Destino

Colorado: el estado se dibujó con regla y casi todo el mundo vive en una sola línea

Las fronteras de Colorado son dos paralelos y dos meridianos fijados en 1861 por gente que no había pisado el territorio. Dentro caben las Grandes Llanuras, la cordillera más alta del país y una vertiente de cañones que mira hacia Utah. Pero casi nueve de cada diez habitantes viven en una franja de trescientos kilómetros al pie de la montaña, y desde ahí se orientan, se mueven y miran. Para entender el estado hay que entender esa costura.

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Los Flatirons de Boulder al amanecer en febrero, con nieve: losas de arenisca inclinadas por el mismo empuje que levantó la cordillera, vistas desde el lado de la llanura. Es la costura del estado, el lugar donde el llano termina sin aviso.
Los Flatirons de Boulder al amanecer en febrero, con nieve: losas de arenisca inclinadas por el mismo empuje que levantó la cordillera, vistas desde el lado de la llanura. Es la costura del estado, el lugar donde el llano termina sin aviso.

01 Un rectángulo dibujado en Washington

El 28 de febrero de 1861 el Congreso de Estados Unidos creó el Territorio de Colorado con un texto que no nombra ni un río ni una montaña: dos paralelos, el 37 y el 41 norte, y dos meridianos contados desde Washington, equivalentes a los 102 y 109 oeste de Greenwich. Las fronteras no han cambiado desde entonces. Se tomó tierra de cuatro territorios vecinos (Kansas, Nebraska, Utah y Nuevo México) y se dejó fuera cualquier accidente del terreno: la divisoria continental cruza el estado por el centro, el río Colorado sale por el oeste y las Grandes Llanuras entran por el este sin que la línea se inmute.

Esa abstracción tiene un epílogo que a la gente de aquí le gusta contar. Los topógrafos que convirtieron el papel en mojones, a partir de 1879, trabajaban con brújulas magnéticas y cadenas metálicas sobre un terreno que no perdonaba, y la línea se desvió en cientos de puntos; según un recuento hecho sobre cartografía actual, el «rectángulo» tiene 697 lados. En el ángulo suroeste, el monumento de Four Corners, el único punto del país en el que se tocan cuatro estados, está a unos 550 metros del lugar que marcaba la ley, y los tribunales decidieron que la frontera es donde está el mojón, no donde decía el texto. Es un detalle menor, pero dice algo del lugar: Colorado empezó como una idea trazada desde lejos y después tuvo que ajustarse al suelo.

Disco de bronce de un marcador topográfico incrustado en granito rojizo, con una cruz en el centro y los nombres Utah, Colorado, Arizona y New Mexico en los cuatro cuadrantes.
El marcador del Bureau of Land Management en el centro del monumento de Four Corners, el único punto de Estados Unidos en el que se tocan cuatro estados. Las dos líneas del disco son el paralelo 37 y el meridiano 109: las fronteras de Colorado son esto, dos rectas.Christian David / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

02 Las tres Colorados que caben dentro

Si entras desde Kansas por la interestatal 70, Colorado no se parece a Colorado durante casi tres horas. Las dos quintas partes orientales del estado son Grandes Llanuras: trigo, pastizal, silos, pueblos de una calle con el nombre escrito en la torre del agua. El punto más bajo del estado está aquí, donde el río Arikaree sale hacia Kansas a 1.011 metros, y aun así es el punto bajo más alto de cualquier estado del país, por encima de la cumbre más alta de dieciocho estados. Es decir: la parte «llana» de Colorado ya está más alta que casi todo el este de Estados Unidos.

Luego aparece una línea azul en el horizonte que no se mueve durante una hora y que de pronto se convierte en pared. Ahí empieza la segunda Colorado: la cordillera, con 58 cumbres de más de 4.267 metros y una altitud media del estado en torno a los 2.070 metros, la más alta del país. Y al otro lado de la divisoria continental está la tercera: la vertiente occidental, mesetas, cañones de arenisca roja y valles de regadío donde crecen melocotones y vides, con un clima que se parece más al de la Gran Cuenca de Utah que al de Denver. Grand Junction, su ciudad principal, tiene unos 72.000 habitantes y está a unos 390 kilómetros y cuatro horas de la capital por una autopista que la nieve o un desprendimiento en el cañón de Glenwood cierran de vez en cuando.

