01 Una reserva con puerta a la calle

La reserva de fauna de Gaborone ocupa unas seiscientas hectáreas al este del centro y está abierta desde 1988. No hay que salir de la ciudad para llegar: se conduce por asfalto urbano, aparece un portón de techumbre vegetal con un cartel de bienvenida, y del otro lado empieza la pista de arena.

Entrada de una reserva vista desde la carretera asfaltada: un pórtico ancho con techumbre vegetal oscura y una lona blanca por encima, apoyado en muros de piedra y ladrillo; a los lados, carteles blancos que dan la bienvenida a la reserva e indican el horario y las normas, una señal de stop roja y una flecha verde; al fondo, atravesando el pórtico, una pista de arena clara que se pierde entre matorral.
El portón de la reserva. Delante hay bordillo y asfalto de ciudad; detrás, arena y matorral.CNJerem / Wikimedia Commons / CC BY 4.0·CC BY 4.0
Qué esperar de este viaje, medido en lo que le importa a quien busca fauna sin montar una expedición.
Fauna a poca distancia 600 ha dentro de la ciudad y 30 km² a diez kilómetros
Coste Precio de ciudad: sin vuelos internos ni lodge
Autonomía Se hace con coche de alquiler y sin guía obligatorio
Sensación de espacio abierto Reservas pequeñas y bien delimitadas, no extensión infinita
Grandes depredadores en libertad Guepardo y licaón viven en recintos separados
Dependencia del mes De 0,5 mm en julio a 94,2 en enero
Pista de arena clara entre matorral en temporada seca, con un avestruz macho de plumaje negro y alas blancas caminando por el centro de la pista hacia la cámara; a la derecha, acacias de hoja amarillenta y un sotobosque espinoso pardo con termiteros; a la izquierda, matorral bajo y seco; el cielo, azul intenso y sin una nube.
Junio en la reserva de la ciudad. Con el matorral pelado se ve a través de él, y por eso la temporada seca es la buena para esto.CNJerem / Wikimedia Commons / CC BY 4.0·CC BY 4.0

02 El segundo círculo

A diez kilómetros al sur está Mokolodi: treinta kilómetros cuadrados de terreno donado, en funcionamiento desde 1994, gestionados por una fundación privada sin ánimo de lucro. Ahí la escala cambia. Circulan en libertad jirafa, cebra, rinoceronte blanco del sur, kudú, impala, hipopótamo, cocodrilo del Nilo, leopardo e hiena parda.

Conviene decir también lo que no es libre: el guepardo y el licaón viven en recintos grandes pero separados. Hay además un parque de reptiles, con mamba negra y víbora bufadora entre otras especies, y una jaula con buitres rescatados. La manada de rinoceronte blanco forma parte de un programa nacional de cría que reconstruye la población del país.

El objetivo declarado de la fundación no es el turismo: es la educación ambiental, y buena parte de quien pasa por allí son escolares del país.

Panorámica desde un alto rocoso en temporada seca: en primer plano, un caos de bloques de piedra pardos y anaranjados con arbustos de hoja escasa y ramas blancas peladas a ambos lados; más allá, una llanura inmensa de matorral gris verdoso salpicado de claros de tierra rojiza que se extiende hasta una cadena de cerros bajos, con una franja clara de agua brillando al pie de ellos.
Mokolodi desde lo alto. Treinta kilómetros cuadrados: la distancia entre esto y la reserva urbana es de veinte minutos de coche.Cretep / Wikimedia Commons / Dominio público·Dominio público

03 El cerro, a pie

La tercera pieza no cuesta nada y no necesita coche. El cerro Kgale se levanta hasta los 1.287 metros en el borde suroeste de la ciudad, lo llaman «el gigante dormido», y tiene tres senderos hasta la cima. La subida se hace en aproximadamente una hora, y por el camino es habitual cruzarse con grupos de babuinos.

Arriba se entiende de golpe la ciudad entera: una superficie completamente plana que llega hasta el horizonte, sin apenas altura construida, y al otro lado el embalse. Es la vista que ordena todo lo demás, y por eso conviene hacerla el primer día, no el último.

El embalse añade una capa distinta: hay un club náutico en el extremo norte y un club de pesca en el sur, y sin embargo bañarse está prohibido por la presencia de cocodrilos y por el riesgo de bilharziosis. Navegar sí, nadar no. Es una de esas normas que describen un lugar mejor que cualquier folleto.

04 Lo que esto no es

Hay que decirlo claro para que nadie se lleve un chasco: esto no es el delta del Okavango ni Chobe. Esos destinos están muy al norte del país, son otro viaje, otro presupuesto y otra logística. Confundirlos es el único modo de salir decepcionado de aquí.

Lo que sí es: una capital llana de 246.325 habitantes, con dos reservas y un cerro al alcance de un coche de alquiler, a quince kilómetros de la frontera sudafricana, donde puedes ver fauna a media mañana y estar comiendo en el centro a la una. Si esa combinación es lo que buscabas, hay muy pocos sitios en el continente que la den con tan poco esfuerzo.

Una última recomendación, que es de calendario. Ven en mayo, agosto o septiembre. Con el matorral pelado se ve a través de él y los animales se concentran donde hay agua; en enero, con 94,2 milímetros de lluvia y la vegetación cerrada, están igual pero no los encuentras. Y evita octubre, que en un año de lluvia normal es el mes más caluroso del año.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Hecho Para Ti · Flowtravel

Sofía empareja viajeros con destinos, y dice cuándo no encajan.