La palabra pingüino viene cargada de una idea concreta: hielo, colonias enormes, mar helado. Casi toda la familia responde a esa idea. Hay una excepción, y no vive cerca del hielo: vive sobre roca volcánica negra, a temperaturas que rondan los 26 grados, en un archipiélago atravesado por la línea del ecuador.

Es el pingüino de Galápagos, y su rareza no está solo en el calor que aguanta. Está en un detalle de geografía que lo convierte en un caso único en el mundo.

01 Dónde está exactamente la frontera

Todos los demás pingüinos del planeta viven en el hemisferio sur. Sin excepción. Este también, en su mayor parte: cerca del 90 % de la población está en Fernandina y en la costa occidental de Isabela, con núcleos menores en Santiago, Bartolomé, el norte de Santa Cruz y Floreana.

La diferencia la marca la forma de Isabela. La isla mide unos cien kilómetros de largo y su extremo norte queda por encima de la línea del ecuador. Como los pingüinos ocupan esa costa, hay individuos que viven, nadan y crían en el hemisferio norte. Es el único pingüino del que se puede decir eso.

El dato suena a anécdota de trivial, pero no lo es: describe con precisión hasta dónde llega una franja de agua fría en mitad del trópico. Ese es el verdadero límite, y el pingüino solo lo señala.

02 La corriente que lo hace posible

La historia empieza mucho más al sur. La corriente de Humboldt, fría, sube desde las costas de Chile y Perú, y fue esa corriente la que trajo a los antepasados de la especie desde Sudamérica hasta el archipiélago. Sin ella no habría pingüinos aquí.

Ladera volcánica alta de color pardo oscuro que cae directamente al mar, con oleaje suave en primer plano y cielo despejado
La costa de Fernandina, la isla más occidental del archipiélago. En este lado es donde el agua fría aflora con más fuerza y donde vive la mayor parte de la población de pingüinos.putneymark / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

Lo que los mantiene aquí, en cambio, es otra corriente: la de Cromwell, también llamada subcorriente ecuatorial, que circula por debajo de la superficie de oeste a este y choca contra el flanco occidental del archipiélago. Al chocar, el agua fría y cargada de nutrientes sube.

Ese ascenso alimenta enjambres de peces pequeños que viven en cardumen, y esos peces son la base de la dieta del pingüino. Por eso la especie no se reparte por igual entre las islas: está donde aflora el agua fría, y donde el agua fría no aflora, no está.

No es el único que depende de ese mecanismo. En las mismas costas vive el cormorán mancón, otro endemismo del archipiélago, que perdió la capacidad de volar porque en un mar tan productivo no le hacía falta ir a buscar comida lejos.

Ave marina de plumaje oscuro y cuello largo, de pie sobre roca volcánica cubierta de algas verdes, con las alas cortas extendidas
El cormorán mancón, endémico de Galápagos, secándose las alas atrofiadas. Vive en las mismas costas occidentales que el pingüino y por la misma razón: el agua fría que sube allí.Deko4you / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

03 Cómo se soporta el calor con un plumaje de pingüino

El agua puede estar fría, pero el aire y la roca no. Un pingüino sobre lava negra al mediodía en el ecuador tiene un problema físico serio: lleva un plumaje diseñado para conservar el calor y está sobre una superficie que lo acumula.

La respuesta es una colección de gestos pequeños. Separa las aletas del cuerpo para perder calor por ellas, se inclina hacia delante para que su propia sombra cubra los pies, que son la parte más expuesta, y jadea con el pico abierto para enfriarse por evaporación, igual que un perro.

Pingüino pequeño de pecho blanco y dorso oscuro de pie sobre roca volcánica clara y agrietada, con el pico abierto
Un pingüino de Galápagos en bahía Elizabeth, en Isabela, con el pico abierto. Jadear le sirve para perder calor por evaporación, un recurso poco habitual en la familia.putneymark / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

A eso se suma dónde se instala. No anida a la intemperie: busca cuevas y grietas profundas en la lava, que mantienen la temperatura estable y evitan que los huevos se sobrecalienten. La misma roca que le complica el día le resuelve el nido.

04 Un calendario sin estaciones

Las parejas son monógamas y se mantienen de por vida. Ponen uno o dos huevos, la incubación dura de 38 a 40 días y los pollos se independizan a los 60 o 65. Hasta ahí, nada extraordinario para un pingüino.

Lo que sí es extraordinario es el ritmo anual. Los pingüinos de latitudes altas mudan una vez al año, en un periodo fijo. Este muda dos veces. Vivir donde no hay verano ni invierno, sino disponibilidad de comida que cambia con las corrientes, obliga a un mantenimiento distinto del plumaje.

La cría sigue la misma lógica. No hay una fecha marcada en el calendario: hay una condición del mar. Cuando el afloramiento funciona y hay peces, se cría; cuando no, se aplaza.

05 Mil ochocientos, y bajando cuando el agua se calienta

La población es pequeña y siempre lo ha sido. Entre 1993 y 2003 se movió alrededor de los 1.500 ejemplares; en 2003 se contaron 1.351; en 2018 se estimaron unos 1.200 adultos reproductores, y las cifras recientes hablan de unos 1.800. Está catalogada como especie en peligro.

Lo que la hace frágil es precisamente aquello de lo que depende. Cuando el agua del Pacífico ecuatorial se calienta durante un episodio de El Niño, el afloramiento se debilita, los peces desaparecen y la colonia se queda sin comida. Se han registrado caídas de entre el 65 % y el 77 % de la población en episodios de ese tipo.

Es una dependencia sin red. Un pingüino de la Antártida puede desplazarse cientos de kilómetros buscando otra zona de pesca; este vive en una franja de costa muy concreta y no tiene a dónde ir.

06 Cómo mirarlo

La primera consecuencia práctica es que no lo verás en cualquier isla. Si el itinerario no pasa por Fernandina o por la costa occidental de Isabela, las probabilidades bajan mucho. No es cuestión de suerte: es cuestión de estar donde sube el agua fría.

La segunda es que su tamaño desconcierta. Medio metro escaso y dos o tres kilos: si esperas la silueta de los documentales polares, lo primero que sorprende es lo pequeño que es y lo poco que se parece a una colonia. Aquí no hay miles de individuos juntos, hay parejas dispersas entre las rocas.

Y la tercera es la que da sentido al dato. Un pingüino sobre el ecuador no es una curiosidad simpática: es la prueba visible de que por debajo de esas aguas circula una corriente fría que no debería estar ahí. Cuando lo veas jadeando sobre la lava, lo que estás mirando en realidad es el mapa del océano.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes escribe sobre lo que hay detrás de un dato que parece pequeño y explica un lugar entero.