En Nara está uno de los rincones más lluviosos de Japón, y por eso todo lo demás cabe en la esquina seca
En las montañas del sur de la prefectura caen entre 3.000 y 5.000 milímetros de lluvia al año, de los más altos de Japón. En la ciudad de Nara, al norte, caen 1.365. Solo el 23 % del territorio es habitable, y esa franja seca y llana del noroeste es donde se instaló, en el año 710, la primera capital permanente del país.

Casi todo el mundo llega a Nara por el mismo motivo y con la misma imagen en la cabeza: un parque llano con ciervos y edificios de madera, a cuarenta minutos de tren de Kioto o de Osaka. Es una imagen correcta y minúscula. Corresponde a una esquina de una prefectura cuya mayor parte no se parece en nada a eso.
El resto es montaña, y en su extremo sur están algunos de los lugares donde más llueve de todo Japón. Esa asimetría explica por qué la historia del país empezó justamente en la esquina de arriba a la izquierda.
01 Una prefectura sin mar
En un archipiélago donde casi todo está a la vista del agua, Nara es una de las ocho prefecturas que no tienen costa. Está encajada en el centro de la península de Kii, rodeada por Osaka, Kioto, Mie y Wakayama, y su relación con el mar siempre ha tenido que pasar por una montaña.
Ese dato, que parece administrativo, es el que ordena todo lo demás. Sin puerto no hay comercio marítimo directo, y sin comercio marítimo la ciudad grande acaba yéndose a otra parte. Pero antes de eso, la falta de costa fue precisamente una ventaja.
02 Cinco mil milímetros en el sur
El 60 % de la prefectura son las montañas de Kii, y ahí ocurre algo que casi nadie asocia con Nara. La lluvia anual acumulada va de 3.000 a 5.000 milímetros, una de las cifras más altas del país. Para hacerse una idea: es entre tres y cinco veces lo que cae en Madrid, y más del doble de lo que cae en la propia ciudad de Nara.

El mecanismo es de manual. El aire húmedo que llega del Pacífico se topa de frente con un macizo montañoso, se ve obligado a ascender, se enfría y descarga. Todo eso ocurre en el flanco sur, y lo que sigue viaje hacia el norte llega ya exprimido.

El resultado es un bosque húmedo permanente, con musgo cubriendo la roca y barrancos excavados a fondo. Es un paisaje que se parece mucho más a lo que uno espera de una selva templada que a la idea de Japón que se lleva de Kioto.
03 El 23 % habitable
La consecuencia demográfica está en una cifra oficial: de los 3.691 kilómetros cuadrados de la prefectura, solo 851 se consideran habitables. Es el 23 %, y sitúa a Nara en el puesto 43 de 47 prefecturas por superficie utilizable. Todo lo demás es pendiente, bosque o barranco.

Y ese 23 % no está repartido: está concentrado casi entero en el noroeste, en la cuenca de Nara, una llanura cerrada por montañas en todos sus lados. Ahí vive prácticamente toda la población de la prefectura, y ahí está todo lo que un visitante identifica con este nombre.
04 Por qué la capital se puso aquí
En el año 710 se instaló en esa cuenca la primera capital permanente de Japón, que estuvo aquí hasta el 784. La elección, vista con el mapa físico delante, no tiene nada de arbitraria.

Una capital de trazado regular necesita superficie llana y extensa, y esta cuenca es la única de la zona que la ofrece. Necesita estar resguardada, y las montañas la cierran por todos lados. Necesita agua suficiente pero no excesiva, y con 1.365 milímetros anuales la ciudad de Nara está lejos tanto de la sequía como de los 5.000 del sur.
Dicho de otro modo: no se eligió un lugar bonito. Se eligió el único rectángulo de terreno llano, seco y protegido que había disponible, y se dibujó la ciudad encima.
05 Y por qué se marchó
Setenta y cuatro años después, la capital se trasladó, y la misma geografía que la había hecho posible explica en buena medida por qué. Una cuenca cerrada es un sitio excelente para instalarse y un sitio mediocre para crecer: no tiene puerto, no tiene un gran río navegable y todo lo que entra o sale tiene que cruzar una sierra.
Las ciudades que la relevaron están todas mejor conectadas con el agua. Y ese abandono relativo tuvo una consecuencia afortunada para quien viaja hoy: la cuenca dejó de reconstruirse encima de sí misma. Donde otras capitales se han levantado y demolido veinte veces, aquí buena parte del suelo antiguo quedó bajo campos de cultivo.

06 Lo que esto cambia para quien viaja
La primera consecuencia es de escala. Lo que casi todo el mundo llama «Nara» es un parque de unos pocos kilómetros cuadrados en el borde de una cuenca que ocupa el 23 % de una prefectura cuyo otro 77 % es montaña. Confundir la parte con el todo es aquí especialmente fácil.
La segunda es que el sur existe y está a mano. Del centro de la ciudad al arranque de las montañas de Kii hay una hora larga de tren o de coche, y el cambio de paisaje es completo: de llanura urbana a bosque húmedo con barrancos. Es una de las transiciones más rápidas y menos transitadas de Japón.
Y la tercera es de equipaje mental. Si vas al sur en verano o en otoño, cuenta con lluvia de verdad y no con un chubasco: cinco mil milímetros anuales no caen de forma discreta. Que la ciudad esté seca no dice nada de lo que ocurre sesenta kilómetros más abajo.


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