Puerto España gira alrededor de un óvalo de hierba.
Ciento diez hectáreas de césped con una carretera de tres kilómetros y medio alrededor, compradas en 1817 cuando aún eran cañaveral. La capital entera se orienta desde ese vacío.

01 De cañaveral a potrero y de potrero a parque
El terreno era una plantación de caña. En 1817 la ciudad se lo compró a la familia Peschier, que conservó dentro un pequeño cementerio familiar, y lo que había sido campo de cultivo pasó a usarse como pasto para el ganado.
Ese origen explica su forma. No es un parque diseñado con avenidas y parterres, sino una superficie abierta y prácticamente plana, sin más estructura que los árboles sueltos que crecieron después.
La ciudad creció a su alrededor sin invadirlo, y hoy el óvalo es el vacío que ordena todo lo demás: al sur queda el centro comercial y administrativo, al norte y al oeste los barrios residenciales.

02 Una rotonda de 110 hectáreas
Las cifras son las que sostienen el título. La superficie ronda las 110 hectáreas, unos 260 acres, y el camino que lo rodea mide alrededor de tres kilómetros y medio, todo él de sentido único.
Circular por él es la manera más rápida de entender la ciudad. Todo el tráfico del norte de la capital pasa por ese anillo, y las direcciones se dan en función de en qué punto del óvalo estás.
Para el peatón el efecto es distinto y mejor. Desde dentro no ves una rotonda: ves un descampado enorme con las montañas del norte al fondo y la ciudad reducida a una línea baja en el horizonte.

03 Las siete casas del borde oeste
En el lado oeste, en fila y mirando al parque, están las siete casas que la ciudad llama las Magníficas Siete. Se construyeron a principios del siglo XX, en el momento de mayor dinero del cacao, y cada una eligió un estilo distinto.
Hay un castillo de piedra con torreones, una casa de madera con encajes tallados, un edificio de aire colonial francés y una escuela con torre de reloj. Vistas juntas parecen un catálogo de arquitectura levantado a la vez por vecinos que competían.
El estado de conservación es desigual y algunas llevan años en obras. Aun así, recorrer esa acera es el paseo urbano más interesante de la capital y se hace en veinte minutos.

04 Para qué se usa
El óvalo no es decorativo: se usa. Los fines de semana se llena de partidos de fútbol y de críquet a la vez, sin líneas pintadas ni porterías fijas, y por la tarde se llena de gente caminando el perímetro.
En su lado sur está el escenario donde se celebran los grandes actos del calendario, incluida la final del certamen de bandas de acero. Durante esas semanas el parque se convierte en el mayor recinto del país.
El resto del año vuelve a ser lo que era: un descampado con árboles donde la ciudad respira. Esa alternancia entre vacío y lleno es lo que lo hace distinto de un parque cualquiera.
05 La ciudad se explica desde el óvalo
Puerto España es capital desde 1757, cuando el gobierno se trasladó desde San José de Oruña, tierra adentro, que estaba en mal estado. Desde entonces la ciudad ha ganado terreno al mar varias veces para hacer sitio al puerto.
Eso da una estructura clara: puerto y centro abajo, junto al agua; el óvalo verde en medio; y los barrios subiendo por las laderas del norte. Con esos tres elementos ya te orientas sin plano.
La ciudad propiamente dicha tiene poco más de treinta y siete mil habitantes, pero su área metropolitana ronda el medio millón. Es decir: casi nadie vive en el centro y casi todo el mundo pasa por él.





