01 Una ciudad que se lee antes de verse
El autor, Alexander McCall Smith, no escribía desde fuera. En 1981 volvió a África austral para ayudar a fundar la facultad de Derecho de la Universidad de Botsuana y dar clase allí. El campus principal de esa universidad está junto al Main Mall, en el centro dibujado de la ciudad. Es decir: los libros salieron de aquí, no de una documentación a distancia.
Ese origen explica por qué la ciudad de los libros resulta reconocible sobre el terreno. No es una capital genérica con nombres cambiados: la geografía funciona, las distancias funcionan y el clima funciona. Lo que hace falta es saber dónde termina el mapa y empieza la invención.

02 Qué es real y qué no
Tlokweng Road existe. Es una vía principal que sale del centro hacia el este, en dirección al pueblo de Tlokweng, al otro lado del río. En los libros, el taller del marido de la protagonista está en esa carretera. El taller es invención; la carretera se puede recorrer, y es exactamente lo que uno esperaría: doble calzada, mediana de hierba seca, bloques bajos de ladrillo y un cerro al fondo.
El President Hotel, que aparece en la serie, también existe: está en el centro, a un paso del Main Mall. En cambio Zebra Drive, la calle donde vive la protagonista y probablemente la dirección más citada de todos los libros, no aparece en las bases de datos cartográficas abiertas. Conviene tratarla como lo que casi con seguridad es: una calle inventada con nombre verosímil.
La regla es sencilla y no falla: las calles son reales, los negocios no. Puedes conducir por donde pasan los personajes, pero no puedes entrar en ningún sitio suyo.
03 Kgalewood
Hay una capa más, y es física. La BBC y la cadena estadounidense HBO rodaron una serie basada en los libros, protagonizada por Jill Scott, y la rodaron en Botsuana, no en un estudio de otro país. El episodio piloto lo escribieron Richard Curtis y Anthony Minghella, y lo dirigió Minghella.
El rodaje se instaló al pie del cerro Kgale, en el borde suroeste de la ciudad, y el decorado se ganó el apodo de «Kgalewood». Es el único caso que conozco de un plató de televisión que le pone mote a una montaña de mil doscientos ochenta y siete metros.

04 Cómo usarlo sobre el terreno
Lo primero es una advertencia contra el turismo literario mal entendido. No hay ruta señalizada, ni placas, ni casa que visitar, y buscar los escenarios uno a uno lleva a la decepción rápida: la mitad no existe. Este dato no sirve para hacer un itinerario; sirve para ajustar la mirada.
Lo que sí funciona es lo contrario: leer un libro de la serie antes de venir, y luego no buscar nada. Caminar el Main Mall, recorrer Tlokweng Road, subir al Kgale una mañana. Lo que se reconoce no son direcciones, sino cosas más difíciles de fabricar: el ritmo de la ciudad, las distancias cortas, el modo en que aquí se habla de la lluvia.

Y hay un efecto secundario que compensa el viaje entero. Gaborone recibe pocos visitantes y casi ninguno viene por lo que ha leído. Decir que estás aquí en parte por unos libros suele abrir una conversación, porque la serie se conoce, y porque el que la ha leído sabe perfectamente qué partes se inventó el autor.




