Destino

Guanajuato: la plata en la sierra, el trigo en el llano

Una sierra seca donde apareció la plata y una llanura que la alimentaba. Guanajuato no es una colección de ciudades bonitas sino un escalón entre dos mundos, y casi todo lo que se ve en el estado, de los túneles de la capital a las fábricas del Bajío, sigue esa línea.

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La ciudad de Guanajuato, apretada en el fondo y las laderas de una cañada, con los cerros pardos de la sierra detrás.
La ciudad de Guanajuato, apretada en el fondo y las laderas de una cañada, con los cerros pardos de la sierra detrás.August Dominus·CC BY-SA 4.0

Quien llega a Guanajuato suele llegar a una ciudad: la capital de callejones de colores, San Miguel de Allende, quizá León por trabajo. El estado, en cambio, rara vez se mira entero, y es ahí donde está lo interesante.

Visto sobre un mapa de relieve, Guanajuato no es una región homogénea. Es un escalón. Y casi todo lo que distingue al estado, desde dónde están sus ciudades hasta de qué viven, depende de a qué lado de ese escalón te encuentres.

01 Un estado de dos pisos

Guanajuato ocupa unos 30.600 kilómetros cuadrados en el centro del país y tiene alrededor de seis millones de habitantes repartidos en 46 municipios. La cifra de habitantes engaña: la mayor parte se concentra en una franja relativamente estrecha del sur y el oeste.

Esa franja es el Bajío, una llanura alta, a unos 1.700 o 1.800 metros de altitud, casi sin relieve, regada por el río Lerma y sus afluentes. Al norte y al noreste el terreno se levanta: primero las sierras del centro, con bosques de encino a pocos kilómetros de la capital, y más allá, en el extremo noreste, la Sierra Gorda.

La ciudad de Guanajuato, la que da nombre al estado, no está en el llano. Está arriba, metida en la sierra, a unos 2.000 metros. Esa elección, que parece incómoda, es la primera pista de cómo funciona el territorio.

02 La plata, encajada en una cañada

La capital no se fundó donde era cómodo vivir, sino donde estaba el mineral. Desde mediados del siglo XVI se explotó aquí una gran veta de plata, y la ciudad creció a lo largo de la cañada de un río, colgada de las laderas, sin espacio para una plaza mayor en cuadrícula como las de otras ciudades coloniales.

La UNESCO, que la declaró Patrimonio Mundial junto con sus minas en 1988, la describe como el primer centro de extracción de plata del mundo en el siglo XVIII. Minas como La Valenciana, a las afueras, vivieron entonces su gran momento, y buena parte de la arquitectura barroca y neoclásica de la ciudad se pagó con lo que salía de sus tiros.

Ruinas de muros de piedra de una antigua mina, con un frontón triangular, una chimenea alta a la derecha, magueyes y un árbol con flores moradas junto a la tapia
Restos de muros en el patio de la mina La Valenciana, a las afueras de la ciudad de Guanajuato.Mario Yaír TS / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Vivir en una cañada tenía un precio: el agua. En temporada de lluvias el río que la recorre crecía de golpe y se llevaba lo que encontraba. La inundación de finales de junio y principios de julio de 1905 dejó decenas de muertos y destruyó parte de la ciudad, y a partir de ahí se entubó el cauce y se abrieron túneles para desviar el agua.

Con el tiempo, esos cauces y túneles se convirtieron en calles. Hoy parte del tráfico de la capital circula por debajo del centro histórico, por donde antes corría el río. No es una excentricidad de diseño: es la solución que encontró una ciudad que no tenía hacia dónde crecer.

03 El llano que daba de comer

Una ciudad minera en mitad de la sierra no produce su propia comida. Necesita trigo, maíz, carne, mulas, cuero y sebo para las velas, y los necesita cerca. Ese papel lo cumplió el Bajío.

Los historiadores de la región coinciden en que el auge de las minas de Guanajuato estimuló la agricultura comercial del llano: los campos mejor trabajados eran los que abastecían a los centros mineros más ricos. A finales del siglo XVII ya se hablaba del Bajío como el granero de la colonia, y en el siglo XVIII, como el granero de la Nueva España.

Llanura agrícola totalmente plana, con un campo arado en primer plano, una hilera de árboles aislados, franjas de cultivo amarillento y cerros bajos en el horizonte bajo un cielo lechoso
Campos del Bajío cerca de Celaya: el llano sin relieve que durante siglos abasteció a la sierra minera.Slevinr / Wikimedia Commons / CC BY 3.0  · CC BY 3.0

El llano también se trabajó. En 1548, un fraile agustino mandó abrir un canal desde el río Lerma hacia una zona pantanosa en el sur del estado para regar y controlar las crecidas; de ahí nació la laguna de Yuriria, considerada una de las primeras grandes obras hidráulicas de la época colonial en el continente.

La vocación del llano sigue siendo la misma, aunque ha cambiado el producto. Guanajuato es hoy el primer productor de brócoli del país, con cerca del 70 por ciento de la producción nacional en 2020, y la mayor parte se exporta, sobre todo a Estados Unidos. Irapuato, en pleno Bajío, se presentó durante décadas como la capital de la fresa.

04 Los pueblos del camino

Entre la sierra y el llano, y entre las minas del norte y la capital del virreinato, había que mover plata y mercancías. Por eso muchos pueblos del estado no nacieron como lugares para quedarse sino como etapas de un camino.

