Destino

Pequeña Polonia se sube por peldaños y cada uno es de otra roca

Entre el Vístula, que pasa a unos doscientos metros de altitud, y los 2.499 metros del Rysy, Pequeña Polonia no sube en rampa sino en peldaños: una meseta de caliza al norte, un fondo de río y sal en el centro, montañas de arenisca al sur. Cada peldaño explica un paisaje y una forma de vivir.

· 11 min read
El Beskid Wyspowy visto desde la ladera del Łopień: montes redondeados y aislados, separados por un valle de prados y campos con casas dispersas.
El Beskid Wyspowy visto desde la ladera del Łopień: montes redondeados y aislados, separados por un valle de prados y campos con casas dispersas.Jerzy Opioła·CC BY-SA 3.0

La mayoría de la gente llega a Pequeña Polonia por Cracovia y la piensa como su provincia: la ciudad y sus alrededores. Pero la región, Małopolska en polaco, ocupa 15.183 kilómetros cuadrados y es mucho más vertical de lo que sugiere esa idea. En ella está el punto más alto de Polonia, el Rysy, con 2.499 metros, y también un tramo del Vístula que corre a unos doscientos.

Entre esos dos extremos no hay una pendiente continua, sino peldaños. Y lo que hace distinta a esta región es que cada uno tiene su propio material, su propia forma de ocupar el terreno y, al final, su propia gente.

01 Un fondo y dos orillas

Si miras un mapa de relieve, la región se parece a una bañera alargada. En el centro, de oeste a este, corre el Vístula por una franja baja y casi plana. Al norte de Cracovia el terreno sube de golpe a una meseta de piedra blanca. Al sur sube también, pero en escalones sucesivos: primero colinas, luego montañas medias cubiertas de bosque y, al fondo, la alta montaña.

Los geógrafos polacos lo describen con nombres precisos: Cracovia está en el punto donde se tocan tres grandes unidades del relieve, la meseta de Pequeña Polonia, la cuenca de Sandomierz y las estribaciones de los Cárpatos. Para quien viaja, lo que importa es la consecuencia: en algo más de cien kilómetros de norte a sur atraviesas rocas de edades y durezas muy distintas, y el paisaje humano cambia con ellas.

02 La orilla de caliza

Al norte de Cracovia empieza el Jura de Cracovia-Częstochowa, una meseta de caliza del Jurásico superior que se extiende hacia el noroeste. La caliza se disuelve con el agua de lluvia, y el resultado es un paisaje de valles estrechos y hondos, cuevas y peñas sueltas que quedaron en pie cuando la roca de alrededor se fue disolviendo.

Valle estrecho y boscoso con colores de otoño; en la ladera de la derecha asoman agujas de roca caliza blanca, y en el fondo plano del valle hay prados y un par de casas.
El valle del Prądnik, en el Parque Nacional de Ojców. La meseta está cortada por valles así: arriba, campo llano; abajo, un pasillo verde entre paredes de caliza.Jerzy Opioła / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

El mejor sitio para verlo es el valle del Prądnik, dentro del Parque Nacional de Ojców. Es el parque nacional más pequeño de Polonia: se creó en 1956 con 14,4 kilómetros cuadrados y hoy tiene 21,46. En ese espacio reducido hay más de cuatrocientas cuevas, y el arroyo se alimenta de una veintena de manantiales que salen de la propia roca.

La peña más conocida es la Maczuga Herkulesa, la «maza de Hércules»: una columna de caliza de unos 25 metros, más ancha arriba que abajo, que sigue en pie porque está hecha de una caliza más dura que la que la rodeaba. A pocos metros, sobre otra peña, se levanta el castillo renacentista de Pieskowa Skała.

Pilar de roca caliza gris y blanca, mucho más ancho arriba que en la base, rodeado de árboles y matorral bajo un cielo azul.
La Maczuga Herkulesa, en Pieskowa Skała. Una columna de caliza de unos 25 metros que la erosión dejó aislada.Jakub Hałun / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Esa combinación de peña y castillo no es casual. En una meseta sin montañas, las rocas sueltas eran las únicas alturas defendibles, y sobre ellas se construyeron fortificaciones a lo largo de toda la meseta, muchas en tiempos del rey Casimiro el Grande, en el siglo XIV. Hoy un sendero señalizado de unos 164 kilómetros, el Sendero de los Nidos de Águila, une Cracovia con Częstochowa pasando por esas peñas. El nombre lo explica todo: los castillos están donde solo anidarían las águilas.

