Destino

Saint George's es un puerto dentro de un cráter.

La herradura de agua que ordena la capital de Granada no la excavó nadie: es un cráter volcánico que el mar acabó inundando. La ciudad se agarró a sus paredes y creció hacia arriba.

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Saint George's desde el fuerte: los tejados rojos bajando en escalones hacia el agua del puerto.
Saint George's desde el fuerte: los tejados rojos bajando en escalones hacia el agua del puerto.

01 La herradura

El puerto interior de Saint George's, conocido como el Carenage, tiene forma de herradura casi perfecta. La explicación no es de ingeniería sino de geología: es un cráter volcánico sumergido, abierto al mar por un extremo.

Eso lo cambia todo. El agua queda protegida por paredes empinadas en casi todo su perímetro, la profundidad llega enseguida y la ciudad tiene, desde cualquier punto de la orilla, una vista curva de sí misma al otro lado del agua.

El puerto interior de Saint George's con la ciudad de casas de colores curvándose alrededor del agua.
El Carenage: la ciudad se dispone en arco alrededor del agua del cráter inundado.Anneli Salo / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

02 Dos ciudades y una loma

Entre el puerto interior y la bahía abierta que hay al otro lado se levanta una loma coronada por Fort George, el fuerte que los franceses empezaron cuando fundaron el lugar en 1650. Esa loma parte la ciudad en dos mitades que se dan la espalda.

De un lado, el Carenage: muelles, almacenes, oficinas y el tráfico marítimo. Del otro, la Esplanade y el mercado, la parte comercial que mira al mar abierto. Ir de una a otra por arriba significa subir y bajar una cuesta considerable.

Fort George sobre su loma verde, con edificios de la ciudad al pie.
Fort George ocupa la loma que separa el puerto interior de la bahía abierta.giggel / CC BY 3.0  · CC BY 3.0

03 Los incendios que fijaron el color

La ciudad nació francesa, como Ville de Saint-Louis, y pasó a manos británicas en 1763. Poco después, dos incendios seguidos, en 1771 y 1775, arrasaron una ciudad construida en madera.

La respuesta fue una norma: a partir de entonces se construiría en ladrillo y piedra. De ahí viene el aspecto que tiene hoy, tan poco caribeño en el material y tan reconocible en el color: muros gruesos de piedra volcánica y ladrillo, y cubiertas de teja roja.

Tejados rojos de Saint George's escalonados por la ladera sobre el puerto.
Teja roja sobre muros de piedra: el resultado de la norma constructiva posterior a los incendios.Anneli Salo / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

04 Treinta y tres mil habitantes

El censo de 2012 dio a la capital unos 33.700 habitantes, y esa escala se nota en todo. No hay avenidas: hay calles estrechas que suben en diagonal, escaleras públicas entre manzanas y muros de contención por todas partes.

El crecimiento se ha resuelto hacia arriba, casa sobre casa por la ladera, hasta donde la pendiente lo permite. Vista desde el fuerte, la ciudad parece una grada que baja hacia el agua, y esa es exactamente su lógica.

Casas apiladas en la ladera de Saint George's, con tejados a distintas alturas.
La ciudad crece hacia arriba: cada casa se apoya en la cota de la siguiente.Boltique / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

05 La huella

Saint George's se recuerda por la combinación: agua verdosa quieta en el centro, casas de piedra con teja roja subiendo por las paredes del cráter y una loma con un fuerte encima que lo cierra todo por el oeste.

Es una ciudad diminuta, se cruza andando en media hora y no tiene nada monumental. Pero pocos sitios explican tan bien cómo un accidente geológico puede decidir la forma de una ciudad entera durante casi cuatro siglos.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María Reyes interpreta el carácter de los lugares a partir de sus ritmos, espacios y formas de vida cotidiana.

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