Casi nada de esta ciudad es anterior a 1948.
El 6 de octubre de 1948, un terremoto de magnitud 7,3 arrasó Asjabad: se perdió prácticamente toda la construcción de adobe y el 95% de la de ladrillo cocido. Lo que hoy se ve —una capital de un millón de habitantes revestida de mármol blanco— es la segunda ciudad construida en el mismo sitio, y ni siquiera es la misma que se levantó entonces.
01 Una ciudad sin capas
El dato que lo ordena todo cabe en una línea. El 6 de octubre de 1948 un terremoto de magnitud aproximada 7,3 destruyó prácticamente todos los edificios de adobe de la ciudad y el 95% de los de ladrillo cocido. No quedó un centro histórico que restaurar. Quedó un solar del tamaño de una capital.
La cifra de víctimas sigue sin cerrarse, y conviene decirlo tal cual: las estimaciones publicadas van de 110.000 a 176.000 muertos, mientras que el anuncio soviético oficial de la época habló de 40.000. Es una discrepancia grande y no la resuelvo aquí; la señalo porque cualquier cifra que leas viene de uno u otro de esos dos mundos.
02 Qué pasó el 6 de octubre de 1948
El terremoto no fue una casualidad geográfica. Asjabad está justo al pie del Kopet Dag, en una zona de contacto tectónico activo, y ese mismo relieve que le da a la ciudad su fondo de montaña es el que explica el riesgo. La construcción tradicional de adobe, además, es la peor posible para un sismo: pesada, frágil y sin capacidad de deformarse.
Lo que se levantó después fue una ciudad soviética de manual, con bloques bajos y calles anchas. Y a partir de los años noventa vino la segunda reconstrucción, la que domina hoy: manzanas enteras derribadas y sustituidas por edificios revestidos de mármol blanco. Dos ciudades nuevas en menos de un siglo, sobre la misma cuadrícula.
03 El mármol
En 2013 la ciudad entró en el Libro Guinness de los Récords por tener la mayor concentración de edificios de mármol blanco del mundo. Circulan por internet cifras concretas de cuántos edificios y cuántos metros cuadrados; no he encontrado una fuente que las sostenga, así que aquí no van. El récord, tal como está registrado, es cualitativo.
Y funciona exactamente como cabría esperar: un revestimiento claro sobre volúmenes regulares, cubiertas de color —verdes y turquesas sobre todo— y jardines regados en medio del desierto. Visto desde arriba, el conjunto tiene una uniformidad de material que no se parece a ninguna otra capital.

04 Dónde está exactamente
La ciudad está a 273 metros de altitud, encajada entre dos cosas que no se parecen en nada: al norte el desierto de Karakum, al sur la cordillera del Kopet Dag. La frontera iraní queda a unos 50 kilómetros. Ocupa 470 kilómetros cuadrados y tenía 1.030.063 habitantes en el censo de 2022.
El agua no viene de un río: la trae el canal de Karakum, que atraviesa la ciudad. Sin esa infraestructura, los jardines que ves entre los edificios blancos no existirían, y probablemente tampoco la ciudad a esta escala.
.jpg?width=1200)
05 Cómo mirarla
El nombre da una pista de la profundidad que sí tiene el lugar, aunque no se vea. Asjabad procede del persa y suele traducirse como «ciudad del amor» o «ciudad de la devoción», pero varios historiadores apuntan a un origen anterior, parto, posiblemente vinculado a Arsaces I. Es decir: el topónimo es mucho más antiguo que cualquier edificio en pie.
Por eso la manera útil de recorrerla no es buscar lo antiguo dentro de la ciudad —no está—, sino salir a buscarlo fuera. A dieciocho kilómetros del centro, la fortaleza parta de Nisa lleva ahí desde el siglo III a. C. Ese es el estrato que a Asjabad le falta bajo los pies.
Y dentro, mira la escala. Las avenidas son anchísimas, las manzanas grandes y el espacio entre edificios generoso: es una ciudad proyectada de una vez, no crecida. Se nota en que casi no hay calles estrechas ni esquinas raras, esas cosas que en otras capitales son el residuo de un plano anterior. Aquí no hubo plano anterior que respetar.





