En Salta caen tres mil milímetros de lluvia en un extremo y cien en el otro
La provincia está ordenada en tres franjas paralelas: selva de montaña al este, valles secos en medio y puna al oeste. Entre la primera y la última hay treinta veces de diferencia en la lluvia, y una sola causa: las sierras que el aire tiene que cruzar.

Salta ocupa 155.488 kilómetros cuadrados y tiene algo más de 1,4 millones de habitantes. Pero lo que define a la provincia no es el tamaño: es que está organizada en franjas verticales, y que cruzarlas de este a oeste es pasar por tres mundos distintos en unas pocas horas de coche.
La causa de esa organización es el aire, y se puede seguir con el dedo sobre el mapa.
01 Tres franjas paralelas y una sola causa

El aire húmedo llega a Salta desde el este, desde la llanura del Chaco, que es plana y baja. Viaja sin obstáculos durante centenares de kilómetros hasta que se encuentra con el primer relieve: las sierras subandinas, el borde oriental de la provincia.
Ahí está obligado a subir. Al subir se enfría, al enfriarse no puede sostener el vapor que lleva y lo suelta en forma de lluvia y de niebla. Es el mecanismo más sencillo de la meteorología de montaña y aquí produce un resultado extremo.
Porque detrás de esa primera sierra hay otra, y otra, y el aire llega a cada una con menos agua que a la anterior. Para cuando alcanza el altiplano, ya no le queda prácticamente nada que soltar.
02 La primera sierra se queda con casi todo
La franja oriental se llama yungas, y es selva de montaña: un bosque nuboso denso, con varios pisos de vegetación superpuestos y helechos arborescentes. En el parque nacional Baritú, en el extremo norte, la lluvia llega al orden de 3.000 milímetros anuales.
En el parque nacional El Rey, más al sur y con 44.162 hectáreas, la cifra ronda los 2.000 milímetros. En conjunto, la región de las yungas recibe entre unos 900 y unos 2.500 milímetros según el punto y la altura.
Y la propia yunga está ordenada en pisos por la misma lógica. La selva pedemontana, entre unos 400 y 700 metros, recibe menos de mil milímetros; por encima de los 500 empieza la selva montana, y más arriba el bosque montano y el pastizal de altura.
03 El valle de en medio, que vive de lo que pasa
La franja central son los valles: el de Lerma, donde está la ciudad de Salta a 1.187 metros, y los Calchaquíes, más al oeste y más altos. Aquí la cifra baja de golpe.
La estación del aeropuerto de Salta registra 738,3 milímetros al año en 88,6 días de lluvia. Es una cuarta parte de lo que cae en Baritú, y la ciudad está a menos de doscientos kilómetros en línea recta.
Un paso más al oeste, en los valles Calchaquíes, el descenso continúa y el paisaje cambia de categoría: matorral espaciado, suelo desnudo entre mata y mata y la roca a la vista. La quebrada de las Conchas, camino de Cafayate, enseña los estratos en colores precisamente porque no hay vegetación que los cubra.
04 Y la puna, donde ya no llega nada

La franja occidental es la puna, el altiplano. La estación de San Antonio de los Cobres, a 3.775 metros, registra 103,9 milímetros de lluvia al año. Casi todo cae en verano: 44,0 milímetros en enero y 0,0 en julio.
Ciento cuatro milímetros es menos de lo que recoge el Sáhara en algunos puntos, y explica por qué aquí la vegetación es rala y baja, y por qué el suelo se ve entre planta y planta desde cualquier ángulo.
Las temperaturas completan el cuadro: en enero, la máxima media es de 20,4 grados y la mínima de 4,2; en julio, 11,9 y −7,7. Frío, seco y con la radiación de casi cuatro mil metros de altura.
05 Seis mil metros de recorrido vertical
La otra manera de medir la provincia es de abajo arriba. El extremo oriental, en la llanura chaqueña, está unos cientos de metros sobre el nivel del mar. El Nevado de Cachi, en el oeste, llega a los 6.356 metros.
Ese recorrido vertical de seis kilómetros es lo que hace que Salta funcione como un muestrario. Cada piso de altura tiene su vegetación, su temperatura y su régimen de lluvia, y los pisos están apilados uno encima de otro en lugar de repartidos por el continente.
Y explica una cosa que sorprende al llegar: que en el mismo día puedas estar en un bosque con lianas por la mañana y en un desierto de altura por la tarde, sin haber recorrido más de lo que se recorre entre dos ciudades vecinas en cualquier otro sitio.
06 Cómo se recorre
La primera consecuencia práctica es que las carreteras que valen la pena son las que cruzan las franjas, no las que van paralelas a ellas. Subir de este a oeste enseña el mecanismo entero en una jornada.
La segunda es que el cambio no es gradual. Entre la última ladera con selva y el primer valle seco hay a veces unos pocos kilómetros, y el corte se ve desde el coche: el bosque termina en una línea y detrás empieza el matorral.
Y la tercera afecta al equipaje. Recorrer Salta de punta a punta significa pasar de 25 grados y humedad alta a noches bajo cero a cuatro mil metros. No es un destino con un clima: es un destino con tres, y se visitan todos en el mismo viaje.




