Hay muchas rutas ciclistas con vistas al mar. Esta es distinta porque el mar no está al lado: está debajo. Durante buena parte del día pedaleas a decenas de metros sobre el agua, con barcos pasando por el estrecho justo bajo las ruedas.

01 Setenta kilómetros por encima del agua

La ruta enlaza seis islas del mar interior y termina en la costa de la isla vecina. La carretera mide 59,4 kilómetros y contiene 55 puentes; el itinerario para bicicletas es algo más largo porque no sube en línea recta a cada tablero, sino dando vueltas.

El perfil es amable. No hay puertos de montaña, y el desnivel se concentra en las subidas a los puentes, que están calculadas para bicicleta. El esfuerzo del día no está en la pendiente: está en la distancia y en el viento.

Entre puente y puente se pedalea por las islas, y ahí el trazado es carretera normal, compartida con coches, con una línea azul pintada en el asfalto que marca el camino. Es cómodo y está bien señalizado, pero conviene saberlo: no es un carril bici de principio a fin.

02 El primer puente no se cruza

Aquí está la primera sorpresa logística. El puente que une la costa con la primera isla tiene una subida dura y no está pensado para ciclistas, así que lo normal es no cruzarlo: se toma un transbordador desde el centro de Onomichi.

La travesía es mínima: cuesta 110 yenes por adulto con bicicleta y hay varios operadores. En la práctica funciona como una cinta transportadora, con salidas frecuentes y sin reserva.

Ese pequeño rodeo cambia el arranque del día para bien. Empiezas cruzando el canal a ras de agua, entre astilleros y grúas, y solo después subes a la primera plataforma. El contraste entre las dos escalas del mar, la del transbordador y la del puente, es una de las mejores cosas del recorrido.

03 Un carril colgado bajo la calzada

Pasillo recto y vacío para bicicletas y peatones bajo la estructura metálica de un puente, con barandillas a los lados, franja verde a la izquierda y el asfalto perdiéndose en la distancia
El paso de bicicletas y peatones en uno de los puentes: va por debajo de la calzada de los coches, dentro de la propia estructura metálica.Tanamy / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

En los puentes, el tratamiento de la bicicleta no es una franja pintada al borde del tráfico. En unos casos el paso va en un nivel propio, colgado por debajo de la calzada y dentro de la estructura; en otros discurre a un lado, separado físicamente de los coches.

La sensación es rara y muy buena: circulas por un pasillo silencioso, con el tráfico por encima de la cabeza y el estrecho abriéndose entre los montantes. En algunos puentes el pasillo es tan recto y tan largo que se pierde de vista.

Rampa curva de hormigón sobre pilares que desciende entre la vegetación de una ladera hacia la costa, con el mar en calma, un faro blanco y varias islas al fondo
Una de las rampas de acceso: describe una curva larga por la ladera para ganar la altura del tablero con una pendiente suave.redlegsfan21 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

Para llegar hasta ahí están las rampas, que son el detalle de diseño que más se agradece. En vez de atacar la altura de frente, trazan curvas largas por la ladera, de modo que subir cuarenta o cincuenta metros se hace sin salir del plato pequeño.

¿Cómo encaja este viaje contigo?
Señalización y orientación Línea azul continua en el asfalto y carril propio en los puentes
Exigencia física Unos 70 kilómetros llanos, con las rampas de cada puente como único desnivel
Logística de la bicicleta Una decena de terminales de alquiler y devolución en otro punto
Protección del calor Los tableros no tienen sombra y agosto llega a 32,8 grados de máxima
Flexibilidad meteorológica Viento lateral en los puentes y 506,3 milímetros entre junio y julio

04 Cuatro mil ciento cinco metros de puente

El más impresionante está al final del recorrido y mide 4.105 metros. No es un puente colgante, sino tres encadenados, con seis torres y cuatro anclajes, y un anclaje compartido que une cada tramo con el siguiente.

A mitad de camino está el otro, un atirantado de 1.480 metros con un vano central de 890 y torres de 220 metros en forma de i griega invertida. Cuando se abrió, en 1999, era el atirantado de mayor vano del mundo, y lo fue hasta 2008.

Tres puentes colgantes seguidos, seis torres y cuatro anclajes: cuatro kilómetros largos sin tocar tierra.

Ese detalle importa para el viaje, y no solo por la foto. Un tablero de cuatro kilómetros sin salida intermedia significa que, una vez arriba, se cruza entero. Si hace viento, se cruza con viento; si aprieta el sol, no hay sombra hasta la otra orilla.

05 El peaje, el alquiler y la vuelta

Caseta de peaje con marquesina curva sobre un carril de bicicletas pintado de verde, junto a la torre blanca y los tirantes de un puente atirantado
El peaje de bicicletas a la entrada del carril de uno de los puentes, con la torre y los tirantes justo detrás.キングカワイソス / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Los puentes tienen peaje también para bicicletas, en torno a 500 yenes por el conjunto del recorrido, y se cobra en casetas a la entrada de cada carril. Ahora bien, ese peaje está exento para ciclistas hasta el 31 de marzo de 2028 como medida de promoción, así que conviene comprobar la situación antes de salir.

El alquiler es la parte fácil. Hay alrededor de una decena de terminales repartidas por la ruta y puedes devolver la bicicleta en una distinta de donde la cogiste, que es lo que permite hacer el recorrido en un solo sentido sin volver sobre tus pasos.

La excepción es el material bueno. El operador de bicicletas de carretera solo tiene dos terminales, exige reserva previa para la devolución en el otro extremo y cobra un suplemento de 3.300 yenes por ese servicio. Si quieres una bicicleta ligera y terminar en la otra isla, entra en el presupuesto.

06 Cómo montarlo

La versión estándar es un día: salida temprana desde Onomichi, transbordador, y llegar a la costa de enfrente por la tarde. Es un recorrido que un ciclista con costumbre completa sin apuros, pero con paradas, comida y fotos ocupa la jornada entera.

La versión que casi siempre sale mejor son dos días, durmiendo en una de las islas intermedias. Reparte los kilómetros, permite desviarse del trazado principal por carreteras de costa y, sobre todo, permite estar en los puentes a primera y a última hora, que es cuando la luz vale la pena.

Y dos avisos concretos. El primero, el mes: octubre y noviembre dejan 7,1 y 6,9 días de lluvia, frente a los 11,9 de junio, y evitan el calor de agosto. El segundo, la vuelta: la ruta termina en otra isla grande, así que decide antes de salir si regresas en autobús, en barco o durmiendo allí, porque improvisarlo al final del día cansado sale caro.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Made For You · Flowtravel

Sofía Navarro empareja viajes con personas: qué encaja con quién y, sobre todo, con quién no.