01 Una bicicleta de correos, en 1898

El origen es tan prosaico como concreto. Las primeras bicicletas llegaron al territorio en 1898 y se usaron para el reparto de correo en Massaua, el puerto del mar Rojo. De ahí subieron a la meseta. En 1936 se constituyó la federación y en 1937 se corrió la primera carrera organizada, con clubes que empezaban a formarse en la propia Asmara.

Aquellas primeras carreras estaban reservadas a los corredores italianos. Los eritreos no fueron admitidos a competir hasta 1939, y en cuanto pudieron hacerlo la victoria se la llevó uno de ellos: Ghebremariam Ghebru. Es la clase de dato que se recuerda dentro del país mucho más que fuera.

Portada de un mercado construida en mampostería de piedra oscura con recercados de ladrillo rojo: un gran arco central con verja metálica da paso al recinto, flanqueado por dos arcos ciegos más pequeños, y sobre el conjunto se levanta una espadaña de ladrillo con dos huecos y una barandilla; en el friso, un rótulo con letras en tigriña; a los lados se prolongan naves bajas de la misma piedra con ventanas de madera; delante, en la calle sin asfaltar, hay ocho o diez bicicletas de carga con remolque de plataforma y ruedas de radios, algunas cargadas y otras vacías, y una decena de personas de pie o pedaleando, vistas a media distancia; el cielo es azul intenso.
Bicicletas de carga esperando a la puerta del mercado de chatarra. Antes de ser un deporte, aquí la bicicleta es una herramienta de trabajo.Mheidegger / Wikimedia Commons / CC BY 4.0·CC BY 4.0

02 Del club local al Tour de Francia

Lo que empezó en un circuito urbano ha terminado en las carreteras europeas. En 2015 Daniel Teklehaimanot se convirtió en el primer eritreo en tomar la salida del Tour de Francia, y ese mismo año fue el primer ciclista africano en vestir el maillot de la montaña de la carrera, después de haber ganado esa clasificación en el Critérium du Dauphiné.

Una capital de un millón de habitantes, en uno de los países menos visitados del mundo, que ha puesto a sus corredores en el podio del ciclismo internacional. El punto de partida es esta calle en cuesta.

La confirmación llegó después con Biniam Girmay: primer ciclista negro africano en subir a un podio del Mundial de ruta, en 2021, y ganador del maillot verde del Tour de Francia en 2024. Eritrea está hoy considerada una de las principales naciones ciclistas del continente, y no por casualidad ni por un caso aislado.

Antigua estación de servicio de hormigón claro con forma de avión: un cuerpo central vertical rematado por un frontón curvo con las letras «FIAT» en rojo y dos mástiles, debajo un volumen horizontal con el rótulo «TAGLIERO» en relieve y un mirador acristalado curvo, y a ambos lados dos enormes alas de hormigón en voladizo que se prolongan sin ningún pilar que las sostenga; en la planta baja hay ventanales y un porche donde se ven coches aparcados; delante corre una valla metálica y un descampado con hierba seca, por la calzada del primer plano cruza un ciclista de perfil y a la derecha caminan tres personas de lejos; el cielo es de un azul profundo y sin nubes.
Un ciclista cruza por delante de la estación de servicio de 1938. Aquí la bicicleta forma parte del paisaje cotidiano, no del fin de semana.Sailko / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

03 Lo que hace la altitud

La explicación que se repite, dentro y fuera, tiene dos patas. La primera es la altitud: Asmara está a 2.325 metros y la mayor parte del país se mueve por encima de los 1.800. Entrenar todos los días a esa cota produce las adaptaciones fisiológicas que en Europa se buscan con concentraciones de tres semanas en la montaña.

La segunda es el terreno. La carretera que baja de Asmara a Massaua salva más de dos mil metros de desnivel en un rosario de curvas cerradas, y es el campo de entrenamiento natural de varias generaciones de corredores: subida larga y sostenida en un sentido, descenso técnico en el otro. No hay que fabricar nada, ya está ahí.

Para el visitante hay un corolario práctico y poco romántico: esa misma altitud te afecta a ti. A 2.325 metros el primer día se nota al subir unas escaleras, y si piensas alquilar una bicicleta conviene dedicar las primeras jornadas a rodar suave. Lo que a los de aquí les da ventaja, a ti te la quita durante una semana.

Avenida ancha del centro con la calzada vacía en primer plano y una hilera de palmeras datileras de tronco grueso y anillado plantadas en la acera derecha; detrás de ellas, un edificio de cuatro plantas en amarillo pálido con balcones de barandilla metálica y, en la planta baja, comercios con rótulos de un café y de una agencia de viajes; a la izquierda, otro bloque más bajo con toldos, un semáforo, una furgoneta blanca y dos taxis amarillos, y junto al bordillo una fila de bicicletas aparcadas; en el margen derecho hay una marquesina de autobús de cubierta verde y azul con media docena de personas sentadas, vistas de lejos; el cielo es de un azul intenso y sin nubes.
La avenida principal en un día cualquiera, con las bicicletas aparcadas junto al bordillo. Los domingos de carrera esta misma calzada se cierra y las aceras se llenan.Sailko / Wikimedia Commons / CC BY 3.0·CC BY 3.0

04 Cómo se ve

Lo primero: no hace falta buscarlo. Si coincides con un domingo de carrera te vas a enterar, porque el circuito pasa por el centro y el público se coloca en las aceras de las mismas avenidas por las que llevas caminando toda la semana. Se ve gratis y de pie, como una clásica europea, pero sin vallas y sin entradas.

Lo segundo: mira también los días laborables. La bicicleta aquí no vive solo del deporte. En el mercado de chatarra, en los repartos y en los desplazamientos diarios, la bicicleta con remolque es un vehículo de trabajo. Esa base cotidiana es la que sostiene lo otro, y es la parte que no aparece en las crónicas deportivas.

Y lo tercero: usa el dato para leer la ciudad de otra manera. Asmara se recorre a pie sin esfuerzo porque es llana y compacta, pero está en lo alto de una meseta, y todo lo que la rodea baja. Esa geometría —una ciudad plana sobre un borde— explica a la vez su urbanismo, su clima y por qué sus corredores suben tan bien.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saber · Flowtravel

Lucía persigue el dato que cambia cómo miras un sitio.