Hay una forma de viajar que no se resigna a alquilar un coche en México. No es una cuestión de presupuesto ni de miedo a la carretera, sino de preferencia: te gusta llegar a una ciudad en autobús, dejar la mochila, caminarla durante dos o tres días y pasar a la siguiente mirando por la ventanilla. Guanajuato es uno de los pocos estados del centro del país donde esa forma de viajar encaja casi sin fricción, siempre que aceptes una condición: el estado que vas a conocer no es el mapa entero, sino un arco concreto por el norte.

Ese arco une San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo y la ciudad de Guanajuato. Son unos cien kilómetros en total, en dos tramos de autobús de entre una hora y hora y media, siempre por encima de los 1.900 metros. Lo que sigue explica por qué esa ruta funciona tan bien para quien viaja así, qué cuesta y qué se pierde por el camino.

01 Un estado que, sin coche, se recorre por arriba

Guanajuato tiene dos mitades muy distintas. Al sur está el Bajío, una llanura agrícola e industrial atravesada por la autopista 45D, con ciudades como León, Irapuato, Salamanca y Celaya. Al norte, el terreno sube hacia sierras más secas, y ahí están las tres ciudades que interesan a este perfil. Para quien viaja en autobús, esa división tiene una ventaja práctica: el arco del norte está bien conectado por dentro. Entre la ciudad de Guanajuato y Dolores Hidalgo, Unebus y Flecha Amarilla suman unas treinta salidas diarias, con pasajes desde unos 90 pesos; entre Dolores y San Miguel, el trayecto ronda la hora y diez minutos.

¿Cómo encaja Guanajuato con quien viaja sin coche?
Autobuses dentro del arco del norte Unas 30 salidas diarias entre Guanajuato y Dolores; tramos de 1 a 1,5 horas
Ciudades para caminar La capital tiene callejones y escaleras sin coches; San Miguel y Dolores, centros compactos
Entrar y salir sin pasar por la 45D Posible por Querétaro o Ciudad de México, pero obliga a volver sobre tus pasos
Precio y gente en San Miguel El municipio más caro del estado; fines de semana llenos de visitantes de la capital
Cuestas y altitud Unos 2.000 metros en la capital, con escaleras largas desde el fondo del valle
Mineral de Pozos y Sierra Gorda sin coche Sin línea directa a Pozos; a Xichú, pocas salidas desde San Luis de la Paz

02 Entrar por el este y empezar en San Miguel

El aeropuerto internacional del estado, el del Bajío, está en el municipio de Silao, que figura en la lista del aviso británico. Por eso, para este perfil la puerta natural es el este: desde la Terminal Norte de Ciudad de México hay autobuses a San Miguel cada hora, con un viaje de unas cuatro horas; desde Querétaro, a 64 kilómetros, salen entre 15 y 20 autobuses al día y se tarda alrededor de hora y media. Empezar en San Miguel tiene lógica también por otra razón: es la ciudad más cómoda para aterrizar, con un centro compacto y declarado Patrimonio Mundial en 2008.

Calle empedrada en cuesta de San Miguel de Allende, con fachadas rojizas y ocres, balcones con flores y unas pocas figuras lejanas al fondo.
Una calle del centro de San Miguel: empedrado, pendiente y fachadas de color. Entre semana se camina así; el fin de semana, bastante menos.Nan.P.182 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

La fricción de San Miguel es conocida y conviene tomarla en serio. Está a 274 kilómetros de Ciudad de México, lo bastante cerca para que los fines de semana lleguen muchos visitantes desde la capital, y según los cálculos de coste de vida que recogió la prensa local en 2024 es el municipio más caro del estado, con una población extranjera residente numerosa desde hace décadas. Para quien viaja en autobús y sin prisa, la solución es sencilla: llegar un lunes o un martes, dormir dos noches y salir antes del viernes.

03 Dolores Hidalgo, la parada que el autobús vuelve fácil

Quien va en coche de San Miguel a Guanajuato suele pasar por Dolores sin detenerse. Quien va en autobús está obligado a pasar por su terminal, y eso cambia la relación con el lugar: bajarse cuesta lo mismo que seguir. Dolores es una ciudad de trabajo, a unos 1.980 metros, Pueblo Mágico desde 2002 y conocida sobre todo por su industria de cerámica, que da trabajo a una parte importante de sus habitantes y cuya producción se vende en todo México y fuera de él. El centro se recorre en una tarde, y alrededor de la plaza principal se venden nieves de sabores poco habituales, de zapote, miel o sábila.

Mosaico de azulejos pintados a mano con un motivo floral repetido en azul, amarillo y rojo sobre fondo azul oscuro.
Azulejo pintado en Dolores Hidalgo, donde la cerámica es el oficio que sostiene buena parte de la ciudad.Juan Carlos Fonseca Mata / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Para este perfil, Dolores cumple una función que no aparece en las guías: es el respiro entre dos ciudades exigentes. San Miguel pide gasto y paciencia con la gente; Guanajuato pide piernas. Una noche en Dolores, con alojamiento que suele costar bastante menos que en San Miguel, reparte el esfuerzo y permite llegar a la capital por la mañana, con luz para la sierra.

En coche, Dolores es un pueblo por el que se pasa. En autobús, es una terminal en la que bajarse cuesta lo mismo que seguir.

