Cada calle lleva el nombre de lo que se vendía en ella.
El Barrio Antiguo de Hanói ocupa unas cien hectáreas y tiene 76 calles. Muchas empiezan por la misma palabra, hàng, que significa «mercancía», seguida de lo que allí se fabricaba o se vendía: bambú, cobre, plata. No es folclore: es el callejero funcionando todavía como directorio comercial.

01 Hàng
Eso convierte el plano en un documento económico. Puedes leer el callejero y reconstruir qué se fabricaba en la ciudad, dónde y con qué especialización. Cada calle se dedicaba a un tipo concreto de manufactura o de comercio, y el nombre lo registró.
02 Los treinta y seis que no son treinta y seis
El barrio se conoce como «Hà Nội 36 phố phường», los treinta y seis barrios y calles. Conviene aclararlo porque casi todas las guías lo cuentan mal: el número no es un recuento. Se refiere a los gremios, no a una cantidad exacta de calles.
La delimitación oficial del conjunto la fijó una decisión del Ministerio de Construcción en 1995. Sus límites son la calle Hàng Đậu por el norte, Phùng Hưng por el oeste y Trần Quang Khải y Trần Nhật Duật por el este, todo dentro del distrito de Hoàn Kiếm.
La formación del barrio se remonta a las dinastías Lý y Trần, entre los siglos XI y XIV, al este de la ciudadela imperial. Es decir: llevaba cuatro siglos siendo el sitio donde se fabricaba y se compraba antes de que se levantara ninguna de las casas que hoy se ven.

03 Las casas tubo
El tipo edificatorio del barrio es la casa-tienda: planta baja comercial, plantas altas para vivir, y una cubierta de teja inclinada. La mayoría de las que quedan se construyeron en los siglos XVIII y XIX.
Su forma es extremadamente alargada —de ahí el apodo de «casas tubo»—, con una fachada estrecha y una parcela muy profunda. En el modelo general de la casa-tienda del Sudeste Asiático, cada unidad mide en torno a 4 o 5 metros de ancho por unos 12 de fondo, con un patio de luces a mitad de recorrido que ventila el interior.
Circula mucho la explicación de que las fachadas son estrechas porque los impuestos se cobraban por metro de frente de calle. Es una historia repetida en todas partes, pero no la he podido verificar en las fuentes que he consultado, así que la dejo como lo que es: una atribución muy extendida y sin confirmar. Lo que sí está documentado es la razón práctica: estrechas y profundas caben más negocios en el mismo tramo de calle.
04 Lo que queda y lo que no
Aquí conviene ser honesto: el barrio está perdiendo su tejido original. Desde finales del siglo XX el número de casas tradicionales viene disminuyendo, y lo que ves hoy es una mezcla de casas antiguas, reconstrucciones y edificios nuevos que imitan la proporción estrecha sin conservar nada más.
De los templos comunales dedicados a los fundadores de cada oficio —había muchos, uno por gremio— solo sobreviven los de Mã Mây y Kim Cổ. Y de las puertas de la ciudad queda una: la de Quan Chưởng. Una sola, de todas las que hubo.
Ha habido intervención: en 2010 un proyecto de rehabilitación destinó 50.000 millones de dong a restaurar 75 calles. Es una cifra concreta y una fecha concreta, y sirve para medir la escala del problema tanto como la de la respuesta.
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05 Cómo recorrerlo
Camina leyendo las placas. Son azules, rectangulares y están en casi todas las esquinas, y una vez sabes que hàng significa «mercancía» el barrio se vuelve legible: puedes ir siguiendo un oficio y ver si todavía se ejerce en su calle. A veces sí. A veces la calle de la seda vende ropa de importación y la del cobre, tornillos.
No busques monumentos. Aquí lo que hay que mirar es el grano: el ancho de las fachadas, la profundidad de los locales cuando la puerta está abierta, la manera en que el negocio ocupa la acera y la acera se convierte en taller. Ese es el patrimonio real y es el que está desapareciendo.
Un apunte sobre el nombre de la ciudad, que también cuenta algo. Se llamó Long Biên, luego Đại La, luego Thăng Long —«dragón ascendente»— desde 1010, y desde 1831 Hà Nội, que se escribe con los caracteres de «río» e «interior». Cuatro nombres en mil años para el mismo recodo del río Rojo.
Y ve al final del día. El barrio cambia de función a partir de las seis: los puestos de mercancía dejan sitio a los de comida, salen los taburetes de plástico y la calle se convierte en comedor. Es el mismo espacio haciendo otro trabajo, que es exactamente lo que lleva ocho siglos haciendo.


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