Los grandes lagos de Baviera son huellas: cada uno es el hueco que dejó una lengua de hielo
El lago de Starnberg mide 19,45 kilómetros de norte a sur y solo entre 3 y 5 de este a oeste, con 127,8 metros de profundidad. Esa forma alargada y honda no es casual: es el molde de un glaciar. Los grandes lagos del sur de Baviera son todos cuencas de lengua glaciar, y el paisaje que los rodea es el escombro que dejaron al retirarse.
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Mira el mapa del sur de Baviera y verás una hilera de lagos grandes colocados justo al norte de los Alpes: Chiemsee, Starnberger See, Ammersee, Tegernsee, Walchensee. No están repartidos al azar y no son iguales que los lagos de otras partes de Europa. Tienen una forma muy concreta: largos, estrechos, orientados de sur a norte y sorprendentemente hondos.
Esa forma es una firma. Los excavó el hielo, uno a uno, y cada lago corresponde a la lengua de un glaciar que bajó de los Alpes y se detuvo exactamente ahí.
01 Una forma que no engaña
El caso más claro es el lago de Starnberg. Mide 19,45 kilómetros de norte a sur y entre 3 y 5 de este a oeste. Es decir, es entre cuatro y seis veces más largo que ancho. Y en el centro alcanza los 127,8 metros de profundidad, una cifra enorme para un lago que está a 596 metros de altitud en una llanura.

Un lago excavado por un río tendría otra planta: ramificada, sinuosa, poco profunda y con orillas tendidas. Un lago tectónico sería más irregular. Esta geometría —una cuchilla larga y honda apuntando hacia la montaña— solo la produce una cosa: una masa de hielo que avanza por un valle empujando y raspando el fondo.
En alemán tienen una palabra para ello, Zungenbecken: cuenca de lengua. Y es literal. El lago es el molde que dejó la punta de un glaciar.
02 Cómo se excava un lago con hielo
Durante las glaciaciones, los glaciares alpinos no se quedaban en la montaña. Bajaban por los valles y salían al llano del norte, donde el hielo se abría en abanico formando lóbulos, uno por cada valle de salida. Cada lóbulo era una lengua, y cada lengua trabajaba su propio hueco.
El mecanismo es de fricción y de peso. Una lengua de hielo de cientos de metros de espesor arrastra por su base bloques de roca que actúan como una lija gigantesca, y va rebajando el fondo mucho por debajo del nivel del terreno de alrededor. Cuando el clima se templó y el hielo se retiró, esos huecos quedaron abiertos y el agua de deshielo los llenó.
Por eso la profundidad es tan desproporcionada. Los 127,8 metros del Starnberger See no son el resultado de que ahí hubiera un valle hondo: son el resultado de que ahí hubo una lengua de hielo trabajando durante milenios en el mismo punto.
03 El escombro es el paisaje
Todo lo que un glaciar excava tiene que ir a alguna parte, y ahí está la segunda mitad de la historia. El material arrancado se acumula en el borde y en el frente de la lengua formando morrenas: cordones de grava, arena y bloques mezclados sin orden.

Esas morrenas son el paisaje de postal del sur de Baviera: colinas bajas y redondeadas, prados ondulados, hondonadas con turberas y lagunas pequeñas, todo ello sin una sola roca madre a la vista. Lo que parece un relieve suave y antiguo es en realidad un vertedero glaciar de diez mil años, muy joven en términos geológicos.
Más al norte, donde salían los torrentes de deshielo, el material se depositó clasificado por tamaños formando llanuras de grava perfectamente planas. Sobre una de ellas está construida la capital del estado. La razón de que Múnich sea llana y su subsuelo sea de canto rodado es la misma que la de que Starnberg sea hondo.
04 Los lagos se están rellenando
Hay un dato que sorprende y que se ve desde cualquier avión que despegue de Múnich. Estos lagos no son estables: se están rellenando. El Chiemsee cubría originalmente casi 240 kilómetros cuadrados cuando el hielo se retiró, hace unos 10.000 años. Hoy ronda los 80.
Es decir, ha perdido dos tercios de su superficie en diez milenios. La causa es sencilla: los ríos alpinos que desembocan en él llegan cargados de sedimento fino y lo van depositando en el fondo y en las orillas. Cada temporada de deshielo aporta una capa más.
Ese proceso explica los grandes deltas de gravilla y los cañaverales que ocupan el extremo sur de casi todos estos lagos. No son marismas de siempre: son el frente por el que el lago está retrocediendo. Visto en escala geológica, lo que hoy es un lago será dentro de unos milenios una llanura pantanosa y luego un prado.
05 Cuatro pisos de norte a sur
Con eso en la cabeza, el mapa del estado se ordena en franjas. Al sur, una banda estrecha de Alpes calizos que culmina en los 2.962 metros del Zugspitze. Justo al norte, el Antealpes: el país de morrenas, lagos y llanuras de grava del que venimos hablando, que es donde vive casi todo el mundo.

Cruzando el estado de oeste a este va el Danubio, que hace de bisagra y recoge todo lo que baja de los Alpes. Y al norte del río empieza otra Baviera completamente distinta: mesetas de caliza, macizos viejos de granito y bosques extensos, con un relieve que el hielo alpino nunca alcanzó.

06 Lo que esto cambia para quien viaja
La primera consecuencia es práctica: los lagos son fríos y hondos. Con más de cien metros de fondo y alimentación alpina, el agua tarda muchísimo en calentarse y no llega a estar templada hasta bien entrado agosto. Bañarse en junio en uno de estos lagos es una decisión, no un plan.
La segunda es que el sur del estado se recorre mejor en horizontal que en vertical. Los lagos, las morrenas y los pueblos se alinean en una franja paralela a los Alpes, así que moverse de este a oeste es fácil y llano. Meterse hacia el sur significa entrar en la montaña de golpe, sin transición.
Y la tercera es de mirada. Ese paisaje ondulado de prados y arboledas que todo el mundo fotografía no es campo antiguo: es material de derribo depositado hace diez mil años y todavía en movimiento. Sabiéndolo, un cañaveral al fondo de un lago deja de ser un rincón bonito y pasa a ser la prueba de que el paisaje sigue cambiando de forma.

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