Destino

Esta ciudad solo es capital desde 1941.

Bisáu se fundó en 1687 como puesto comercial portugués, pero durante siglos no fue la ciudad principal: la sede estaba en Bolama, en una isla del archipiélago. El traslado a tierra firme llegó en 1941, y desde entonces esta ciudad de 492.004 habitantes, a nivel del mar y sobre el estuario del Geba, es la capital de un país que se independizó en 1974.

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La ciudad vista por encima de las copas de los árboles en un día encapotado: los dos tercios inferiores del encuadre los ocupa una masa continua de arbolado de un verde intenso, con mangos, palmeras y trepadoras que tapan por completo el suelo; entre las copas y hacia el fondo asoman los tejados de teja anaranjada y de chapa de un barrio de casas bajas, alguna fachada pintada de verde y de amarillo, un depósito elevado y una antena; sobre todo ello, una franja de cielo blanco y uniforme, sin sol, con un hilo de humo levantándose entre las casas.
La ciudad vista por encima de las copas de los árboles en un día encapotado: los dos tercios inferiores del encuadre los ocupa una masa continua de arbolado de un verde intenso, con mangos, palmeras y trepadoras que tapan por completo el suelo; entre las copas y hacia el fondo asoman los tejados de teja anaranjada y de chapa de un barrio de casas bajas, alguna fachada pintada de verde y de amarillo, un depósito elevado y una antena; sobre todo ello, una franja de cielo blanco y uniforme, sin sol, con un hilo de humo levantándose entre las casas.Bnhamadjo·CC BY-SA 3.0

01 Doscientos cincuenta años sin ser capital

Ese detalle cambia cómo se lee la ciudad. Lo que uno espera de una capital —el conjunto administrativo, las avenidas de representación, la acumulación de instituciones de varios siglos— aquí no existe, porque durante casi toda su historia Bisáu fue otra cosa: un puerto de comercio sobre un estuario, no un centro de gobierno.

Y explica también la otra rareza del país: que la capital anterior siga en pie, en una isla, con su trazado y sus edificios administrativos construidos para una función que perdió hace más de ochenta años. Guinea-Bisáu tiene dos capitales, una en uso y otra detenida, y las separan unas horas de barco.

Avenida de doble calzada vista desde el arcén, con la calzada casi vacía: por el carril de la izquierda circula un taxi azul y blanco de aspecto antiguo y, más allá, tres o cuatro coches pequeños; a la izquierda, una fila de farolas blancas y esbeltas coronadas por placas solares se pierde en perspectiva junto a la mediana; a la derecha, un quitamiedos metálico separa el asfalto de un terraplén de tierra rojiza con hierba; al fondo, más allá de una franja de vegetación baja, se distingue una línea larga de casas de una planta con tejados claros; el cielo, que ocupa dos tercios del encuadre, está lleno de cúmulos blancos apilados sobre un azul intenso.
Una de las avenidas de acceso a la ciudad, con farolas solares. Bisáu es una capital reciente y su infraestructura también lo es.Laércia Valeriana Insali / Wikimedia Commons / CC0  · CC0

02 Una ciudad a cero metros

El emplazamiento es de los más bajos que se pueden encontrar en una capital: cero metros sobre el nivel del mar. La ciudad se extiende sobre la orilla del estuario del Geba, a poca distancia del Atlántico, en un terreno llano donde el agua dulce y la salada se mezclan y la marea entra y sale varias veces al día.

Esa cota cero se nota en el paisaje urbano. La ciudad es baja, muy verde y con el arbolado ganándole terreno a las construcciones: desde cualquier punto elevado lo que se ve no es un perfil de edificios sino una masa de copas con tejados asomando entre ellas. Con 492.004 habitantes según el censo de 2015, tampoco hay una densidad que obligue a construir en altura.

Imagen de satélite en color del estuario y el archipiélago: en la mitad derecha, la tierra firme aparece como una masa verde intenso recorrida por una red densa de canales de manglar negros que se ramifican como venas; por el centro, un río muy ancho entra desde el borde derecho y se abre hacia el mar en franjas de agua clara cargada de sedimento; en la mitad izquierda e inferior, una veintena de islas verdes de contorno irregular flotan sobre un azul profundo, separadas por canales y rodeadas de bancos de arena de un gris muy pálido que se ven a través del agua.
El estuario del Geba y el archipiélago desde el satélite. La ciudad está en la orilla del río; la capital anterior, en una de esas islas.Pierre Markuse / Wikimedia Commons / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

03 El estuario y las islas

Lo que de verdad organiza este país no es la ciudad sino el agua. La costa está deshecha en estuarios, canales y manglares, y frente a ella se extiende el archipiélago de los Bijagós, ochenta y ocho islas de contorno irregular separadas por brazos de mar poco profundos.

Bisáu funciona como el nudo de esa red: es el puerto principal y el punto desde el que se sale hacia las islas. Y esa posición es exactamente la razón por la que en 1941 se le pasó la capitalidad. Bolama estaba en el archipiélago; Bisáu estaba en el continente, con puerto y con conexión terrestre hacia el interior.

Panorámica muy alargada de una isla baja vista desde el agua: en primer plano, la mitad inferior del encuadre la ocupa un mar de color gris verdoso, liso y sin apenas oleaje; en el centro se extiende de lado a lado la orilla de la isla, con una franja estrecha de arena clara y algunos bloques de roca oscura al borde del agua; sobre ella crece una masa continua y muy densa de palmeras y arbolado tropical de copas redondeadas, todo del mismo verde oscuro, sin una sola construcción visible; el cielo, arriba, es una franja blanca y uniforme, sin nubes definidas.
Una isla del archipiélago vista desde otra. La capital anterior del país, Bolama, está en este mismo grupo de islas.Mooonswimmer / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

04 Cómo se visita

En un par de días, sin forzarlo. El casco antiguo portugués, la zona del puerto y el mercado central se recorren con calma en una mañana larga; el resto de la ciudad es residencial y muy extendida. No hay un conjunto monumental que justifique más tiempo, y conviene saberlo antes de reservar.

Lo segundo es contar con el estado de la ciudad. Bisáu es una capital pobre, con infraestructura escasa y prácticamente sin oferta turística organizada. Guinea-Bisáu recibe muy pocos viajeros y eso se nota en cada gestión: casi todo se resuelve preguntando, en portugués o en criollo.

Y lo tercero es entenderla por lo que es: el punto de partida. Desde aquí salen los barcos hacia el archipiélago, que es donde está lo que trae a la mayoría de los que llegan al país. La ciudad no es el destino; es el sitio donde empieza el viaje, y su historia de capital tardía explica por qué se parece tan poco a una capital.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca en cada ciudad la decisión que explica su forma.

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