La explicación intuitiva de un paisaje erosionado siempre es el agua. Un río corta, la lluvia arrastra, el mar golpea. En Bryce Canyon esa explicación no funciona, y basta con mirar el mapa para sospecharlo: no hay ningún río importante que atraviese el parque.

Lo que talla estas columnas es una herramienta más lenta y más precisa. El agua se mete en las grietas de la roca, se congela, aumenta de volumen y hace de cuña. Al día siguiente se deshiela, se filtra un poco más adentro y vuelve a congelarse. Aquí ese ciclo se repite unos 170 días al año.

01 Una cuña de hielo cada dos días

El proceso tiene nombre técnico: gelifracción, o cuña de hielo. Es un mecanismo elemental de física de materiales. El agua es una de las pocas sustancias que aumentan de volumen al congelarse, en torno a un 9 %, y ese aumento, dentro de una fisura cerrada, ejerce una presión enorme.

Lo excepcional de Bryce no es el mecanismo, que ocurre en cualquier montaña, sino la frecuencia. Unos 170 ciclos al año significa que casi la mitad de los días del año la roca se congela y se descongela al menos una vez. Ninguna roca aguanta eso indefinidamente.

La razón de esa frecuencia es la altura combinada con la latitud. Con el borde del parque entre 2.400 y 2.700 metros, las noches bajan de cero durante buena parte del año, y el sol de la meseta calienta la roca por encima de cero durante el día. En la estación de Bryce Canyon City, a 2.336 metros, la mínima media de enero es de −12,3 grados y la máxima del mismo mes, de 2,1.

Panorámica muy alargada de un anfiteatro de columnas de roca naranja espolvoreadas de nieve reciente, con una columna aislada coronada por un bloque
El anfiteatro de Bryce bajo una nevada reciente de primavera, desde el mirador de Agua Canyon. La nieve que se derrite de día y se congela de noche es la herramienta que forma estas columnas.Christian David / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 Y además no es un cañón

El segundo dato que conviene corregir está en el nombre. Bryce Canyon no es un cañón. Un cañón es un valle excavado por un curso de agua central, con un río en el fondo. Aquí no hay tal cosa.

Lo que hay es una colección de anfiteatros gigantes, formados por erosión remontante: el borde de la meseta se va comiendo hacia atrás, y lo que queda delante son las columnas que todavía no se han deshecho. El mayor de esos anfiteatros, el de Bryce, mide unos 19 kilómetros de largo, 5 de ancho y 240 metros de profundidad, y la serie completa se extiende unos 32 kilómetros de norte a sur.

La diferencia no es terminológica. Un cañón se profundiza; un anfiteatro retrocede. Bryce no se está haciendo más hondo: se está desplazando hacia atrás, y las columnas que ves hoy son el frente de ese avance.

03 La roca que se deja tallar

Para que el hielo produzca columnas y no simplemente escombros hace falta la roca adecuada. La de Bryce se llama formación Claron y es la que da los acantilados rosados, el escalón más alto y más joven de la Gran Escalera de capas del sur de Utah.

Su característica es que no es homogénea: alterna capas más duras con capas más blandas. Cuando el hielo abre una fisura vertical, la erosión se lleva primero lo blando y deja lo duro sobresaliendo. De ahí las formas escalonadas y, sobre todo, los bloques que quedan encima de algunas columnas como un sombrero.

Grupo de columnas de roca naranja y clara de gran altura junto a un sendero de tierra, con pinos alrededor y dos caminantes pequeños al pie que dan la escala
Columnas en el fondo del anfiteatro de Bryce, en el sendero entre Navajo Loop y Queens Garden. Los caminantes del pie dan la escala: las mayores llegan a 60 metros.Fabio Achilli / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

Ese bloque de coronación no es decorativo: es la razón de que la columna exista. Mientras la capa dura de arriba aguante, protege de la lluvia lo que tiene debajo. Cuando el bloque cae, la columna se descompone en unas pocas décadas.

04 Entre sesenta y ciento veinte centímetros por siglo

La velocidad del proceso está medida. En condiciones naturales, los hoodoos de Bryce retroceden entre dos y cuatro pies por siglo, es decir, entre 60 y 120 centímetros cada cien años.

Puesto en perspectiva, es rapidísimo para tratarse de piedra. Significa que una columna de 60 metros de alto, la altura máxima que alcanzan las mayores, no puede llevar ahí mucho más de unos pocos miles de años. El paisaje que se fotografía en Bryce es geológicamente reciente y provisional.

También significa que ninguna de las columnas que hay hoy estará ahí dentro de unos siglos, y que las que se verán entonces todavía están dentro de la pared, esperando a que el hielo las separe.

05 Los días de hielo están bajando

Hay un dato de seguimiento que conviene conocer. El Servicio de Parques mide los días de congelación y deshielo en Bryce desde los años sesenta, y las series muestran un descenso: de unos 220 días anuales en aquellas primeras mediciones a unos 170 en 2020.

Panorámica de acantilados y columnas de roca naranja bajo nieve reciente, con cumbres nevadas en el horizonte y bosque de coníferas en las laderas
Acantilados y columnas bajo nieve de primavera desde el mirador de Agua Canyon, con cumbres nevadas al fondo. El número de días de hielo y deshielo al año es la variable que gobierna este paisaje.Christian David / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

La consecuencia lógica es que la herramienta que fabrica los hoodoos está trabajando menos horas. Qué efecto acaba teniendo eso sobre las formas no se sabe con certeza, y el propio Servicio de Parques lo plantea como una pregunta abierta y no como una previsión.

Lo que sí es seguro es que estas columnas dependen de una condición muy estrecha: noches bajo cero y días por encima, repetidos cientos de veces. Es un paisaje que existe gracias a un umbral de temperatura, no gracias a una roca resistente.

06 Cómo se mira

La primera consecuencia práctica es que conviene bajar. Desde el borde se ve la forma del anfiteatro, pero el mecanismo se entiende abajo, entre las columnas, donde se ven las fisuras verticales, los bloques de coronación y los escombros recientes al pie de cada pared.

La segunda es que el invierno no es la mala temporada de Bryce: es la temporada en la que el paisaje está trabajando. En enero y febrero caen 44,7 centímetros de nieve cada mes, y esa nieve es exactamente la materia prima del proceso. Verlo nevado no es un accidente meteorológico: es verlo en funcionamiento.

Y la tercera es la que cambia la mirada. Un cañón es una historia sobre un río. Bryce es una historia sobre termómetros: sobre 170 noches al año en las que el agua atrapada en una grieta se congela y empuja un milímetro más. Todo lo que se fotografía allí es el resultado acumulado de ese milímetro.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes escribe sobre lo que hay detrás de un dato que parece pequeño y explica un lugar entero.