En Funafuti hay cien veces más laguna que tierra.
Un anillo de unos treinta islotes con 2,4 kilómetros cuadrados de tierra encierra una laguna de 275. La franja habitable mide entre 20 y 400 metros de ancho, y en ella caben la capital de Tuvalu, su puerto, su pista y el 60 % del país.

La primera consecuencia es que aquí la geografía no se describe con alturas ni con distancias, sino con anchuras. Todo lo que importa cabe en la pregunta de cuántos metros hay del océano a la laguna.

01 Un anillo alrededor de un agujero
La laguna, Te Namo, mide alrededor de 18 kilómetros de norte a sur y 14 de este a oeste, con 275 kilómetros cuadrados de superficie: es con diferencia la mayor de Tuvalu. Su profundidad media ronda las veinte brazas y en algunos puntos pasa de los cincuenta metros.
Alrededor hay al menos veintinueve islotes, y según cómo se cuenten los bancos de arena, hasta treinta y tres. Todos juntos suman menos de tres kilómetros cuadrados. Puesto de otro modo: si la laguna fuera una plaza, la tierra sería el bordillo.
En esa tierra viven 6.602 personas, según la cifra de 2022, lo que da una densidad de 2.370 habitantes por kilómetro cuadrado y supone alrededor del 60 % de toda la población del país. Funafuti es, con mucho, el atolón más urbanizado de Tuvalu.

02 Doce kilómetros de largo, diez metros de ancho
Casi todo ocurre en un solo islote, Fongafale. Es una astilla de tierra de doce kilómetros de longitud y entre 10 y 400 metros de anchura, con el océano Pacífico y el arrecife al este y la laguna protegida al oeste. En sus puntos peores, la carretera y la isla son la misma cosa.
El extremo norte es la península de Tengako. Hacia el sur, sobre la parte más ancha, está el centro administrativo, Vaiaku, asomado al lado de la laguna. Toda la vida del país —oficinas, comercio, embarcaderos— se ordena en esa banda mirando al agua quieta, no al mar abierto.
La asimetría no es casual. El lado del océano recibe el oleaje directo y es de roca y cascajo de coral; el de la laguna es de arena y agua quieta y sirve para atracar. Una isla de dos caras, y ninguna de las dos mide gran cosa.

03 La parte más ancha es la pista
En la parte más ancha de Fongafale hay una pista de aterrizaje de 1.524 metros orientada de noreste a suroeste, a 2,7 metros sobre el nivel del mar. Ocupa más de un octavo de la longitud del islote y es, con diferencia, la mayor superficie llana y despejada del país.
Se construyó en 1943, y para hacerla se sacó el coral del propio atolón. Los huecos de esa extracción quedaron ahí: son las llamadas fosas de préstamo, y afectaron a la lente de agua dulce que hay bajo la isla.
De ahí viene una de las imágenes que mejor explican este sitio. En las zonas bajas, con cada marea alta el agua del mar se ve burbujear a través de la roca porosa de coral y formar charcos en mitad del suelo. El mar no entra por la orilla: entra por debajo.

04 El muro que dejó un ciclón
En octubre de 1972, el ciclón Bebe pasó por encima. Derribó el 90 % de las casas y de los árboles de Fongafale y contaminó o destruyó las fuentes de agua potable. La capital de un país que aún no existía como tal quedó prácticamente rasa.
Pero la marejada dejó algo detrás: un muro de cascajo de coral a lo largo del lado del océano de Fongafale y de Funafala, de unos dieciséis kilómetros de largo y de tres a seis metros de espesor en la base. Una obra de defensa costera construida por la misma tormenta que arrasó el sitio.
Seis años después, en 1978, Funafuti fue elegida capital del recién nacido Tuvalu. No por ser el mejor sitio, sino por ser el sitio con puerto, con pista y con la mitad de la gente. Es una elección que se repite en todo el Pacífico: la capital va donde ya hay infraestructura.
05 Cómo se recorre
Hay una carretera y va de punta a punta. Se recorre en moto, que es el vehículo dominante, o en coche si hace falta, y no hay ninguna ruta alternativa: para volver hay que deshacer el camino. Caminar el tramo urbano lleva una tarde.
Al resto del país se llega en barco. Dos buques, el Nivaga III y el Manu Folau, hacen las islas exteriores cada tres o cuatro semanas, y solo tres o cuatro veces al año navegan hasta Suva. Todo lo que llega y todo lo que sale pasa por el fondeadero de la laguna.
Y una imagen para llevarse: aquí la carretera va por el centro porque no hay centro. La isla es tan estrecha que caminar por ella es ir viendo alternarse, a izquierda y derecha, el mar que rompe y el mar que no.




