01 Una reserva con puerta a la calle
La reserva de fauna de Gaborone ocupa unas seiscientas hectáreas al este del centro y está abierta desde 1988. No hay que salir de la ciudad para llegar: se conduce por asfalto urbano, aparece un portón de techumbre vegetal con un cartel de bienvenida, y del otro lado empieza la pista de arena.


02 El segundo círculo
A diez kilómetros al sur está Mokolodi: treinta kilómetros cuadrados de terreno donado, en funcionamiento desde 1994, gestionados por una fundación privada sin ánimo de lucro. Ahí la escala cambia. Circulan en libertad jirafa, cebra, rinoceronte blanco del sur, kudú, impala, hipopótamo, cocodrilo del Nilo, leopardo e hiena parda.
Conviene decir también lo que no es libre: el guepardo y el licaón viven en recintos grandes pero separados. Hay además un parque de reptiles, con mamba negra y víbora bufadora entre otras especies, y una jaula con buitres rescatados. La manada de rinoceronte blanco forma parte de un programa nacional de cría que reconstruye la población del país.
El objetivo declarado de la fundación no es el turismo: es la educación ambiental, y buena parte de quien pasa por allí son escolares del país.

03 El cerro, a pie
La tercera pieza no cuesta nada y no necesita coche. El cerro Kgale se levanta hasta los 1.287 metros en el borde suroeste de la ciudad, lo llaman «el gigante dormido», y tiene tres senderos hasta la cima. La subida se hace en aproximadamente una hora, y por el camino es habitual cruzarse con grupos de babuinos.
Arriba se entiende de golpe la ciudad entera: una superficie completamente plana que llega hasta el horizonte, sin apenas altura construida, y al otro lado el embalse. Es la vista que ordena todo lo demás, y por eso conviene hacerla el primer día, no el último.
El embalse añade una capa distinta: hay un club náutico en el extremo norte y un club de pesca en el sur, y sin embargo bañarse está prohibido por la presencia de cocodrilos y por el riesgo de bilharziosis. Navegar sí, nadar no. Es una de esas normas que describen un lugar mejor que cualquier folleto.
04 Lo que esto no es
Hay que decirlo claro para que nadie se lleve un chasco: esto no es el delta del Okavango ni Chobe. Esos destinos están muy al norte del país, son otro viaje, otro presupuesto y otra logística. Confundirlos es el único modo de salir decepcionado de aquí.
Lo que sí es: una capital llana de 246.325 habitantes, con dos reservas y un cerro al alcance de un coche de alquiler, a quince kilómetros de la frontera sudafricana, donde puedes ver fauna a media mañana y estar comiendo en el centro a la una. Si esa combinación es lo que buscabas, hay muy pocos sitios en el continente que la den con tan poco esfuerzo.
Una última recomendación, que es de calendario. Ven en mayo, agosto o septiembre. Con el matorral pelado se ve a través de él y los animales se concentran donde hay agua; en enero, con 94,2 milímetros de lluvia y la vegetación cerrada, están igual pero no los encuentras. Y evita octubre, que en un año de lluvia normal es el mes más caluroso del año.




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