01 El agua es la carretera
Lo primero que hay que entender es que la piragua no es una excursión. Es transporte público. Las barcas van cargadas de gente que va a trabajar, a vender o a su casa, y el viajero que se sube ocupa un sitio más en la fila, no un asiento reservado.
Los momentos clave de un vistazo
16 mm en todo el mes y 27 °C. La laguna baja y estable.
44 mm entre dos estaciones de lluvias, y el mes más fresco del año.
La laguna crecida y la ciudad, a 38 metros de altitud, sin desagüe.

02 Las aldeas del otro lado
En la orilla opuesta y en los brazos de la laguna hay asentamientos que viven con el agua a la puerta: casas de una y dos plantas al borde mismo del talud, piraguas amarradas donde en otro sitio habría un coche, y campos de jacinto de agua cubriendo los bajíos.
Los cercados de estacas que se ven desde el puente no son cultivos: son trampas de pesca, y ocupan kilómetros de orilla.

03 Cómo repartir los días
Día uno, el agua. Cruza por la mañana, cuando salen las barcas cargadas, y vuelve a última hora. Entre medias, la orilla opuesta y los brazos de la laguna. No hace falta un itinerario: el trayecto es el plan.
Día dos, la calle. El casco es pequeño y llano, y lo que hay que hacer es caminarlo despacio mirando fachadas: frontones moldeados, contraventanas de librillo y fechas grabadas en los dinteles. De paso, los tres museos de la ciudad: el etnográfico, el Honmé y el Da Silva.

Día tres, repite el que más te haya dado. Si fue el agua, vuelve a cruzar a otra hora; si fue la calle, camina los mismos tramos con otra luz. Tres días es lo que pide esta ciudad: menos se queda corto y más se hace largo.
04 Lo que hay que aceptar
Lo primero, el mes. Diciembre y enero, o agosto. En junio caen 370 milímetros sobre una ciudad llana a 38 metros de altitud y pegada a una laguna: no es una incomodidad, es una condición distinta del terreno.
Lo segundo, la escala de las expectativas. Porto-Novo no tiene una atracción de primera línea, y la ciudad grande y con vida de la zona es Cotonú, a treinta kilómetros. Si vienes esperando una capital en el sentido habitual, te vas a llevar un chasco.
Y lo tercero, la información. Es un destino sobre el que se ha publicado poco: no hay inventario del patrimonio construido, ni cifras de la comunidad afrobrasileña, y las propias obras de referencia advierten de que la historia temprana de la ciudad es imprecisa. Vas a tener que mirar tú.
Si encajas en el perfil, el argumento cabe en una frase: vas a cruzar una laguna en la barca en la que cruza todo el mundo, en una capital de trescientos mil habitantes que casi nadie visita, y a caminar después un casco donde las casas llevan su propia fecha escrita en la puerta.




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