La historia completa es mejor que el titular, porque tiene dos mitades simétricas separadas por 119 años: una en la que Samoa vivió un día dos veces y otra en la que lo borró.

Fotografía antigua en blanco y negro de un frente marítimo con edificios bajos de madera y tejados a dos aguas, una hilera de árboles junto al agua y varias embarcaciones fondeadas.
El frente marítimo de Apia a principios del siglo XX, cuando la ciudad seguía el horario de California.Tudor Washington Collins / Auckland Museum / CC BY 4.0·CC BY 4.0

01 El día que se borró

El cambio se hizo a medianoche, de modo que dos minutos después de las 23:59 del jueves 29 de diciembre eran las 00:01 del sábado 31. Nadie trabajó ese viernes porque ese viernes no llegó a existir en el calendario local.

El país pasó de UTC−11 a UTC+13, veinticuatro horas justas de salto hacia delante. En términos de reloj, la hora del día siguió siendo prácticamente la misma; lo que cambió fue la fecha.

El efecto sobre el mapa fue inmediato: la línea internacional de cambio de fecha, que hasta entonces dejaba a Samoa en el lado oriental, se redibujó para que el país quedara al oeste de ella. Una línea que, conviene recordarlo, no es una frontera física sino un acuerdo que cada país ajusta a su conveniencia.

02 Veintiuna horas por detrás de Sídney

El motivo fue comercial y muy concreto. Antes del cambio, Samoa iba veintiuna horas por detrás de Sídney: cuando en Apia era lunes por la mañana, en Australia y Nueva Zelanda ya era martes, y las semanas laborables solo coincidían cuatro días de cinco.

Después del salto, el país pasó a ir tres horas por delante de Sídney. Con eso, la semana laboral encaja con la de sus dos principales socios comerciales, que es exactamente lo que se buscaba.

En octubre de 2021 Samoa dio un paso más en la misma dirección práctica y dejó de aplicar el horario de verano. El huso quedó fijo en UTC+13 todo el año.

Edificio de madera de dos plantas con galería y balcón corridos, barandillas torneadas y tejado de chapa, medio oculto entre árboles y palmeras.
De la etapa comercial quedan repartidos por Apia varios edificios de madera como este.Michael Coghlan / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

03 El 4 de julio que ocurrió dos veces

Lo que casi nadie cuenta es que el país ya había cruzado esa línea antes, en dirección contraria. El huso anterior se implantó el 4 de julio de 1892, y se hizo para alinear el calendario con el de los comerciantes estadounidenses establecidos en California.

Como el cambio implicaba retroceder un día, la fecha elegida no fue casual: al caer en el día de la fiesta nacional estadounidense, Samoa vivió el lunes 4 de julio dos veces seguidas. Un día repetido en lugar de un día borrado.

Entre una decisión y otra pasaron 119 años en el lado americano de la línea. El país entró en él por conveniencia comercial y salió por exactamente el mismo motivo, solo que con otros socios al otro lado del océano.

Casa colonial de dos plantas con galerías corridas y tejado a cuatro aguas, rodeada de césped y de vegetación tropical, en una fotografía antigua.
Vailima, a las afueras de Apia, fotografiada en 1903: once años después del primer cambio de fecha.Henry Winkelmann / Dominio público·Dominio público

04 Lo que significa hoy

Por longitud, Apia es la capital más occidental del mundo. Por huso horario, desde 2011 está entre los primeros lugares del planeta en estrenar cada día. Las dos cosas son ciertas a la vez, y esa contradicción aparente es justo lo que hace la línea de fecha.

El contraste más útil está al lado: Samoa Americana, a poco más de cien kilómetros, se quedó en UTC−11. Entre las dos hay veinticuatro horas de diferencia de calendario, así que un vuelo corto entre ellas aterriza el día anterior o el siguiente según la dirección.

Para quien viaja, la consecuencia práctica es sencilla y conviene no descubrirla en el mostrador: comprueba la fecha de tus billetes, no solo la hora, sobre todo si combinas las dos Samoas o si haces escala en Fiyi o en Auckland.

05 Lo que revela

Un país pequeño y remoto reorganizó su calendario dos veces para ponerse al lado de quien le compraba. Es una decisión de escala minúscula y consecuencias enormes: mover una línea que aparece en todos los mapamundis del mundo.

Y deja una idea que se lleva bien de viaje: el tiempo, tal y como lo medimos, no es un hecho natural. Es un acuerdo, y los acuerdos se cambian cuando dejan de convenir.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes persigue el dato que cambia la forma de mirar un lugar y lo explica hasta el final.