Pasar unos días aquí se parece poco a la idea de un paisaje polaco llano. Caminas por el fondo fresco de un valle, subes a una peña y, desde arriba, ves que la meseta sigue siendo campo abierto, con pueblos y cultivos, como si los valles fueran grietas en una mesa.

03 Sal, río y casas pintadas

Si bajas de la caliza hacia el sur, llegas al fondo de la bañera. Aquí la roca que importa no se ve, porque está debajo: es sal. Hace unos 13,5 millones de años, en el Mioceno, esta franja al pie de los Cárpatos era un brazo de mar poco profundo que se fue cerrando y evaporando. Lo que quedó fueron capas de sal que después las montañas, al avanzar hacia el norte, plegaron y empujaron.

Sobre ese depósito se abrieron las minas de Wieliczka y Bochnia, al sureste de Cracovia, hoy Patrimonio Mundial. Durante siglos fueron una de las grandes fuentes de riqueza de la región. Los estudios geológicos indican además que la capa de sal engorda hacia el este, desde unas decenas de metros cerca de Wieliczka hasta más de doscientos en la zona de Tarnów.

Amanecer anaranjado sobre el valle del Vístula: niebla baja sobre una pradera llana y una línea de árboles, con una loma boscosa a la derecha.
Niebla al amanecer sobre el valle del Vístula, cerca de Cracovia. El fondo de la región es así: llano, húmedo y abierto.Jakub Hałun / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Por encima de la sal, el paisaje del fondo es el del Vístula: llano, de suelos fértiles, con brumas por la mañana. Tarnów, la segunda ciudad de la región, se presenta como el «polo de calor» de Polonia; en marzo de 2024 marcó 26,4 grados, un récord para ese mes. Es un apodo discutible, porque en algunos años Breslavia, en el oeste del país, ha registrado medias más altas, pero describe bien la sensación: aquí abajo el clima es más suave que en cualquier otro peldaño de la región.

En ese llano, al norte de Tarnów, está Zalipie, un pueblo donde las casas, los pozos, las vallas y hasta las colmenas están pintados con flores. La costumbre viene de finales del siglo XIX y se mantiene con un concurso anual que se organiza desde finales de los años cuarenta. La casa de Felicja Curyłowa, la pintora más conocida del pueblo, es hoy un pequeño museo.

Casita blanca de techo de paja con flores pintadas alrededor de la puerta y las ventanas; delante, un pozo y una pila decorados con flores, y al fondo un campo de flores amarillas.
Una casa y un pozo pintados en Zalipie. En el peldaño más bajo y más llano, la decoración se puso en las paredes.Jakub Hałun / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Zalipie ayuda a entender el fondo del valle mejor que cualquier dato. Es tierra de agricultores, sin piedra a mano para construir, con casas de madera y paja encaladas. Y esas paredes blancas son justo las que la gente empezó a llenar de color.

04 Montañas que parecen islas

Al sur del Vístula el terreno empieza a subir de nuevo, y esta vez no se detiene. Primero vienen las colinas de los Cárpatos y después los Beskides, montañas medias de bosque y prados. Su roca es completamente distinta a la caliza del norte: es flysch, capas alternas de arenisca y de pizarras blandas que se depositaron en un fondo marino y luego se plegaron.

El flysch se erosiona de forma desigual. Donde la arenisca es dura, quedan cumbres; donde domina la roca blanda, se abren valles amplios. El mejor ejemplo es el Beskid Wyspowy, el «Beskid de las islas»: en vez de una cordillera continua, tiene cumbres separadas que se levantan entre cuatrocientos y quinientos metros sobre los valles, como islas sobre el mar. La más alta, la Mogielica, llega a 1.170 metros.

Prado de hierba seca en primer plano; al fondo, varias cumbres redondeadas y separadas entre sí, con campos y casas dispersas en las laderas bajas.
Ćwilin, Śnieżnica y Łopień, en el Beskid Wyspowy. Cada cumbre está aislada de la siguiente por un valle cultivado.Jakub Hałun / Wikimedia Commons / CC BY 4.0  · CC BY 4.0

Esa forma tiene una consecuencia directa en la vida de la gente. Como entre una cumbre y otra hay valles abiertos y laderas suaves, aquí los campos y los pueblos suben mucho: en las laderas del Jaworz, por ejemplo, los campos llegan hasta unos 820 metros. No hay una frontera clara entre la montaña y el campo, porque el campo se mete en la montaña.

