01 Un agujero de kilómetro y medio

El volcán de San Salvador se levanta al oeste de la capital y su cima está ocupada por un cráter enorme, El Boquerón, de aproximadamente un kilómetro y medio de diámetro. El borde ronda los 1.800 metros de altitud, y desde ahí se ve el valle entero con la ciudad al fondo.

El nombre lo dice sin adornos: un boquerón es un boquete grande. La caminata desde el aparcamiento hasta el mirador es corta, y el efecto al asomarse es el de estar mirando un embudo forrado de vegetación, con paredes casi verticales.

Interior del cráter del Boquerón, con paredes cubiertas de vegetación y un cono en el centro del fondo.
El fondo del cráter: la vegetación ha cubierto las paredes y el cono interior queda en el centro.Jose Huwaidi / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 La laguna del fondo

Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, el fondo del cráter no estaba seco: contenía una laguna. La primera mención escrita conocida es de 1807, cuando el intendente Antonio Gutiérrez y Ulloa describió una pequeña laguna de aguas sulfurosas y márgenes áridos.

Se convirtió en una curiosidad local. Las postales de la época la muestran con una barca en el centro, y bajar al fondo del cráter a remar era una excursión que la gente hacía y que quedó documentada en fotografía.

Fotografía antigua en blanco y negro de una barca con varias personas sobre la laguna del cráter.
Postal antigua de la laguna del cráter del volcán de San Salvador, desaparecida en 1917.Correos de El Salvador / Dominio público·Dominio público

03 Junio de 1917

El 7 de junio de 1917 un fuerte terremoto sacudió la capital, y a continuación el volcán entró en actividad. La erupción no salió por el cráter principal, sino por un punto de la ladera norte, y produjo una colada de materiales que avanzó varios kilómetros en esa dirección.

Dentro del Boquerón pasó otra cosa. El calor asociado al episodio hizo hervir la laguna hasta evaporarla por completo. Cuando todo terminó, el fondo del cráter estaba seco, y llevaba encima algo que antes no existía.

04 El cono con diminutivo

En el lugar de la laguna se había formado un cono de materiales piroclásticos de unos 30 metros de altura y unos 120 de diámetro. Un volcán en miniatura, con su propio cráter, dentro del cráter de un volcán mucho mayor.

El nombre se lo puso el idioma, no la geología: Boqueroncito. Es de esos diminutivos que resumen una relación entera con un lugar, y explica bastante bien cómo se convive aquí con un volcán que sigue considerándose activo aunque no entre en erupción desde entonces.

Vista de la ladera interior del Boquerón cubierta de vegetación densa hacia el fondo del cráter.
La ladera interior del cráter: un siglo después de 1917, la vegetación lo ha cubierto casi todo.House1090 / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

05 Cómo verlo

El cráter está protegido como Parque Nacional El Boquerón y se llega en coche por una carretera que sube desde Santa Tecla, en unos tres cuartos de hora desde el centro de la capital. Desde el aparcamiento hasta el mirador hay pocos minutos de paseo llano.

Sube por la mañana. La nube se instala sobre la cima a partir del mediodía casi todo el año y puede borrar el cráter entero en cuestión de minutos. Y lleva una capa de abrigo: a 1.800 metros hace bastante más fresco que abajo.

El volcán de San Salvador visto de lejos, azulado sobre la vegetación en primer término.
El volcán desde el valle: la cima plana corresponde al borde del cráter.Daniel Chávez Castro / CC BY 3.0·CC BY 3.0

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes rastrea los detalles que explican un lugar mejor que su descripción oficial.