La capital oficial es el dos por ciento de la ciudad.
Vas a volar a Colombo, vas a dormir en Colombo y vas a decir que estuviste en Colombo. Pero la capital de Sri Lanka es otra: Sri Jayawardenepura Kotte, nueve kilómetros al este, con unos 108.000 habitantes frente a los 5,6 millones del área metropolitana. Y debajo de ese suburbio hay un reino del siglo XV del que casi no queda nada.

01 Una capital que casi nadie pisa
Las cifras lo dejan claro. Kotte tiene unos 108.000 habitantes según el censo de 2012, repartidos en 17 kilómetros cuadrados. El área metropolitana de Colombo, de la que Kotte forma parte, ronda los 5,6 millones de personas. Es decir: la capital oficial reúne menos del dos por ciento de la población de la región urbana que nominalmente encabeza.
Hay un detalle que lo resume mejor que cualquier estadística. En GeoNames, la base de datos geográfica de referencia, Kotte figura clasificada como «población» genérica, mientras que Colombo sigue marcada como capital. Cuarenta y cuatro años después del traslado, el propio catálogo geográfico mundial no se ha dado por enterado.

02 1982: el parlamento se muda a un pantano
El emplazamiento se designó en 1977 y el parlamento se inauguró el 29 de abril de 1982. El motivo declarado era descongestionar Colombo, sumado al gesto simbólico de devolver la capitalidad al lugar donde estuvo la corte medieval. Pero el traslado fue parcial: el poder ejecutivo y el judicial se quedaron en Colombo, que sigue siendo además la capital comercial.
Lo que sí se movió, con el tiempo, fueron los ministerios. Alrededor del parlamento, en Battaramulla, se fue formando un racimo administrativo: el complejo Sethsiripaya, las oficinas de pasaportes e inmigración, el Departamento de Conservación de Vida Silvestre, la sede de Defensa. La capital se mudó de verdad, solo que a un sitio cuyo nombre no aparece en ningún mapa turístico.
El edificio del parlamento lo firmó Geoffrey Bawa, el arquitecto más celebrado del país, y se levantó sobre una isla artificial de cinco hectáreas creada dragando la marisma del lago Diyawanna. Lo construyó un consorcio japonés encabezado por el grupo Mitsui por 25,4 millones de dólares y en un plazo de veintiséis meses. La idea de Bawa fue jugar con «la ilusión de la simetría», en contraste deliberado con la forma orgánica del lago que lo rodea.

03 El reino que unificó la isla durante 17 años
La razón simbólica del traslado tiene seiscientos años. En la segunda mitad del siglo XIV, el ministro Nissanka Alagakkonara levantó una fortaleza sobre la aldea pantanosa de Darugama, con murallas de laterita de dos metros y medio de alto y más de diez de ancho. La llamó Jayawardenapura, «ciudad de la victoria creciente», y el lugar acabó conociéndose por lo que era: Kotte, «el fuerte», del término tamil y sánscrito para fortaleza.
En 1412 pasó a ser capital del reino bajo Parākramabāhu VI, que reinó cincuenta y cinco años, hasta 1467. Fue una época dorada para la literatura cingalesa, sobre todo para la poesía sandesha, la de los poemas-mensaje. Y hacia 1450 su ejército conquistó el reino de Jaffna, en el norte, con lo que toda la isla quedó bajo un solo gobernante.
Porque no aguantó. Jaffna recuperó la independencia en 1467, el mismo año en que murió Parākramabāhu VI, y a partir de ahí el reino entró en una descomposición larga. Los portugueses llegaron en 1505, desembarcando en el puerto de Galle, y firmaron un acuerdo comercial en su primer encuentro con el rey de Kotte.
El final tiene dos fechas y conviene distinguirlas, porque la interesante es la primera. En 1565 el rey Dharmapala abandonó la ciudad, presionado por los reinos rivales, y la corte se replegó a Colombo. Solo en 1597 cedió formalmente el reino a la corona portuguesa. Es decir: Kotte llevaba treinta y dos años vacía cuando se firmó su desaparición.
04 Lo que queda: prácticamente nada
Aquí conviene ser honesta, porque la tentación de vender ruinas es grande y aquí no las hay. De la ciudad amurallada del siglo XV se conservan trazas del foso y de la muralla en algunos puntos, muchas de ellas con construcciones encima levantadas por ocupantes posteriores. No hay ciudadela visitable, ni recinto arqueológico, ni puerta en pie.
Lo más tangible que sobrevive del periodo está a las afueras: el Sunethradevi Pirivena, en Pepiliyana, fundado por Parākramabāhu VI en memoria de su madre. Poco más. Si vienes buscando el reino de Kotte, lo que vas a encontrar es un suburbio de clase media con centros comerciales, tráfico y un lago muy bonito.

05 Cómo verlo si vas
El parlamento, que es lo único que justifica un desvío arquitectónico, es prácticamente invisitable. Hace falta permiso previo, solicitado con al menos una semana de antelación, y los visitantes extranjeros tienen que tramitarlo a través de una agencia de viajes de Sri Lanka, que envía una carta formal con nombres y números de pasaporte. La web oficial advierte además de que entrar sin permiso puede suponer una detención sin orden judicial.
Así que la obra maestra del arquitecto más importante del país, en la capital del país, se ve desde la otra orilla del lago. Hay una alternativa razonable: el parlamento mantiene un recorrido virtual de 360 grados por la cámara, gratuito y accesible desde su web.

Y una cosa más que ayuda a entender dónde estás: barrios que cualquier visitante de Colombo conoce de oídas —Nugegoda, Rajagiriya, Nawala— no están en Colombo. Son zonas del municipio de Kotte. Es probable que pises la capital de Sri Lanka sin enterarte, que es exactamente lo que le pasa a casi todo el mundo.




