Hay pruebas geológicas que exigen instrumentos y hay otras que se ven a simple vista desde una acera. La segunda clase es rara, y la mejor de todas está en Pozzuoli, un municipio de la costa al oeste de Nápoles.

En medio del casco urbano, rodeado de bloques de pisos, hay un edificio romano excavado con tres columnas de mármol todavía de pie. A varios metros del suelo, las tres tienen una banda horizontal de agujeros. Los hicieron unos moluscos que solo pueden trabajar bajo el agua.

01 Tres columnas con una banda de agujeros

El edificio es el macellum de Puteoli, el mercado de la colonia romana. Cuando se excavó en el siglo XVIII se encontró allí una estatua de Serapis, y por eso durante mucho tiempo se lo llamó templo de Serapis, un nombre equivocado que todavía se usa.

Tres columnas de mármol de gran altura en pie sobre un pavimento antiguo encharcado, con restos de muros bajos alrededor y edificios modernos al fondo
Las tres columnas de mármol del macellum de Pozzuoli. La banda de perforaciones que llevan a varios metros de altura la hicieron moluscos marinos.Norbert Nagel / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Los agujeros tienen autor identificado: son moldes de Lithophaga lithophaga, el dátil de mar mediterráneo, un bivalvo que perfora la piedra caliza y el mármol combinando disolución química y raspado mecánico. Vive fijado a la roca, siempre sumergido.

La deducción es inmediata y no admite muchas alternativas. Si hay perforaciones marinas a varios metros de altura en columnas que nunca se han movido de sitio, el sitio se hundió bajo el nivel del mar, permaneció sumergido el tiempo suficiente para que los moluscos colonizaran esa franja, y después volvió a emerger.

02 La lámina que abría un libro de geología

Ese razonamiento no es moderno. El macellum de Pozzuoli fue una de las piezas centrales del debate que fundó la geología como ciencia, y Charles Lyell lo eligió para la lámina del frontispicio de sus Principios de geología.

Su lectura fue explícita: el sitio ofrecía una prueba inequívoca de que el nivel relativo de la tierra y del mar había cambiado dos veces en Pozzuoli desde el comienzo de la era cristiana, y de que cada movimiento, tanto de elevación como de hundimiento, había superado los veinte pies.

Lo que lo hacía valioso para el debate de la época era justamente que no hubiera catástrofe. La corteza se movía seis metros arriba y abajo sin un terremoto destructivo que lo explicara, es decir, de forma gradual. Era el argumento perfecto para quien defendía que la Tierra cambia despacio y sin necesidad de episodios violentos.

03 Un fenómeno con nombre propio

El proceso acabó recibiendo un nombre a partir de este lugar: bradisismo, del griego «terremoto lento». Describe exactamente eso, movimientos verticales del terreno que ocurren de manera gradual, en centímetros por mes en lugar de metros por segundo.

La palabra es útil porque separa dos cosas que se confunden. Un terremoto es una liberación brusca de energía elástica y dura segundos. El bradisismo es una deformación sostenida que dura meses o años y que puede acumular metros.

Y por eso sus efectos son distintos. Un bradisismo no derriba un edificio de un golpe: lo va descuadrando, abriendo grietas y desnivelando cimientos hasta que deja de ser seguro. También cambia la línea de costa, deja muelles en seco o los sumerge.

04 Metro setenta y siete, y otro metro diez

El fenómeno no es historia antigua. En el siglo XX hubo dos crisis medidas con precisión. La primera, entre 1969 y 1972, produjo un levantamiento total de unos 177 centímetros, con una velocidad máxima de 6,2 centímetros al mes.

La segunda, entre 1982 y 1984, fue más grave. El levantamiento en la zona de máximo movimiento, en el centro de Pozzuoli, alcanzó 110 centímetros entre enero de 1982 y diciembre de 1983, acompañado de miles de terremotos pequeños. Unas 25.000 personas fueron evacuadas, sobre todo por el riesgo de derrumbe de los edificios.

Sumadas las dos crisis, el terreno del centro de la caldera subió más de tres metros en quince años. No hubo erupción en ninguna de las dos. Todo el daño lo causó el suelo moviéndose despacio.

05 Por qué ocurre justo aquí

La explicación está en lo que hay debajo. Pozzuoli está en el centro de los Campi Flegrei, una caldera volcánica activa que se extiende al oeste de Nápoles y que es una de las zonas volcánicas más vigiladas del mundo.

Fumarola en un terreno de tierra amarillenta y blanquecina, con vapor saliendo del suelo y depósitos minerales de color intenso alrededor de la boca
Una fumarola en la Solfatara de Pozzuoli, dentro de la caldera de los Campi Flegrei. El calor y los gases que salen aquí son la señal en superficie del sistema que mueve el suelo.Norbert Nagel / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Una caldera activa tiene fluidos calientes circulando a poca profundidad: agua, vapor y gases. Cuando el sistema se presuriza, el techo se abomba y el suelo sube; cuando se despresuriza, baja. Es el mecanismo que produce el bradisismo, y su firma en superficie son las fumarolas.

Explanada amplia de terreno claro y agrietado en el fondo de un cráter, con columnas de vapor y laderas cubiertas de vegetación al fondo
El fondo del cráter de la Solfatara, dentro de la caldera. El terreno claro es roca alterada por los gases que suben desde abajo.Mentnafunangann / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Eso también explica la duración del episodio romano. Para que los moluscos perforaran una banda de varios centímetros en mármol hizo falta que las columnas estuvieran sumergidas durante siglos, no durante una temporada. El ciclo completo de bajada y subida ocupó buena parte de dos mil años.

06 Cómo se mira

La primera consecuencia práctica es que el sitio se entiende de un vistazo si sabes dónde mirar. No busques el edificio: busca la banda de agujeros en las tres columnas y calcula a qué altura está sobre el pavimento. Esa distancia es la medida del movimiento.

La segunda es que el pavimento del macellum suele estar encharcado, y eso también es información. El nivel del agua dentro del recinto depende de la altura del terreno respecto al mar, que es precisamente lo que cambia. El yacimiento funciona como un medidor.

Y la tercera es la que cambia la mirada sobre toda la bahía. En Campania la atención va siempre al Vesubio, que es el volcán con forma de volcán. Pero al otro lado de Nápoles hay una caldera que no parece nada y que ha movido el suelo tres metros en la vida de una persona. Unos moluscos de dos mil años de antigüedad son la prueba de que lleva haciéndolo desde mucho antes.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes escribe sobre lo que hay detrás de un dato que parece pequeño y explica un lugar entero.