01 Una segunda carrera empezada tarde

Volvió a estudiar. Obtuvo el diploma de la Architectural Association de Londres en 1956 y la acreditación británica de arquitecto en 1957, y regresó a Sri Lanka con el título recién sacado a los treinta y ocho años. Murió el 27 de mayo de 2003, a los ochenta y tres. La segunda carrera duró unos cuarenta y cinco años; el parlamento llegó en el vigésimo sexto.

Entre 1959 y 1967 trabajó en sociedad con el arquitecto danés Ulrik Plesner. En 2001, dos años antes de morir, recibió el Premio del Presidente del Aga Khan de Arquitectura por el conjunto de su obra.

02 Un jardín antes que un título

Compró la finca en 1948, ocho años antes de ser arquitecto, y pasó los cincuenta siguientes rehaciéndola.

En 1948 —el año de la independencia de Sri Lanka, y con casi treinta años— Bawa compró una antigua plantación de caucho y canela cerca de Bentota. Unas veinticinco acres. La llamó Lunuganga, «río salado» en cingalés. Todavía no era arquitecto: era un abogado con una finca abandonada.

La trabajó durante cincuenta años, de 1948 a 1998. Lunuganga no es un edificio con jardín, es un jardín con edificios: terrazas, estanques, escalinatas y vistas abiertas hacia el lago, compuestas como una sucesión de cuadros. Él mismo lo describió así: «La superficie con la que uno trataba eran unas veinticinco acres, pero con los lagos que la rodean la tierra de más allá parece seguir para siempre».

La parte trasera del bungalow principal de Lunuganga —una casa baja de tejado de teja con una galería de columnas blancas— vista al otro lado de un césped segado, bajo las ramas extendidas y pálidas de un árbol de frangipani.
El bungalow de Lunuganga desde el jardín. La casa se retira y deja mandar al césped, al árbol y a la vista: ese es el planteamiento entero.Eco2004 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

03 Cuatro casas convertidas en una

Su casa de ciudad tiene una historia igual de paciente. En 1959 empezó alquilando una de cuatro casas adosadas en el callejón 33 de Colombo, propiedad del abogado, escritor y mecenas Harold Peiris. En menos de una década había comprado las cuatro y las había fundido en una sola vivienda. Vivió allí de 1960 a 1998.

Lo interesante es que la concibió como el reverso exacto de Lunuganga. Si la finca se abre a vistas infinitas, la casa de Colombo comprime: se entra por un pasillo estrecho, se desemboca en un salón generoso y se termina en un dormitorio íntimo. Una es expansión; la otra, contracción deliberada. El mismo arquitecto, dos gramáticas opuestas, a la vez.

Un rincón sombreado del jardín de Lunuganga mirando hacia abajo a un estanque rectangular de nenúfares bordeado por terrazas de césped, enmarcado por bambúes, palmeras y vegetación densa.
Un estanque en Lunuganga. Cada rincón del jardín está compuesto para verse desde un punto concreto, como un cuadro colgado a la altura correcta.Labeet / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

04 Qué significa construir para el trópico

El planteamiento de Bawa suele describirse como modernismo regional o tropical, y en la práctica se resume en algo sencillo: en un clima de 30 grados y 75% de humedad todo el año, la solución no es sellar el edificio y enfriarlo, sino abrirlo y dejar que corra el aire. Galerías profundas, patios, láminas de agua, aleros largos que dan sombra y evacuan el aguacero, y la vegetación entrando dentro en lugar de quedarse fuera.

El ejemplo más extremo es el hotel Heritance Kandalama, construido entre 1991 y 1994 sobre una ladera boscosa. El edificio se dejó deliberadamente colonizar por la vegetación: hoy las trepadoras cubren la fachada entera y las terrazas son jardines. No es un hotel con vistas al bosque; es un hotel que el bosque se está comiendo, y estaba previsto que ocurriera.

El hotel Kandalama casi engullido por la vegetación: enredaderas colgando por toda la fachada y la cubierta, y jardines de arbustos y dracenas a lo largo de la línea de balcones, con selva densa y una ladera brumosa detrás.
El Heritance Kandalama treinta años después de su construcción. La vegetación que cubre la fachada no es descuido: es el proyecto.Adheesha88 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Esa gramática —galería profunda, patio, agua, sombra— se copió en hoteles de todo el sur y el sudeste de Asia durante las décadas siguientes, casi siempre sin citar la fuente. Si alguna vez te has alojado en un hotel asiático de planta abierta con estanques y aleros largos, has dormido en una traducción de Bawa.

El hotel Heritance Kandalama desde fuera: plantas apiladas de acero oscuro y vidrio con terrazas ajardinadas, escalonadas a lo largo de una loma boscosa, con un escarpe rocoso entre la bruma al fondo.
El mismo hotel visto de lejos, siguiendo la línea de la ladera en lugar de imponerse sobre ella.JanManu / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

05 Cómo verlo hoy

Aquí está la paradoja que cierra la historia. El parlamento de Kotte, su obra pública mayor, es prácticamente invisitable: hace falta permiso con una semana de antelación y, si eres extranjero, tramitarlo a través de una agencia de viajes de Sri Lanka. Se ve desde la otra orilla del lago y poco más.

Su casa y su jardín, en cambio, están abiertos y los gestiona la fundación que lleva su nombre. La casa de Colombo se visita en recorridos de cuarenta y cinco minutos, de lunes a viernes a las 10:00, 14:00 y 15:30, los sábados a las 11:00 y 16:00 y los domingos a las 11:00, por 5.000 rupias para extranjeros. Lunuganga abre a diario con visitas de hora y media a las 11:00, 14:00 y 15:00, por 20 dólares. Conviene reservar para la casa; para el jardín no hace falta.

Dicho de otro modo: puedes recorrer el dormitorio del arquitecto por unos quince euros, pero para acercarte al edificio que proyectó para su país necesitas una agencia y una semana de trámite. Es una forma bastante exacta de resumir qué es Kotte como capital.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saberlo · Flowtravel

Lucía persigue la historia detrás del objeto cotidiano.