San Miguel de Allende, en el borde oriental, creció como punto de paso en la ruta que unía las minas de Zacatecas con la Ciudad de México. Su centro histórico, inscrito en la lista de Patrimonio Mundial en 2008, es el de una villa próspera de comerciantes y hacendados, no el de un pueblo minero: calles rectas en ladera suave, casonas con patio.

Dolores Hidalgo, un poco más al norte, entra en los libros de historia porque allí comenzó en 1810 el movimiento de Independencia; en el viaje, sin embargo, lo que se percibe es otra cosa: un pueblo de alfareros, con cientos de talleres de cerámica vidriada a lo largo de sus calles, y helados artesanales de sabores inesperados, del aguacate al mole, en torno a la plaza.

La otra cara del camino son los pueblos que dependieron de la mina y se quedaron sin ella. Mineral de Pozos, en el noreste, vivió un auge minero en el siglo XIX y principios del XX; la caída de los precios de los metales en torno a 1917 y el cierre de las minas vaciaron el pueblo hacia 1920. Hoy es un lugar de ruinas de haciendas de beneficio y chimeneas en medio del pasto, con un centro pequeño que se ha ido recuperando.

Ruina de un edificio de piedra sin techo, con dos hastiales y ventanas vacías, en medio de un pastizal verde con un camino de tierra y cielo con nubes
Ruinas en Mineral de Pozos: edificios mineros abandonados en el llano alto del noreste del estado.Juan Carlos Fonseca Mata / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

05 La sierra que no sale en la postal

Al noreste, pasado San Luis de la Paz, el estado cambia de escala. La Sierra Gorda de Guanajuato es un territorio de cañones, ríos encajados, matorral seco en las laderas y bosque en las partes altas, en la transición entre la flora del norte y la del trópico.

En 2007 se declaró aquí una reserva de la biosfera de unas 236.882 hectáreas, repartidas entre los municipios de Atarjea, San Luis de la Paz, Santa Catarina, Victoria y Xichú. Es casi la octava parte de la superficie del estado, y apenas aparece en la imagen que se tiene de él.

Vista desde lo alto de una ladera seca con matorral y arbustos espinosos, por la que baja un camino de tierra en curvas cerradas con un vehículo pequeño a lo lejos
Camino de tierra en curvas hacia Xichú, en la Sierra Gorda de Guanajuato.Amante Darmanin / Wikimedia Commons / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

Llegar a Xichú o a Atarjea exige carreteras de montaña y caminos de tierra, y eso explica buena parte de su carácter: son municipios pequeños, poco poblados, más ligados a los ríos y a la ganadería de ladera que al llano. Si el Bajío es el Guanajuato que produce y la capital el que se exhibe, la Sierra Gorda es el que se queda aparte.

06 La misma costura, otra carga

La vieja línea de contacto entre la sierra y el llano sigue viva, solo que ahora lleva otra carga. Las ciudades del oeste y el sur del estado, León, Silao, Irapuato, Salamanca y Celaya, se suceden en fila a lo largo de la autopista que cruza el Bajío, y entre ellas se ha formado un corredor industrial.

León es el caso más antiguo: Guanajuato produce alrededor del 70 por ciento del calzado de México, y el grueso de esa industria está en León y sus municipios vecinos, en miles de talleres y fábricas, muchas de ellas pequeñas. Es un oficio antiguo: León se fundó en 1576 como villa ganadera, y del curtido de pieles salieron muy pronto los zapateros.

El más reciente es el automóvil. Guanajuato es el único estado del país con cinco plantas armadoras: General Motors y Hino en Silao, Mazda en Salamanca, Honda en Celaya y Toyota en Apaseo el Grande. Todas están en el llano, junto a la autopista, siguiendo casi la misma línea por donde durante siglos se movieron la plata y el trigo.

07 Cómo se recorre

La primera consecuencia práctica es que el estado se entiende subiendo y bajando, no solo avanzando. Subir desde el llano hasta la capital es cambiar de mundo en un trecho corto de carretera: de un horizonte plano a una ciudad sin horizonte, encajada entre laderas.

La segunda es que conviene mirar cada lugar preguntándose de qué lado del escalón está. Guanajuato capital es sierra y mina; Celaya, Irapuato o Salamanca son llano y campo; San Miguel y Dolores son camino; Pozos es lo que queda cuando la mina se va; la Sierra Gorda es lo que la mina y el llano dejaron aparte.

La tercera es práctica y honesta. La Sierra Gorda y el noreste exigen tiempo, coche y carreteras lentas. Y el suroeste del estado tiene hoy restricciones concretas: a fecha de septiembre de 2026, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico desaconseja todo viaje no esencial a la zona situada al suroeste de la autopista 45D, que incluye ciudades del corredor como Celaya, Irapuato, Salamanca y Silao, y el Departamento de Estado de Estados Unidos, que sitúa Guanajuato en su nivel 3, prohíbe a su personal circular por la 45D o al sur de ella. La capital, San Miguel de Allende y el norte del estado quedan fuera de esas zonas. Antes de ir, consulta ambos avisos, porque cambian. Con eso, el estado deja de ser una colección de ciudades bonitas y se convierte en lo que es: una sierra que daba plata, un llano que daba de comer y la línea de pueblos que los cosía.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María Reyes busca la lógica física de cada lugar: por qué está donde está y qué explica su forma.

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