Un poco más al este, en la cuenca de Nowy Sącz y alrededor de Łącko, ese terreno de laderas soleadas se llenó de huertos. Hacia 1900 la zona de Łącko era uno de los mayores centros frutícolas de la región, sobre todo de ciruelas, y la Fiesta del Manzano en Flor se celebra allí cada primavera desde 1947. Las manzanas de Łącko figuran desde 2005 en la lista de productos tradicionales de la región.

En Nowy Sącz, el Parque Etnográfico de Sącz reúne en unas veinte hectáreas casas de madera traídas de toda la comarca y las ordena por grupos: los lachy de Sącz, los habitantes de las colinas, los montañeses de Łącko, los lemkos de las zonas altas. Recorrerlo es como ver los peldaños en miniatura: cada grupo vivía a una altura distinta y construía de forma diferente.

05 Lo que sale de la arenisca

En el extremo sureste de la región, en el Beskid Sądecki, la arenisca de los Cárpatos guarda otra cosa: agua mineral cargada de gas natural. En polaco tiene nombre propio, szczawa, y es la razón de que en un puñado de valles se concentren pueblos balneario como Krynica-Zdrój, Muszyna, Żegiestów o Piwniczna-Zdrój.

En Krynica el agua sale por 13 manantiales y 30 pozos. Algunas de esas aguas, las llamadas de tipo Zuber, tienen una composición que los geólogos de la Universidad AGH de Cracovia describen como única en Europa: salen de una zona de fallas donde se mezclan aguas de lluvia con aguas muy antiguas que vienen de mayor profundidad.

Pabellón octogonal de madera oscura con tejado metálico y una linterna en lo alto, en un parque con árboles sin hojas y villas de madera al fondo.
El pabellón de la fuente Słotwinka, en Krynica-Zdrój. En estos pueblos el agua se bebe en sitios así, pensados para pasear de uno a otro.Henryk Bielamowicz / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

La vida en estos pueblos gira alrededor del agua: pabellones de madera donde se bebe de pie, paseos entre villas de madera y la costumbre de probar varias fuentes en el mismo día y comparar su sabor. Es un ritmo pausado, de tomar las aguas, que no se parece ni al del castillo sobre la peña ni al del pueblo agrícola del llano.

06 Un río que baja todos los peldaños

Hay un hilo que cose todos estos peldaños: el Dunajec. Nace en Nowy Targ de la unión de dos arroyos que bajan de los Tatras, atraviesa la meseta de Podhale, se abre paso por la garganta de los Pieniny, pasa por Stary Sącz y Nowy Sącz, donde recibe al Poprad, y después cruza las colinas, represado en Rożnów y Czchów, hasta desembocar en el Vístula al norte de Tarnów. En total recorre unos 247 kilómetros.

Seguir su curso es la forma más clara de entender la región. Arriba, el agua corre fría sobre granito y caliza alpina. En los Pieniny se encaja entre peñas de caliza. En la cuenca de Sącz pasa entre huertos. Y al final se pierde, lenta y ancha, en el mismo llano donde se pintan las casas de flores. Es el mismo río, pero cada tramo pertenece a un paisaje distinto.

07 Lo que se queda

Quien pasa unos días en Pequeña Polonia sin quedarse solo en Cracovia suele volver con una impresión de variedad comprimida. No porque haya muchas cosas que ver, sino porque cada hora de camino te cambia la roca bajo los pies, y con la roca cambian los tejados, los cultivos, lo que se bebe y la forma de estar al aire libre.

Lo que se queda es esa lógica. Cuando ves un castillo sobre una peña, sabes que estás en la caliza. Cuando ves campos subiendo por una ladera hasta casi la cumbre, sabes que estás en el flysch. Cuando ves flores pintadas en una pared blanca, sabes que estás en el fondo, sobre la sal. Y entiendes que esta región no es una provincia alrededor de una ciudad, sino una escalera en la que cada peldaño tiene su propia manera de vivir.

Worth the read?
Rate this guide
No ratings yet
Last updated · reviewed by the FlowTravel desk
MR

María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María Reyes busca la lógica física de cada lugar: por qué está donde está y por qué se vive como se vive.

Image credits