando se firmó la primera concesión petrolera, en 1936, el mercado de la perla natural ya estaba hundido. El petróleo llegó después, y llegó a un sitio que llevaba dos décadas sin economía.

Las fechas del petróleo, para situarlo: la concesión en 1936; el primer hallazgo mar adentro en 1958, en el campo de Umm Shaif, a 2.669 metros de profundidad; el primero en tierra en 1959, en Murban n.º 3; después Bu Hasa en 1962 y Zakum Inferior en 1963.

Una sola perla casi esférica de color crema, fotografiada muy de cerca sobre un fondo gris claro; en la mitad superior tiene una mancha iridiscente verdosa y rosada con dos pliegues finos en la superficie, y el resto es liso y mate.
Una perla natural de ostra de labios dorados. Ni redonda del todo ni uniforme: el defecto es la firma de que nadie intervino.James St. John / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

Merece la pena tenerlo presente al mirar el agua desde la cornisa. Ese mismo golfo poco profundo, turquesa y aparentemente inofensivo, sostuvo durante siglos a una población entera, y dejó de hacerlo por una decisión de laboratorio tomada a nueve mil kilómetros de aquí.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saberlo · Flowtravel

Lucía persigue la historia detrás del objeto cotidiano.