01 Qué es Nisa exactamente

Nisa está junto al barrio de Bagyr, a dieciocho kilómetros al oeste del centro de Asjabad. Según la tradición la fundó Arsaces I, entre aproximadamente el 250 y el 211 a. C., y más tarde Mitrídates I —entre el 171 y el 138 a. C.— le dio el nombre de Mithradatkert. Fue una de las plazas fuertes del mundo parto en su primer siglo de existencia.

Y acabó como acabó Asjabad dos milenios después: la ciudad quedó completamente destruida por un terremoto en la primera década antes de nuestra era. La coincidencia no es poética, es geológica: el mismo contacto tectónico bajo el Kopet Dag.

Montículos de adobe erosionado de color arena, cortados por barrancos y senderos, ocupando todo el encuadre bajo un cielo azul intenso; a media altura se distingue una estructura escalonada de ladrillo y, en primer plano, un camino de tierra entre hierba rala.
El yacimiento visto desde el acceso. Lo que parecen cerros son muros: adobe compactado que lleva veintidós siglos deshaciéndose despacio.Carole Raddato / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

02 Lo que salió de ahí

Las excavaciones sacaron a la luz edificios de gran tamaño, mausoleos, un buen número de documentos inscritos y un tesoro que ya había sido saqueado en la Antigüedad. También obras de arte de factura helenística, lo que en sí mismo es el argumento del sitio: aquí se ve cómo el mundo griego y el mundo iranio se mezclaron en un mismo edificio.

Los ritones de marfil de Nisa son de las piezas partas más importantes que existen, y no están en Londres ni en París: están a veinte minutos del yacimiento.

Cuerno de marfil de gran tamaño expuesto en vitrina sobre un soporte metálico, inclinado en diagonal: la boca ancha está rodeada por un friso de figuras humanas talladas en relieve, el cuerpo tiene la superficie agrietada por la edad y el extremo estrecho termina en una figura animal esculpida con alas.
Un ritón de marfil de Nisa, del siglo II a. C., en el Museo Nacional de Historia de Asjabad. El friso superior y la figura del extremo son lo que hace de estas piezas un caso único.Richard Mortel / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

03 Cómo organizar los tres días

Día uno, el Museo Nacional de Historia, en la ciudad. Ahí están los ritones, las piezas arquitectónicas de terracota y las esculturas en mármol que salieron del yacimiento. Ve al museo primero: si haces el camino inverso, en Nisa vas a mirar montículos sin saber qué buscar.

Día dos, el yacimiento, a primera hora. Dieciocho kilómetros son media hora de coche, y la luz de la mañana es la que hace legibles las plantas de los edificios: con el sol alto, los muros de adobe se aplanan y desaparecen. Lleva agua, gorro y calzado cerrado; no hay sombra en todo el recinto.

Qué esperar de este viaje, medido en lo que le importa a quien viene por el yacimiento.
Interés arqueológico Capital parta del siglo III a. C., Patrimonio Mundial desde 2007
Piezas en el museo Los ritones de marfil siguen en el país, a media hora del sitio
Masificación Prácticamente nula
Legibilidad del yacimiento Adobe erosionado; hay que ir leído
Facilidad de acceso al país Visado obligatorio y trámite lento
Oferta de la ciudad Buen museo; poco más para el visitante

Día tres, vuelve. Al yacimiento o al museo, según lo que te haya dejado con más preguntas. Es un destino que da poco a la primera visita y bastante a la segunda, y como ya has hecho el esfuerzo de llegar hasta aquí, no tiene sentido racionarlo.

Línea de muralla de adobe recorrida por un sendero en su coronación, avanzando en diagonal hacia el fondo entre lomas erosionadas del mismo material; a los lados se abren cámaras rectangulares excavadas y hierba verde brotando entre el barro.
El paseo por la coronación del muro. Las cámaras que se abren a los lados son lo poco que queda legible sin plano.Carole Raddato / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

04 Lo que hay que aceptar

Dos cosas, y las digo sin adornos. La primera: todos los extranjeros necesitan visado para entrar en Turkmenistán, y el trámite es lento y poco previsible. Empieza con meses de antelación y no compres vuelos antes de tenerlo resuelto.

La segunda: el mes manda más que en casi cualquier otro destino. De junio a agosto la máxima media en Asjabad está entre 36 y 38 grados, y el yacimiento no tiene ni un árbol. Abril, mayo, septiembre y octubre son los cuatro meses en los que este viaje funciona; el resto, no.

Dos placas rectangulares de terracota clara expuestas sobre terciopelo granate en una vitrina: la de la izquierda lleva una gran flor de pétalos anchos en relieve; la de la derecha, un motivo vegetal de tallos y volutas. Delante, una cartela impresa en tres idiomas.
Piezas arquitectónicas de terracota de la Vieja Nisa, siglo II a. C. Este relieve vegetal es lo que decoraba los edificios que hoy son montículos.Richard Mortel / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

Si encajas en el perfil, el argumento cabe en una frase: vas a tener para ti solo un Patrimonio Mundial que casi nadie visita, en el sitio exacto donde arrancó uno de los grandes imperios de la Antigüedad, y luego vas a ver sus mejores piezas a veinte minutos de allí. Muy pocos destinos ofrecen esa cadena completa.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Hecho Para Ti · Flowtravel

Sofía empareja viajeros con destinos, y dice cuándo no encajan.