Se llega a lo alto de una de las cumbres del parque y lo que se ve no se parece a nada de lo que uno espera de un espacio protegido: hectáreas de troncos grises, secos, sin corteza y sin una sola rama viva, de pie como postes. La primera reacción es siempre pensar que aquí ha ocurrido un desastre y que nadie lo ha arreglado.
Las dos cosas son ciertas, y las dos fueron decisiones. Entender la segunda cambia por completo lo que se está mirando.
01 Lo que se ve al llegar
El parque ocupa 24.250 hectáreas en el noreste de Baviera, pegado a la frontera checa. Junto con el parque vecino de Šumava, de 68.064 hectáreas, forma la mayor superficie continua de bosque de Europa central. Recibe más de 700.000 visitantes al año en una región económicamente débil, donde ese dato pesa.

Pero por encima de los 1.100 metros el panorama cambia. Ahí el abeto rojo dominaba casi en solitario, y ahí es donde murió prácticamente todo antes del año 2000. Lo que queda son laderas enteras de madera muerta en pie, unas todavía erguidas y otras ya derribadas por el viento.
02 Una decisión de 1970
El parque nació el 7 de octubre de 1970 con un principio explícito que en alemán se resume en cuatro palabras: dejar que la naturaleza sea naturaleza. No se trataba de conservar un paisaje en un estado determinado, como hace un jardín, sino de retirar la mano y observar qué pasa.
Eso incluía, y ahí estaba la parte difícil, no intervenir tampoco en las catástrofes. Ni tormentas, ni incendios, ni plagas. Es una idea fácil de defender en abstracto y muy incómoda de sostener cuando ocurre de verdad, sobre todo en un país con una tradición forestal de siglos basada en gestionar el bosque como un cultivo ordenado.
03 El escarabajo y el escándalo
La prueba llegó en los años noventa. El escarabajo de la corteza del abeto, Ips typographus, es un insecto autóctono que vive en el bosque de forma permanente y que en condiciones normales solo ataca árboles debilitados. Tras varios veranos secos y algunos temporales que dejaron mucha madera caída, la población se disparó.

En un bosque gestionado, la respuesta habría sido inmediata: talar y retirar la madera infestada para cortar el ciclo. Dentro del parque no se hizo nada, y la plaga acabó con más de 5.000 hectáreas de abetos adultos. Los vecinos vieron cómo el bosque de al lado de sus casas se volvía gris durante una década.
La discusión pública fue dura y duró años. Terminó en un compromiso que sigue vigente: en la zona núcleo no se interviene, y en la franja de amortiguación pegada a los bosques privados sí se combate el escarabajo. Es una solución de mitad y mitad, y conviene contarla así en vez de como una victoria limpia de una idea.
No dejaron morir el bosque por dejadez. Lo dejaron morir para averiguar si un bosque sabe rehacerse solo.
04 Los números treinta años después
Aquí es donde el asunto deja de ser una discusión de principios y pasa a ser una cuenta. Los inventarios de regeneración del propio parque midieron 978 árboles jóvenes por hectárea en 1991, antes del grueso de la plaga. En 2005, catorce años después, la cifra era de 4.502 por hectárea.
El mecanismo se entiende mirando al suelo. Al morir los árboles adultos, la luz llegó por primera vez en décadas al piso bajo, y los troncos caídos se convirtieron en semilleros: la madera podrida retiene agua, acumula nutrientes y levanta las semillas por encima de la hojarasca y del musgo.
Conviene no exagerar la conclusión. Que esto haya funcionado aquí no significa que funcione en cualquier bosque ni que el escarabajo sea inocuo en una plantación comercial. Lo que demuestra es algo más limitado y más interesante: que un bosque de montaña con suficiente superficie y sin prisa puede rehacerse sin ayuda, y que lo que parecía el final era una fase.
05 Cómo mirar un bosque muerto
- Baja la vistaLos troncos grises son lo que llama la atención, pero la información está abajo: entre ellos crecen miles de plántulas por hectárea que desde lejos no se ven.lo primero
- Busca los troncos tumbadosFíjate en las hileras de arbolitos perfectamente alineadas: crecen sobre un tronco caído en descomposición. Es el patrón más revelador del parque.el detalle
- Compara la cota alta con la bajaPor encima de los 1.100 metros murió casi todo; más abajo, donde el bosque era mixto, apenas se notó. La diferencia explica el problema del monocultivo.para entenderlo
- No vayas con viento fuerteLa madera muerta en pie termina cayendo, y con temporal algunas rutas se cierran por ese motivo. Consulta el estado de los senderos antes de salir.seguridad
Merece la pena subir a una de las cumbres con este dato en la cabeza, porque cambia el signo de lo que se ve. Sin él, la ladera gris es una ruina y una negligencia. Con él, es un experimento que lleva treinta años en marcha y del que ya se conocen los primeros resultados.
Y conviene guardar también la otra mitad de la historia: que la decisión costó una discusión pública larga, que quienes vivían al lado no la recibieron como una buena noticia y que el acuerdo final fue un reparto de zonas, no una conversión colectiva. Los paisajes que parecen naturales casi siempre tienen detrás una negociación.

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