Destino

San Salvador se ha reconstruido más de veinte veces.

Los españoles llamaron a este sitio Valle de las Hamacas por cómo se movía el suelo. Cinco siglos después, la capital sigue ahí, y su arquitectura cuenta esa historia mejor que cualquier museo.

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El volcán de San Salvador visto sobre la ciudad: la capital ocupa el valle a sus pies.
El volcán de San Salvador visto sobre la ciudad: la capital ocupa el valle a sus pies.

01 El valle que se mueve

La ciudad ocupa un valle a unos 658 metros de altitud, atravesado por fallas y encajado entre volcanes. Al oeste se levanta el volcán de San Salvador, cuyo macizo ronda los 1.890 metros; al este, la enorme caldera que hoy ocupa el lago de Ilopango, de unos 72 kilómetros cuadrados.

Los colonizadores españoles bautizaron el lugar Valle de las Hamacas, y no era una metáfora amable: describía la sensación de estar sobre un suelo que se balancea. La ciudad se trasladó a este emplazamiento en 1545 y desde entonces ha sido destruida o gravemente dañada más de veinte veces.

El cono del volcán de San Salvador elevándose sobre los barrios del norte de la ciudad.
El volcán cierra el horizonte al oeste y es visible desde casi cualquier punto de la capital.Xtremesv / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

02 Una ciudad sin edad

La consecuencia visible es que aquí no hay casco colonial. Los terremotos de 1854 y 1873 obligaron a rehacer la ciudad casi entera; el de 1917 llegó acompañado de una erupción; el de 1986 arrasó buena parte del centro administrativo, y los de 2001 volvieron a dañar el país.

Lo que se ve, por tanto, es un centro histórico de finales del siglo XIX y del XX: fachadas neoclásicas de la reconstrucción posterior a 1873, edificios racionalistas de los años treinta y cuarenta, y bloques de los cincuenta con esquinas curvas y rótulos pintados.

Fachada neoclásica de un edificio del centro de San Salvador, con pilastras y ventanas altas.
Fachada neoclásica del centro: el vocabulario de la reconstrucción de finales del siglo XIX.Erickssonr / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

03 Construir bajo y ancho

El sismo también dictó la forma. Durante siglo y medio se construyó bajo: una o dos plantas, muros anchos, patios y estructuras que absorben el movimiento. La ciudad creció a lo ancho, ocupando el valle, en vez de crecer hacia arriba.

El resultado es una capital extensa y de perfil plano, donde las torres son un fenómeno reciente y concentrado en muy pocas manzanas. Caminar el centro es moverse entre cornisas a la misma altura, con el cielo abierto por encima y el volcán al fondo de las calles que miran al oeste.

Edificio de esquina de dos plantas en el centro de San Salvador, con cables aéreos.
Dos plantas y esquina achaflanada: el tipo dominante del centro durante casi todo el siglo XX.S.Cacao / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

04 Del centro al poniente

La otra clave para entender la ciudad es su desplazamiento hacia el oeste. El centro histórico conserva el comercio popular, las plazas y los edificios institucionales, pero la vida de oficina, los hoteles y los restaurantes se fueron subiendo por la ladera hacia Escalón, Santa Elena y Santa Tecla.

Así que la capital funciona en dos velocidades: un centro denso, ruidoso y a pie de calle, y una franja alta más verde, más cara y pensada para el coche. Entre las dos hay unos pocos kilómetros y una diferencia de altitud que se nota en la temperatura.

Vista elevada de la Plaza Libertad, con parterres verdes y edificios bajos alrededor.
La Plaza Libertad, uno de los espacios abiertos que estructuran el centro histórico.Lexdjelectronic2013 / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

05 La huella

San Salvador tiene unos 526.000 habitantes en el municipio y más de dos millones en su área metropolitana, y no se parece a la idea que uno trae de una capital centroamericana histórica. No tiene patios coloniales ni calles empedradas: tiene un valle enorme, un volcán encima y una arquitectura que se rehízo cada vez que hizo falta.

Esa es, en realidad, su historia: no la de lo que se conservó, sino la de lo que se volvió a levantar. Se lee en el tamaño de los edificios, en la altura de las cornisas y en la costumbre local de mirar hacia el volcán antes que hacia el centro.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María Reyes interpreta el carácter de los lugares a partir de sus ritmos, espacios y formas de vida cotidiana.

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