Este viaje no es para quien quiere ver masías perdidas ni bodegas del Priorat. Es para quien se aloja en un sitio, deshace la maleta una sola vez y sale cada día a un lugar distinto sin conducir. Funciona especialmente bien si viajas en pareja o solo, si te molesta buscar aparcamiento en ciudades históricas y si prefieres leer o mirar por la ventanilla a estar pendiente de una carretera.

Tren de cercanías blanco y naranja detenido junto a un andén vacío, con un edificio de estación de color amarillo, palmeras y catenaria sobre las vías.
Un tren de Rodalies en la costa del Maresme. La línea R1 hace veintisiete paradas en 109 minutos siguiendo el mar.Peter elektro / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

01 Lo que hay realmente montado

Rodalies de Catalunya presta servicio en 203 estaciones a través de 17 líneas, centradas sobre todo en Barcelona, con una media de unos mil trenes diarios. No es un metro ampliado: es una red regional que cubre buena parte del país habitado.

Las líneas que importan para un viaje se entienden en una frase cada una. La R1 sube por la costa del Maresme hasta el límite sur de la provincia de Girona, con veintisiete paradas en 109 minutos, todas ellas junto al mar. La R2 es el eje norte-sur del área metropolitana y baja hasta el norte de la provincia de Tarragona pasando por Barcelona. La R4 hace una U por el interior: sube desde Tarragona por el Alt Penedès, cruza Barcelona y sigue hacia la Cataluña central. Y la R3 es la que va hacia el Pirineo.

Cómo encaja este viaje
Densidad de la red 203 estaciones y 17 líneas, con unos mil trenes al día
Llegar a la montaña sin coche Montserrat y Núria tienen cremallera propio; a Núria no llega ninguna carretera
Coste del transporte Cercanías y regionales son baratos frente a alquiler, gasolina y aparcamiento
Ciudades bien conectadas Girona en unos cuarenta minutos y Figueres en menos de una hora en los servicios rápidos
Margen ante retrasos La red de cercanías tiene incidencias con frecuencia: conviene no encadenar enlaces justos
Alcance del interior rural Masías, Priorat y calas pequeñas quedan fuera del alcance del tren

02 Una base y una salida cada mañana

La lógica del viaje es la de la base fija. Barcelona es la opción evidente porque todo sale de allí, pero no la única: Girona funciona igual de bien si prefieres una ciudad pequeña, con la costa y el Pirineo a un lado y Figueres al otro.

Fila de casas de colores construidas sobre el borde del cauce de un río estrecho, con galerías y balcones asomados al agua y dos torres de piedra por encima de los tejados.
Las casas del Onyar, en Girona. En los servicios más rápidos, la ciudad está a unos cuarenta minutos de Barcelona.Richard Mortel / CC BY 2.0·CC BY 2.0

Desde Barcelona, la propia Girona está a unos cuarenta minutos en los servicios rápidos, y Figueres —con el museo de Dalí a un paseo de la estación— queda por debajo de la hora en los mejores trenes, con unos dieciocho servicios al día. Tarragona, hacia el sur, tiene el conjunto arqueológico romano declarado patrimonio mundial, con el anfiteatro asomado al mar a diez minutos a pie del casco antiguo. Y hacia el sur inmediato, Sitges está en la línea de cercanías: es la playa a la que se llega sin plantearse nada.

Anfiteatro romano de gradas de piedra excavado en la ladera junto al mar, con restos de muros en el centro de la arena y el Mediterráneo azul al fondo.
El anfiteatro romano de Tarragona, con el mar detrás. Está a diez minutos a pie del casco antiguo y se llega en tren desde Barcelona.ほっきー / CC0·CC0

03 Las dos montañas a las que se llega en tren

Aquí está la parte que casi nadie espera. Montserrat, la montaña de roca conglomerada que se ve desde media Cataluña, se alcanza tomando la línea R5 de los Ferrocarrils de la Generalitat en la plaza de España de Barcelona hasta Monistrol de Montserrat, y allí un cremallera sube en quince minutos hasta arriba.

Tren verde de dos coches detenido en una vía al pie de una ladera boscosa muy empinada, con andén elevado a la derecha y raíl central de cremallera entre los carriles.
El cremallera de Montserrat. Sube en quince minutos desde Monistrol, donde enlaza con la línea R5 que sale de plaza España.Jordiferrer / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

El segundo caso es más radical. La Vall de Núria, en el Pirineo de Girona, no tiene carretera: el punto más alto del valle al que llega el asfalto es Queralbs, y a partir de ahí el único acceso es el cremallera —o un sendero de montaña—. Son 12,5 kilómetros que salvan mil metros de desnivel en cuarenta minutos desde Ribes de Freser, hasta los 2.000 metros. Es probablemente el único sitio de Europa occidental donde llegar sin coche no es una alternativa: es la norma.

Las dos salidas comparten una virtud práctica. Como no hay aparcamiento que buscar ni conducción de montaña que gestionar, el día se planifica solo con horarios, y los horarios se consultan antes de salir del alojamiento.

04 Dónde deja de funcionar

Conviene decirlo con claridad, porque es la diferencia entre un viaje que sale bien y uno que se resiente. El tren cubre las ciudades, la costa y dos montañas concretas. No cubre el país rural. Las masías del interior, las bodegas del Priorat, las calas pequeñas del Empordà a las que se llega por pista y las colonias industriales del alto Llobregat necesitan coche o autobús, y en algunos casos las dos cosas.

Hay una solución intermedia que funciona: hacer el viaje en tren y reservar uno o dos días de coche de alquiler para lo que no llega. Sale más barato que tener el coche parado una semana y evita el peor escenario, que es conducir por el centro de Girona o de Tarragona buscando una plaza.

El otro límite es de fiabilidad. La red de cercanías tiene incidencias con frecuencia, y un enlace calculado al minuto entre dos trenes es una mala idea. Deja margen, sobre todo si el segundo tramo es un cremallera con salidas espaciadas.

05 Una semana, sin conducir

Un reparto que funciona: dos días para la ciudad base, sin tren; un día a Girona y, si el cuerpo aguanta, Figueres en el mismo billete; un día a Montserrat, que ocupa la mañana entera y deja la tarde libre; un día largo a Núria, que se come el día completo y lo compensa; un día a Tarragona; y un día de playa en la costa del Maresme o en Sitges, según de qué lado de Barcelona estés.

Lo que se gana con esto no es solo comodidad. Es que el trayecto deja de ser tiempo perdido. La R1 va literalmente pegada al mar durante casi dos horas, y el cremallera de Núria sube por un valle que no se ve desde ninguna carretera. En un viaje en coche esos dos tramos serían desplazamiento; aquí son parte de lo que has venido a ver.

Evalua este articulo

Tu voto ayuda a priorizar que historias editar despues.

Sin votos todavia
SN

Sofía Navarro

Editora de Made For You · Flowtravel

Sofía Navarro empareja destinos con maneras de viajar, y dice también para quién no funcionan.