Creta no es una isla con montañas: es una cordillera con costas
Doscientos sesenta kilómetros de largo, doce de ancho en el punto más estrecho y dos cimas por encima de los 2.450 metros. En Creta la dimensión que manda no es el mapa, es la altura: explica dónde están los pueblos sin carretera, por qué las llanuras quedan arriba y por qué el sur y el norte son dos sitios distintos.
La primera vez que alguien mira un mapa de Creta ve una isla alargada y estrecha, y da por hecho que es un sitio pequeño que se recorre en un par de días. Los números del ancho lo confirman: doce kilómetros de mar a mar en el istmo de Ierapetra, sesenta en el tramo más grueso. En coche eso parece nada.
Luego se intenta cruzar y el reloj no cuadra. La razón es que el mapa solo enseña dos de las tres dimensiones del lugar. En esos sesenta kilómetros hay dos mil cuatrocientos metros de subida y otros tantos de bajada, y la carretera tiene que negociarlos curva a curva.
01 La proporción que lo explica todo
Creta no es una isla que tenga montañas como quien tiene un accidente del terreno. Es una cordillera entera que asoma sobre el agua, y la parte que se ve es la que quedó por encima del nivel del mar. Los seis grupos montañosos se suceden de oeste a este sin apenas interrupción: Lefka Ori, Psiloritis, Dikti, Kedros, Thrypti y Asterousia.
Las dos primeras son las que marcan la escala. El Psiloritis, en el centro, alcanza los 2.456 metros y es el punto más alto de la isla; las Lefka Ori, en el oeste, se quedan a tres metros, en 2.453, pero reúnen treinta cumbres por encima de los 2.000. El Dikti, más al este, llega a 2.148.

Compara las dos cifras y la proporción salta a la vista. Del mar del norte al mar del sur, por el estrecho de Ierapetra, hay doce kilómetros. De la orilla a la cumbre de las Lefka Ori hay dos kilómetros y medio de altura. La isla es casi tan alta como ancha, y eso no es una isla: es una montaña con playa alrededor.
Todo lo demás se deduce de ahí. Dónde cae el agua, por dónde baja, dónde hay suelo llano, dónde cabe una carretera y dónde no cabe, qué se puede cultivar y en qué mes. Si se entiende esta proporción, Creta deja de ser un catálogo de sitios sueltos y se convierte en un sistema.
02 El agua baja al sur por las grietas
En una isla con esta forma, la lluvia cae en la parte alta y tiene que llegar al mar por algún sitio. Como la vertiente sur es la corta y la empinada, el agua se abre paso por ella cortando la roca en vertical. El resultado es la característica más reconocible del paisaje cretense: las gargantas.
La más conocida es la de Samaria, que empieza en Xyloskalo, a 1.250 metros, y termina dieciséis kilómetros más abajo en la orilla del mar de Libia. En su tramo más angosto, el que llaman las Puertas, las paredes suben casi trescientos metros y el paso se reduce a cuatro metros de anchura. Desde 1962 es parque nacional.
Samaria es la más larga, pero no es un caso aislado. Imbros, Kourtaliotiko, Ha, Richtis y decenas más responden al mismo mecanismo, y por eso se concentran en la vertiente sur y en la occidental, que son las que reciben más agua y las que caen más deprisa.
Conviene retener una consecuencia práctica: una garganta es un cauce. Se camina por ella cuando no lleva agua, y no se camina por ella cuando la lleva. Eso no es una decisión administrativa, es la razón física por la que casi todas cierran en invierno.
03 Los pueblos a los que no llega la carretera
En la costa sur occidental la montaña cae directamente al agua y no deja franja llana. Donde no hay franja llana no hay carretera, y donde no hay carretera hay pueblos que siguen dependiendo del barco. Loutro y Agia Roumeli son los dos casos más claros: no tienen acceso rodado y solo se llega a ellos por mar o andando.

No es una excentricidad turística ni una decisión de conservación: es geometría. La línea de costa de Creta mide 1.046 kilómetros y en este tramo va pegada al pie de las Lefka Ori. Trazar allí una carretera obligaría a colgarla de la pared, y nunca se hizo.
Lo que existe en su lugar es una línea de barcos que une Chora Sfakion, Loutro, Agia Roumeli, Sougia y Paleochora. Ese barco no es una excursión: es la carretera. Lleva gente, mercancías y, como se ve en la fotografía, hasta el camión de la basura.
04 Las llanuras están arriba
El otro efecto de esta orografía es contraintuitivo. En la mayoría de los sitios el terreno llano está abajo y las montañas alrededor. En Creta hay llanuras notables, pero varias de las mejores están encajadas entre cumbres, a cientos de metros de altura: son las mesetas cerradas de Lasithi, Omalos y Nida.

Una meseta cerrada funciona como una cuenca sin salida: el agua entra, la tierra fina se deposita en el fondo y se forma un suelo agrícola bueno donde uno esperaría roca. Por eso son fértiles y por eso están pobladas, aunque estén a una altura en la que en invierno nieva.
Para quien viaja, esto cambia la manera de planificar. Subir a Lasithi o a Omalos no es hacer una excursión de montaña en el sentido habitual: es llegar a un sitio llano, agrícola y habitado que resulta estar a mil doscientos metros. El paisaje y la temperatura no se parecen en nada a los de la costa que se dejó atrás una hora antes.
05 Dos climas separados por una pared
La cordillera hace además de barrera meteorológica, y las cifras lo dejan claro. Chania, en el noroeste, recibe 614,7 milímetros de lluvia al año. Heraclión, en el centro-norte, se queda en 433,2. Ierapetra, en el sureste, en 474,5. El agua se reparte de oeste a este, no de norte a sur.
Lo que sí cambia entre las dos vertientes es el sol y el invierno. Ierapetra, la única población de tamaño en la costa sur, registra más de 3.100 horas de sol al año, una media anual de 19,9 grados y una media invernal de 12,9. Chania, en la otra orilla, no llega a 2.814 horas de sol.
Esa diferencia tiene una traducción económica muy visible. En torno a Ierapetra hay unos quince kilómetros cuadrados de invernaderos de plástico, y la comarca vive del cultivo de invierno: allí la temporada agrícola no se detiene cuando en el resto del país se detiene.
Y arriba pasa lo contrario. En las cumbres nieva con regularidad entre noviembre y abril, aunque en la costa la nieve sea rara. Es decir: en el mismo día y a media hora de coche puede haber invernaderos produciendo tomates y nieve acumulada. Esa es la amplitud real del lugar.
06 Una isla dentro de la isla
Hay un último efecto, y es el que más dice sobre cuánto tiempo lleva funcionando este sistema. Creta reúne alrededor de dos mil especies de plantas, y cerca de un diez por ciento no crece de forma natural en ningún otro sitio del mundo.
La explicación es la misma de siempre. Una isla aísla a las especies del continente; una cordillera dentro de esa isla aísla además unas laderas de otras. Cada macizo, cada meseta cerrada y cada garganta funciona como un compartimento con su propia altura, su propia orientación y su propia humedad.
De ahí que se hable de islas dentro de la isla. Y de ahí también, para terminar por donde empezamos, que las distancias engañen: cruzar de una a otra no es recorrer kilómetros de mapa, es subir y bajar una pared. Conviene planificar Creta por vertientes, quedarse en una y dejar la otra para otro viaje.



