Bahía es más grande que Francia y el 68 % de su territorio es semiárido
La imagen que casi todo el mundo tiene de Bahía —cocoteros, agua templada, bosque húmedo— corresponde a una franja estrecha de sus 565.733 kilómetros cuadrados. Detrás hay una meseta de arenisca por encima de los 500 metros y, después, un interior donde la lluvia baja hasta los 363 milímetros al año.

Todo el mundo tiene una imagen mental de Bahía, y esa imagen es agua: mar templado, cocoteros, humedad, verde. Es una imagen correcta y es una imagen minoritaria. Corresponde a la orilla, y la orilla es la parte estrecha de un estado enorme.
El estado ocupa 565.733 kilómetros cuadrados. Para hacerse una idea: Francia tiene 551.695. Bahía es más grande que Francia, y lo que hay tierra adentro no se parece en nada a la postal.
01 La franja y el resto
La cifra que ordena todo lo demás es esta: el 68 % del territorio de Bahía está dentro de la zona semiárida. Dos tercios largos del estado son tierra seca, y la lluvia anual recorre una horquilla enorme, de 363 a 2.000 milímetros según dónde se mida.

Al mismo tiempo, Bahía tiene la costa más larga del país: 1.103 kilómetros, repartidos en 143 al norte, 124 dentro de la bahía de Todos los Santos y 418 al sur. Esa costa es real y es larga, pero es una línea, no una superficie.
El estado se reparte en 417 municipios y algo más de catorce millones de habitantes, con una densidad de unas veintiséis personas por kilómetro cuadrado. La densidad baja según uno se aleja del mar, y baja por la misma razón por la que cambia la vegetación: el agua.
02 Tres Bahías puestas en fila
La manera útil de mirar el mapa no es como un bloque, sino como tres franjas paralelas al mar, cada una con su clima, su vegetación y su historia económica. De este a oeste: el litoral y el Recôncavo, la Chapada Diamantina y el sertão.
La primera es húmeda y arbolada. La segunda es una meseta de arenisca que se levanta en el centro del estado y hace de divisoria. La tercera es tierra seca de matorral espinoso, y es la más extensa de las tres con diferencia.
No son etiquetas turísticas: son tres economías distintas. La costa vivió del azúcar y después del cacao, la chapada vivió del diamante y el interior vive del ganado y de lo que la lluvia permita. Quien no distingue las tres está viajando por un estado que no existe.
03 El litoral: agua todo el año
En Salvador caen 1.833,3 milímetros de lluvia al año repartidos en unos 150 días con precipitación. Es un clima de bosque tropical: la humedad media ronda el 81 % y las máximas medias se mueven entre 26,6 y 31,1 grados durante los doce meses.

Esa humedad explica la vegetación. La franja costera pertenece al dominio de la mata atlántica, y en el sur del estado, en torno a Ilhéus, es donde el cacao encontró las condiciones que necesitaba: sombra, calor constante y agua durante todo el año.

Y explica también dónde se concentró la gente. El Recôncavo, la comarca que rodea la bahía de Todos los Santos, es la parte más antigua y más densamente poblada del estado. La ciudad se asentó donde el barco podía entrar y la tierra daba dos cosechas.
04 La chapada: el escalón de en medio
Ochenta o cien kilómetros tierra adentro el terreno se levanta. La Chapada Diamantina ocupa unos 38.000 kilómetros cuadrados repartidos en 58 municipios, con casi toda su superficie por encima de los 500 metros, y forma parte de la cordillera del Espinhaço.
Es arenisca erosionada: mesetas de cima plana, paredes verticales y valles encajados entre ellas. La sierra del Sincorá se extiende ciento sesenta kilómetros de norte a sur, y el punto más alto del estado, el Pico do Barbado, alcanza los 2.036 metros.
La historia de esta franja cabe en dos fechas. En 1845 empezó el poblamiento tras encontrarse diamantes; a mediados del siglo XIX Lençóis llegó a ser el mayor productor mundial y llegó a tener viceconsulado francés. En 1871 la ciudad entró en crisis, porque los hallazgos sudafricanos habían hundido el precio.
Lo que quedó fue el paisaje. El parque nacional se creó el 17 de septiembre de 1985 y protege 152.142 hectáreas repartidas entre cinco municipios. Dentro conviven caatinga entre los 500 y los 900 metros, vegetación de mata atlántica siguiendo los cursos de agua y campos rupestres en lo alto.
05 El sertão: donde el agua es la noticia
Pasada la chapada empieza la Bahía que no sale en las fotos y que ocupa la mayor parte del mapa. La vegetación es caatinga: matorral espinoso y caducifolio que pierde la hoja en la estación seca y vuelve a brotar cuando llueve, a veces en cuestión de días.

En ese contexto, el río São Francisco no es un accidente geográfico más: es el eje. Nace en Minas Gerais, atraviesa el estado y desemboca en el Atlántico entre Sergipe y Alagoas, y es el único curso de agua permanente que cruza la parte seca de lado a lado.
Más al oeste, ya en el extremo del estado, la vegetación vuelve a cambiar y aparece el cerrado, la sabana del interior brasileño. Es decir: en un solo estado hay bosque húmedo, meseta rocosa, matorral semiárido y sabana, en ese orden y de este a oeste.
06 Cómo se viaja por un estado así
La primera consecuencia práctica es la distancia. De Salvador a Lençóis, la puerta de la chapada, hay 410 kilómetros, y Lençóis está apenas en la franja central: al oeste todavía queda la mitad del estado. Bahía no se recorre entera en un viaje, igual que no se recorre Francia entera en un viaje.
La segunda es que las tres franjas piden calendarios distintos y ropa distinta. La costa está por encima de los 26 grados de máxima media los doce meses del año; la chapada tiene noches frescas; el interior seco es otro asunto todavía.
Y la tercera es la más útil: conviene elegir una Bahía y quedarse en ella. Quien va al litoral encuentra el estado que esperaba. Quien sube a la chapada encuentra uno que no esperaba en absoluto, con mesetas de arenisca, pueblos de piedra y un pasado de fiebre del diamante. Los dos son igual de bahianos. Solo que uno cabe en la postal y el otro no.



