Destino

Machu Picchu, la mayor parte de la obra está bajo tierra.

Lo que se fotografía son muros y terrazas. Lo que sostiene el lugar es un sistema de cimientos, capas de drenaje y canales que casi nadie ve: los ingenieros que lo estudiaron calculan que ahí se fue en torno al 60 % del esfuerzo constructivo.

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El conjunto ocupa una cresta estrecha, con el cañón del Urubamba varios cientos de metros más abajo: toda la obra tuvo que resolver primero esa pendiente.
El conjunto ocupa una cresta estrecha, con el cañón del Urubamba varios cientos de metros más abajo: toda la obra tuvo que resolver primero esa pendiente.

01 El problema no era construir, era sostener

El sitio está a unos 2.430 metros de altitud, sobre una cresta estrecha entre dos cumbres, con laderas que caen cientos de metros hasta el río Urubamba. Ese terreno recibe cerca de dos metros de lluvia al año. Cualquier construcción levantada ahí sin preparación previa habría bajado por la ladera en una década.

Los estudios de ingeniería hechos en el lugar desde los años noventa cambian la lectura habitual. Al medir cimientos, rellenos y salidas de agua, sus autores estimaron que alrededor del 60 % del esfuerzo constructivo se fue en lo que no se ve: nivelar, rellenar, drenar y anclar. La superficie visible es la parte fácil del trabajo.

Terrazas escalonadas al borde de la ladera, con el río Urubamba muy abajo en el cañón.
Desde el borde de las terrazas, el río queda cientos de metros más abajo. Esa caída explica por qué el drenaje era el primer problema.Håkan Svensson (Xauxa) / CC BY 2.5  · CC BY 2.5

02 Los andenes no son solo campos

La imagen habitual de los andenes es agrícola: escalones verdes donde se sembraba. Es verdad a medias. Cada terraza es también un muro de contención y un filtro. Bajo la capa de tierra vegetal hay arena, grava y esquirlas de granito que dejan pasar el agua hacia abajo en lugar de acumularla contra la piedra.

Ese detalle cambia lo que estás mirando. Una terraza no es un campo apoyado en un muro: es un muro que además puede cultivarse. Por eso el conjunto sigue en pie después de cinco siglos de lluvia intensa, mientras las obras modernas de la zona necesitan mantenimiento constante.

Andenes escalonados de piedra con hierba, con construcciones de techo de paja reconstruido en la parte alta.
Cada peldaño es un muro de contención con capas de drenaje detrás. La agricultura era la función visible, no la única.F Delventhal / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

03 La cantera estaba dentro del sitio

Hay un lugar del recorrido donde el suelo se vuelve un caos de bloques partidos. No es una ruina derrumbada: es la cantera. El granito se sacó de la propia cresta, muchas veces aprovechando afloramientos que ya estaban ahí, y buena parte del material sobrante terminó bajo tierra, como relleno drenante de terrazas y plazas.

Entender eso ordena el paseo. La cantera, los muros y los andenes no son tres atracciones separadas, sino tres momentos del mismo proceso: extraer, encajar y sostener. Nada se trajo desde lejos porque nada hacía falta traer.

Grandes bloques de granito partidos y dispersos sobre la hierba, en la zona de cantera del sitio.
La zona de cantera: el material del conjunto salió de la misma cresta sobre la que está construido.Draceane / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

04 La huella

La huella de Machu Picchu no es la postal de la cresta con la montaña detrás. Es una idea más incómoda y más interesante: que la parte admirable del lugar es la que fue enterrada a propósito para que el resto durase.

Detalle de un muro de piedra con bloques encajados sin mortero y líquenes en la superficie.
Los muros encajan sin mortero. Lo que evita que se muevan está debajo, en el terreno preparado.Geoff Gallice / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

Si vas con esa idea en la cabeza, el recorrido cambia de tono. Dejas de buscar el mirador perfecto y empiezas a leer el suelo: por dónde se va el agua, dónde se abre una salida en un muro, por qué una plaza está justo donde está. El lugar se vuelve menos milagroso y bastante más impresionante.

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MR

María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María Reyes interpreta el carácter de los lugares a partir de sus ritmos, espacios y formas de vida cotidiana.

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