Las proporciones de población cuentan la historia de verdad. Las llanuras ocupan en torno al 40 por ciento del territorio y tienen alrededor del 2 por ciento de la gente; en 1920 tenían el 17 por ciento. La vertiente occidental ronda el 11 o 12 por ciento. Todo lo demás, entre el 84 y el 85 por ciento de casi seis millones de habitantes, vive en una franja de unos 300 kilómetros de largo y pocas decenas de ancho pegada al pie de la montaña, de Fort Collins a Pueblo pasando por Boulder, Denver y Colorado Springs. El rectángulo tiene tres paisajes; la gente vive en el borde entre dos de ellos.

Pradera de hierba corta que se extiende hasta un horizonte completamente plano, bajo un cielo de nubes de tormenta oscuras con cortinas de lluvia a lo lejos; a la izquierda, una pequeña elevación de tierra rojiza. No hay personas ni edificios.
Pradera nacional Pawnee, en el noreste del estado, con una tormenta de primavera sobre el horizonte. Dos quintas partes de Colorado son esto: Grandes Llanuras a más de mil metros de altitud, con alrededor del 2 por ciento de la población.MichaelKirsh / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

03 La costura: donde el llano choca con la montaña

Lo que hace rara a esa franja es que no es una transición. En muchas cordilleras el llano sube poco a poco: colinas, después montes, después montaña. En el Front Range de Colorado casi no hay escalones: la llanura llega a unos 1.600 metros y la cordillera se levanta de golpe hasta más de 4.000 en unos treinta kilómetros. El primer obstáculo es una cresta estrecha de arenisca inclinada, el Dakota Hogback, que corre de norte a sur como un lomo y que las carreteras cruzan por los pocos tajos que abrieron los arroyos. En Boulder la misma geología aflora en los Flatirons, losas de piedra rojiza apoyadas contra la montaña, a poco más de dos kilómetros del centro.

Denver se fundó en 1858 justo en esa costura, donde el arroyo Cherry Creek entra en el South Platte, y su apodo antiguo lo dice sin rodeos: «Queen City of the Plains», la reina de las llanuras. No es una ciudad de montaña, aunque el visitante llegue esperándola: es una ciudad de llanura que mira a la montaña. Lo mismo pasa con Colorado Springs, con Fort Collins, con Pueblo. Todas están en el lado plano de la línea, a la altura exacta en la que todavía se puede trazar una cuadrícula y, al mismo tiempo, tener la sierra al fondo de cada calle que va hacia el oeste.

Vista desde una ladera de hierba hacia un valle con losas de arenisca roja inclinadas en primer término, una cresta alargada a la izquierda y, al fondo, la llanura que se pierde en la bruma. Sin personas reconocibles; solo coches diminutos en un aparcamiento lejano.
Red Rocks y el Dakota Hogback, al oeste de Denver. Las losas rojas están inclinadas por el mismo empuje que levantó la cordillera; al fondo, la llanura. Toda la vida del estado se concentra en esta línea de contacto.James St. John / Wikimedia Commons / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

04 La brújula es la montaña

Vivir en esa costura produce un hábito que llama la atención a quien llega de fuera: aquí casi nadie usa los puntos cardinales; usa la montaña. «Hacia la montaña» es el oeste; «lejos de la montaña», el este; y con eso se dan direcciones, se aparca y se elige el lado de la carretera. En las listas de bromas sobre cómo reconocer a alguien de Colorado aparece siempre la misma: tiene un sentido de la orientación que solo funciona en dos direcciones, hacia las montañas y alejándose de ellas, y se pierde en cualquier ciudad donde la sierra no esté donde debe.

Ese reflejo tiene consecuencias tranquilas. En la franja del Front Range la pared del oeste se ve desde casi cualquier sitio, cambia de color con la hora y conserva nieve buena parte del año, así que funciona como reloj y como previsión del tiempo: la gente del lugar mira hacia allí antes de decidir qué hace por la tarde. Quien vive en la vertiente occidental, en cambio, lo dice con cierta resignación: allí hay montañas en varias direcciones y el truco no sirve. Es otra forma de decir que la costura es el centro del estado y lo demás, los lados.

05 El este que se vacía

Las llanuras son la parte de Colorado que menos aparece en las postales y la que más explica su forma de vivir. Muchos condados del este alcanzaron su máximo de población en 1920 o 1930 y llevan desde entonces perdiendo gente: el conjunto de las llanuras perdió casi 14.000 habitantes entre 1920 y 1940 y siguió bajando, más despacio, hasta final de siglo. El condado de Baca, en la esquina sureste, tenía 10.570 habitantes en 1930; las tormentas de polvo de esa década se llevaron a más de cuatro mil, y en 2020 quedaban 3.506. Parte de la tierra abandonada la compró el gobierno federal y hoy es la pradera nacional Comanche, donde las roderas de los carros del siglo XIX todavía se distinguen en la hierba.