04 La sierra por la ventanilla

Entre Dolores y la ciudad de Guanajuato hay 56 kilómetros de carretera que pasan por Santa Rosa de Lima y atraviesan la sierra de Santa Rosa, una zona de montaña y bosque de encino que se reparte entre los municipios de Guanajuato, Dolores Hidalgo y San Felipe. En autobús son alrededor de hora y media. Es el tramo que justifica el orden de la ruta: se sale del llano seco de Dolores, se sube entre árboles y se baja hacia una ciudad encajada en una cañada. Quien viaja en coche por la autopista del Bajío nunca ve este paisaje.

Laderas verdes y boscosas de la sierra de Santa Rosa bajo un cielo nublado, con varias líneas de montañas al fondo.
La sierra de Santa Rosa, entre Dolores Hidalgo y la ciudad de Guanajuato: el paisaje que el autobús del norte cruza y la autopista del Bajío no toca.Juan Carlos Fonseca Mata / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Hay un detalle práctico que conviene conocer antes de llegar: la central de autobuses de Guanajuato no está en el centro, sino en las afueras, en la carretera a Silao, en la zona de Yerbabuena. Desde allí se llega al centro en autobús urbano o en taxi. No es un problema grave, pero sí el primer recordatorio de que la ciudad está hecha para caminarla por dentro, no para entrar en ella con equipaje.

05 Una capital que se sube a pie

La ciudad de Guanajuato está construida en un valle estrecho, y eso decide todo lo demás. Muchas de sus calles son callejones por los que no pueden pasar coches; otras son escaleras largas que suben por las laderas, y parte del tráfico circula por calles subterráneas y antiguos túneles. El centro histórico y las minas cercanas son Patrimonio Mundial desde 1988. Para quien viaja sin coche, esta es la mejor noticia del viaje: aquí el coche sería un estorbo, y caminar no es una opción entre otras, sino la manera normal de moverse.

Callejón muy estrecho del centro de Guanajuato entre casas rosadas y anaranjadas, con balcones y macetas que casi se tocan de un lado a otro.
Un callejón del centro de Guanajuato: la ciudad se recorre así, a pie, entre fachadas que casi se tocan.Yamen / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

La otra cara es física. La ciudad está a unos 2.000 metros de altitud y casi cualquier paseo termina en una subida: a los barrios de las laderas, a los miradores o a las minas. Los dos primeros días conviene ir despacio, beber agua y no planear demasiado; el sol de altura cansa más de lo que parece. Y hay una fricción de calendario: en octubre, durante el Festival Internacional Cervantino, la ciudad se llena y el alojamiento se encarece y escasea. Si tu viaje cae en esas fechas, reserva con mucha antelación o cambia el orden y deja la capital para otro momento.

06 Lo que el autobús deja fuera

El arco del norte funciona porque es corto y está bien servido. Fuera de él, la lógica se rompe. Mineral de Pozos, el antiguo pueblo minero de la portada, con sus casas sin techo y los hornos de la hacienda de Santa Brígida, está a unos 45 minutos de San Miguel en coche; en transporte público no hay línea directa: hay que ir a San Luis de la Paz y recorrer desde allí unos diez kilómetros en taxi o autobús local, y el trayecto puede alargarse hasta tres horas. Se puede hacer, pero ocupa el día entero.

La Sierra Gorda es un caso más claro. La parte guanajuatense de la reserva de la biosfera, incorporada en 2007, ocupa 236.882 hectáreas en los municipios de Xichú, San Luis de la Paz, Atarjea, Victoria y Santa Catarina, con carreteras de montaña llenas de curvas. A Xichú llega un autobús local desde San Luis de la Paz en alrededor de hora y media, con pocas salidas al día. Para este perfil, la Sierra Gorda no es una excursión: es otro viaje, que pide varios días o contratar transporte. Si es lo que más te atrae de Guanajuato, este artículo no describe tu forma de viajar.

07 Veredicto: para quién funciona este arco

Guanajuato funciona especialmente bien para quien viaja sin coche y disfruta del trayecto tanto como del destino, porque sus tres ciudades del norte están cerca, a la misma altura, unidas por autobuses frecuentes y separadas por un paisaje de sierra que merece la ventanilla. Es un estado que premia caminar: la capital prácticamente lo exige, y San Miguel y Dolores tienen centros que se recorren a pie en poco tiempo. La ruta, además, coincide con las zonas que los avisos de viaje vigentes no señalan, lo que simplifica la decisión.

No funciona tan bien para quien quiere el estado completo. Mineral de Pozos y la Sierra Gorda quedan a un día de conexiones cada uno, el sur del estado queda fuera por prudencia, y la vuelta obliga a desandar el camino. Tampoco es para quien lleva mal las cuestas a 2.000 metros ni para quien espera un San Miguel barato y vacío en sábado. Si aceptas un Guanajuato más pequeño que el del mapa, recorrido despacio y en autobús, el encaje es de los mejores del centro de México.

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Sofía Navarro

Editora de Made For You — Compatibilidad entre Viajeros y Destinos · Flowtravel

Sofía Navarro interpreta la compatibilidad entre viajeros y destinos: por qué un lugar funciona para alguien y no para otros.