Destino

El centro entero se construyó en seis años.

Casi todo el centro de Asmara se levantó entre 1935 y 1941, en un único impulso constructor y con un solo lenguaje: el racionalismo y el art déco de aquel momento. Por eso la ciudad no es una suma de épocas sino una fotografía fija, y por eso la UNESCO la inscribió en 2017 como el primer ejemplo de urbanismo moderno aplicado en un contexto africano. Está a 2.325 metros de altitud.

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La ciudad vista desde un edificio alto: en primer término, una avenida ancha bordeada de palmeras datileras y jacarandás con coches aparcados en línea y un muro bajo de piedra; detrás se extiende un tejido continuo de edificios blancos y crema de tres y cuatro plantas con balcones corridos y cubiertas planas, mezclados con naves de chapa oxidada y patios interiores; no hay ni una sola torre alta que rompa la altura media; al fondo, la ciudad termina de golpe contra unas lomas bajas cubiertas de arbolado, y sobre todo ello un cielo azul con nubes blancas de buen tiempo.
La ciudad vista desde un edificio alto: en primer término, una avenida ancha bordeada de palmeras datileras y jacarandás con coches aparcados en línea y un muro bajo de piedra; detrás se extiende un tejido continuo de edificios blancos y crema de tres y cuatro plantas con balcones corridos y cubiertas planas, mezclados con naves de chapa oxidada y patios interiores; no hay ni una sola torre alta que rompa la altura media; al fondo, la ciudad termina de golpe contra unas lomas bajas cubiertas de arbolado, y sobre todo ello un cielo azul con nubes blancas de buen tiempo.Reinhard Dietrich·CC0

01 Entre 1935 y 1941

El punto de partida fue mucho anterior. Asmara nació de la unión de cuatro aldeas y en 1897 se convirtió en la capital administrativa de la Eritrea italiana. Pero lo que la transformó llegó casi cuarenta años después, con un impulso constructor y una llegada masiva de población: el censo de 1939 registró 98.000 habitantes, de los cuales 53.000 eran italianos.

En ese periodo se levantaron el Cinema Impero, inaugurado en 1937, la estación de servicio Fiat Tagliero de 1938 —una pieza futurista construida para parecer un avión, con dos alas de hormigón en voladizo—, la cubista Africa Pension y decenas de bares, cines, viviendas y oficinas. A finales de los años treinta la ciudad ya tenía apodo: «Piccola Roma».

Una manzana larga de cuatro plantas en color ocre y arena, con el revoco muy desgastado y filas regulares de ventanas cuadradas sin ornamento, ocupa el centro del encuadre; a su derecha se une un cuerpo más bajo de fachada de ladrillo rojizo con dos rótulos verticales de letras metálicas que dicen «Cinema» e «Impero», y bajo él una hilera de toldos y escaparates; en primer plano, una avenida ancha con una gran palmera datilera a la izquierda, coches circulando y aparcados, semáforos y farolas curvas, y algunos peatones cruzando de lejos; el cielo es azul intenso con nubes blancas.
El Cinema Impero, abierto en 1937, y la manzana contigua. Todo lo que se ve en esta foto se construyó en el mismo puñado de años.Sailko / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

02 Cuatrocientas ochenta y una hectáreas

En 2017 la UNESCO inscribió el conjunto en la lista del Patrimonio Mundial con el nombre de «Asmara: una ciudad modernista de África», bajo los criterios ii y iv. La zona protegida son 481 hectáreas, con un área de amortiguamiento de otras 1.203. No se protegió un edificio ni una calle: se protegió el centro entero.

La razón que dio la UNESCO es precisamente esa: se trata de un ejemplo excepcional de urbanismo moderno temprano, de principios del siglo XX, y de su aplicación en un contexto africano. Es decir, no un edificio importado sino una ciudad completa —trazado, manzanas, alturas, usos— pensada desde cero con las ideas de ese momento.

Edificio de esquina de cuatro plantas, de color crema y esquina achaflanada, con balcones corridos de barandilla metálica en las tres plantas superiores que se van escalonando y macetas en varios de ellos; en la planta baja, un rótulo horizontal con letras en tigriña, árabe e inglés que identifica una sucursal bancaria, y a los lados escaparates y toldos; delante pasa una avenida ancha de asfalto con una camioneta verde, coches y un todoterreno, y una hilera de palmeras datileras altas se alinea a la derecha hacia el fondo; algunos peatones caminan por la acera, pequeños y de lejos, bajo un cielo azul limpio.
Un edificio de esquina en la avenida principal, con los balcones escalonados típicos del momento. La ciudad casi no ha subido de altura desde entonces.Sailko / Wikimedia Commons / CC BY 3.0  · CC BY 3.0

03 Por qué sigue en pie

La pregunta natural es por qué no se ha demolido. En casi cualquier otra capital del mundo, un centro de edificios de tres y cuatro plantas construidos en los años treinta habría desaparecido bajo torres nuevas. Aquí, sencillamente, la presión inmobiliaria y económica que provoca esa sustitución no ha llegado.

El efecto secundario es doble. Por un lado, el conjunto ha llegado íntegro hasta hoy, con sus letreros originales, sus carpinterías y sus rótulos. Por otro, muchos de esos edificios llevan décadas sin una reforma profunda: el revoco está desconchado, las persianas cansadas y las fachadas manchadas. La ciudad se conserva, pero se conserva envejeciendo.

Edificio de dos plantas pintado de amarillo ocre con la luz baja del atardecer dándole de lleno: la planta baja tiene un pórtico de seis columnas cuadradas y lisas que sostiene el piso superior, con una puerta central de madera y vidrio y una escalinata; arriba, cuatro ventanas rectangulares sin decoración bajo una cornisa recta; a la derecha, un muro y otro edificio de tono rosado, y algo más atrás se levanta un campanario alto de ladrillo con un reloj y remate apuntado; en primer plano hay una calle vacía, un coche blanco aparcado a la izquierda y arbustos, bajo un cielo azul con nubes blancas grandes.
Racionalismo doméstico en una calle secundaria. Fuera de las avenidas principales, el mismo lenguaje se repite manzana tras manzana.Sailko / Wikimedia Commons / CC BY 3.0  · CC BY 3.0

04 Cómo se visita

A pie y despacio. El centro protegido cabe en una caminata larga y no hay pendientes duras: la ciudad se asienta sobre una meseta a 2.325 metros, la sexta capital más alta del mundo y la segunda de África, pero es llana. Lo que sí conviene es tomarse el primer día con calma, porque a esa altitud el cuerpo tarda en ajustarse.

La avenida principal ordena el recorrido: cines, bares y edificios de esquina se suceden a lo largo de ella y las calles transversales van soltando piezas menores. Fuera del centro, la ciudad cambia de textura hacia barrios de casas bajas con cubierta de chapa, y ahí es donde se ve la otra Asmara, la que no aparece en las fotos del expediente de la UNESCO.

Y conviene ajustar una expectativa. Asmara es una capital de algo más de un millón de habitantes, tranquila y de escala baja, sin infraestructura turística montada y con muy pocos visitantes. No viene uno aquí por una lista de visitas obligadas, sino por algo más raro: caminar por una ciudad que se quedó quieta en 1941 y que sigue habitada como si nada.

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MR

María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca en cada ciudad la decisión que explica su forma.

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