01 Cuarenta años sin fotos

El motivo declarado de la prohibición no era estético ni comercial: el sistema estaba clasificado como instalación militar por su función secundaria como refugio antiaéreo. Hacer fotos o vídeo estuvo prohibido hasta el 31 de mayo de 2018; a partir del 1 de junio de ese año, se permitió.

Un museo subterráneo por el que pasaban cientos de miles de personas al día, y del que durante cuarenta años casi no existieron imágenes.

02 Por qué se construyó

La planificación arrancó en 1968, dos años después del terremoto que destruyó unas 78.000 viviendas de la ciudad. Ese detalle cronológico no es casual: el metro se proyectó, entre otras cosas, como infraestructura resistente en una ciudad que acababa de comprobar de la peor manera que estaba sobre un suelo peligroso.

Las fuentes disponibles dicen que la infraestructura puede resistir seísmos de magnitud 9. Conviene tomar esa cifra con cautela —no está claro sobre qué escala ni con qué criterio se calculó, y la escala de Richter que se cita no se usa hoy para esas magnitudes—, pero el hecho de fondo sí está claro: se diseñó pensando en el sismo, y no en el uso corriente.

Abrió el 6 de noviembre de 1977, con nueve estaciones en la línea Chilonzor. Fue el séptimo metro construido en la antigua Unión Soviética y el primero de toda Asia Central.

Andén de estación de metro con una doble hilera de pilares de mármol gris que se abren arriba en capiteles blancos con forma de plato; del techo cuelgan grandes lámparas de cristal, la pared del fondo es de placas de piedra veteada y a la derecha pasa un tren azul y crema.
Una estación de la línea Chilonzor, la primera que se abrió. Los pilares se abren arriba para sostener bóvedas circulares.Tim Adams / Wikimedia Commons / CC BY 4.0·CC BY 4.0

03 Las cifras

Hoy el sistema tiene cuatro líneas, 50 estaciones y 70,4 kilómetros de recorrido. En 2025 transportó 286,8 millones de pasajeros, lo que da una media aproximada de 785.000 al día. Los túneles están a entre 8 y 25 metros de profundidad.

Los detalles técnicos son los de la escuela soviética: ancho de vía de 1.520 milímetros y alimentación por tercer carril a 825 voltios de corriente continua. Si has viajado en metro en Moscú, Kiev o Bakú, el material rodante te va a resultar familiar.

Andén central de una estación con la bóveda cubierta por completo de piezas blancas de relieve triangular en retícula; una lámpara dorada de brazos cuelga en el centro, y a ambos lados esperan dos trenes, uno blanco y otro azul claro. En primer plano, a la derecha, un agente uniformado de espaldas.
La bóveda facetada de la estación de Beruniy. Cada estación tiene un tema y un tratamiento distintos.Tim Adams / Wikimedia Commons / CC BY 4.0·CC BY 4.0

04 Qué hay que mirar

Cada estación tiene un tema propio y un tratamiento decorativo distinto. Los materiales que se usaron son un catálogo en sí mismos: metal, vidrio, plástico, granito, mármol, esmalte, cerámica y alabastro. No hay dos andenes que se parezcan.

Panel cerámico en relieve, en azules y blancos, empotrado en la pared de mármol de un andén: representa tres figuras humanas de pie bajo un arco, con manos alzadas sosteniendo frutos, y una orla de motivos geométricos alrededor. A la derecha entra en la estación un tren moderno azul y blanco con el rótulo BERUNIY.
Un panel cerámico en relieve en el andén, junto a un tren moderno. La decoración es de los años setenta y ochenta; el material rodante, de ahora.Tim Adams / Wikimedia Commons / CC BY 4.0·CC BY 4.0

El consejo práctico es sencillo: compra un billete y quédate abajo un par de horas. Baja en una estación, mírala entera, coge el siguiente tren, baja en la siguiente. Cuesta lo que un viaje y es, con diferencia, el mejor rato que se puede pasar en Taskent en julio, cuando arriba hay 36 grados de máxima media.

Y hazte una foto, sin más. Es un gesto banal en cualquier otra ciudad del mundo, y aquí llevaba prohibido desde antes de que existiera la mayoría de los que hoy lo hacen.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saberlo · Flowtravel

Lucía persigue la historia detrás del objeto cotidiano.