Esto explica un contraste que se siente al viajar: a dos horas de la zona más densa del estado hay un territorio del tamaño de un país europeo con poco más de un habitante por kilómetro cuadrado, donde el silencio no es paisaje sino consecuencia. Y explica, al revés, por qué la franja del pie de monte creció tanto: la gente de las llanuras, en gran medida, no se fue a otro estado; se fue al borde. Entre 2023 y 2024 el 92 por ciento del crecimiento de población de Colorado ocurrió en los condados del Front Range. El rectángulo se vacía por un lado y se llena por una línea.

06 El otro lado de la divisoria

Cruzar al oeste es cambiar de país sin cambiar de estado. Pasado el túnel Eisenhower, a unos 3.400 metros, la interestatal baja por el valle del río Colorado hasta un paisaje de arenisca roja, cañones y mesetas: el monumento nacional de Colorado, el Grand Mesa, los Book Cliffs. El valle de Grand Junction está a unos 1.400 metros, y en Palisade, en su extremo oriental, el aire que baja por el cañón de De Beque mantiene las noches lo bastante templadas como para que crezcan melocotones a esa altitud, con una temporada de cultivo que ronda los 180 días. Los canales de riego a partir de 1913 convirtieron en huerta un fondo de valle seco.

Vista desde lo alto de un cañón de roca rojiza, con enebros y pinos piñoneros en primer término, hacia un valle ancho y seco por el que serpentea un río; al fondo, una larga línea de acantilados grises bajo un cielo azul sin nubes. No hay personas.
El valle de Grand Junction visto desde el monumento nacional de Colorado, con los Book Cliffs cerrando el horizonte. Esto también es Colorado, pero el aire, la piedra y la escala son los de la meseta de Utah, a cuatro horas de Denver.Cerahammond / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Lo que se nota al llegar no es solo la geología sino la escala y el tono. La ciudad más grande tiene el tamaño de un distrito de Denver, los trayectos se miden en horas y no en minutos, y cuando alguien de aquí habla de «el Front Range» lo hace como de otro lugar. Hasta el nombre de la región es vago: no hay una línea oficial que diga dónde empieza la vertiente occidental; una geógrafa consultada por la radio pública del estado lo describió más como una sensación de pertenencia a una comunidad que como un límite. Vivir aquí es vivir en Colorado sin vivir en la costura, y esa diferencia pesa más que los kilómetros.

07 Un estado de recién llegados

Queda una última pieza para entender la franja. La población de Colorado no solo está concentrada; también es, en su mayoría, de fuera. Según las estimaciones del censo para 2024, unos 2,4 millones de los 5,96 millones de habitantes nacieron en el estado: el 41 por ciento. Seis de cada diez personas con las que te cruzas en una calle de Denver o de Boulder llegaron de otro sitio. Eso no es nuevo: el estado empezó así, con una fiebre del oro en 1858 y 1859 que trajo a decenas de miles de personas al pie de la montaña en un par de veranos, y Denver nació como campamento de esa llegada.

Un lugar donde la mayoría acaba de llegar y casi todos viven en el mismo borde produce una cultura reconocible: poco apego a lo antiguo, mucha conversación sobre qué se hace al aire libre el fin de semana y una relación con la montaña que es más de uso que de herencia. El rectángulo lo trazó alguien que no había estado aquí; la gente que lo habita, en su mayoría, tampoco nació aquí. Colorado es un estado al que se llega, y la montaña es lo que todos miran mientras se instalan.

08 Cómo se siente pasar unos días aquí

Los primeros días los organiza la línea del oeste. Te sorprendes buscándola al salir de cualquier sitio, usando la montaña para saber dónde estás, mirando cómo las nubes se amontonan sobre las cumbres después de comer. Aprendes que la ciudad está en el llano y la montaña a cuarenta minutos, y que ese trayecto, del asfalto a la tundra, es lo que la gente de aquí hace cada fin de semana.

Después, si sales de la franja, el estado se descompone en sus tres partes. Hacia el este, hierba, cielo y pueblos con más historia que habitantes. Hacia el oeste, pasado el túnel, otra luz y otra piedra. Entiendes que la línea recta del mapa no tiene nada que ver con lo que hay dentro, y que lo que llaman Colorado es en realidad una costura de trescientos kilómetros entre dos mundos, uno que se vacía y otro que queda lejos.

Lo que suele quedar en la memoria no es ninguna cumbre concreta. Es la pared azul vista desde el llano, siempre al mismo lado, y la sensación de que todo el mundo aquí, nacido o recién llegado, está orientado hacia ella.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María Reyes busca la lógica de cada lugar: por qué su gente vive donde vive y qué explica su forma de habitarlo.

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