01 La isla que casi nadie visita

Cabo Verde son diez islas, y el turismo internacional se concentra casi entero en dos de ellas, planas y arenosas, en el extremo oriental del archipiélago. Santiago es otra cosa: 991 kilómetros cuadrados, 54,9 de largo por 28,8 de ancho, montañosa en el centro y en el norte, con un pico de 1.392 metros y la mitad de la población del país viviendo encima.

Qué esperar de este viaje, medido en lo que le importa a quien evita el circuito de playa.
Masificación El turismo del país está en otras dos islas
Paisaje de montaña Pico de 1.392 m y dos parques naturales en el interior
Continuidad del viaje Ferris directos a Maio, Fogo y São Vicente
Fiabilidad de horarios El barco sale cuando sale; no cuentes con enlaces ajustados
Monumentalidad urbana Un casco decimonónico pequeño sobre una meseta
Dependencia del mes De 0,0 mm en abril a 75,3 en septiembre

02 Hacia dentro y hacia arriba

El plan que justifica el viaje empieza saliendo de la ciudad hacia el interior. En el centro de la isla está el macizo del Pico de Antónia, con su parque natural, y en el norte la Serra Malagueta, entre Assomada y Tarrafal, con el suyo. Entre los dos protegen el 3,68 % de la isla: no es mucha superficie, pero es donde está la altura.

El contraste climático dentro de una isla de 55 kilómetros es la parte que sorprende. El interior y la costa este reciben más agua y están arbolados; el sur y el suroeste quedan a sotavento de las tierras altas centrales, en su sombra de lluvia, y son áridos. Se puede pasar de un barranco lleno de plataneras a una ladera pelada en veinte minutos de coche.

Población baja al pie de un cerro de cima plana: la ladera del fondo es de roca y tierra parda con matorral disperso y una antena en lo alto, y termina arriba en una superficie horizontal; abajo, entre palmeras y árboles verdes, se agrupan casas de una y dos plantas con tejados de teja naranja y azoteas encaladas, una calle que sube hacia el centro y una torre blanca de campanario a media altura; el cielo está azul y sin nubes.
Ribeira Grande, hoy Cidade Velha, al oeste de la capital: el primer asentamiento de la isla, al pie de una meseta.Ji-Elle / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Cinco días dan para la capital, el interior, el norte y Cidade Velha, y sobra tiempo. La isla entera cabe en un día de conducción.

03 El puerto como puerta

La segunda mitad del argumento está en el muelle. El puerto de Praia es el segundo más usado del país y tiene terminal de pasajeros, con rutas directas de ferri a Maio, a Fogo y a São Vicente. Es decir: puedes llegar en avión y seguir en barco, que es como se ha movido siempre la gente entre estas islas.

Y aquí conviene una advertencia honesta: los horarios marítimos de este archipiélago no funcionan como un billete de tren europeo. Se confirman sobre el terreno, cambian y a veces se caen. Si vas a saltar de isla, deja margen. Si tienes un vuelo de vuelta ajustado, vuelve a Praia con un día de sobra.

Vista sobre una hondonada de la ciudad hacia el mar: en primer plano y en el centro, una masa densa de palmeras, acacias y matorral que llena el fondo del valle, con una nave de cubierta azul y una casa de tejado rojo entre la vegetación; a izquierda y derecha, sobre el terreno llano, edificios blancos de varias plantas al borde del acantilado; al fondo, la línea de rompientes y el Atlántico gris azulado bajo un cielo brumoso.
La ciudad llega al acantilado por los dos lados y deja el barranco arbolado en medio. Aquí abajo sí hay una playa.Rui Carita / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Lo que hay que aceptar

Lo primero, el mes. Agosto y septiembre reúnen 129,9 de los 176,9 milímetros que caen en todo el año, la humedad sube al 76 %, y septiembre es el mes con menos sol después de agosto. El resto del calendario es prácticamente seco. Noviembre es el mejor mes; de marzo a mayo, el más luminoso.

Lo segundo, la escala urbana. Praia no es una capital monumental: es un casco decimonónico pequeño sobre una meseta y una ciudad de trabajo alrededor, repartida sobre otras mesetas. Si tu criterio para juzgar una capital es el número de cosas que visitar, esta te va a parecer poca.

Y lo tercero, la topografía. La ciudad está construida sobre mesetas separadas por barrancos, y eso significa que ir de un barrio a otro casi nunca es llano. No es un problema si lo sabes; es un fastidio si esperabas un paseo marítimo.

Playa larga y vacía de arena gris parda vista desde un alto: la orilla describe una curva suave hacia la derecha, con la espuma de una rompiente baja y regular; a media distancia, un espigón de hormigón y madera entra en el agua y hay unas barcas varadas en la arena; al fondo a la derecha, un caserío blanco sobre una punta baja; y a la izquierda, mar en calma con un islote llano de bordes cortados y un buque fondeado en el horizonte, todo bajo una calima gris.
La playa de la capital, con el islote de Santa María enfrente. Existe, y suele estar así de vacía.Cayambe / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Si el perfil encaja, el argumento es este: llegas a un archipiélago atlántico por la puerta que casi nadie usa, te instalas en la isla donde vive la mitad del país, subes a un pico de 1.392 metros, escuchas la música que se toca sobre una tela, y si te apetece sigues en barco a la isla siguiente. Doce días de lluvia al año no te van a estropear ninguna de esas cosas.

Rate this article

Your vote helps prioritize what we edit next.

No votes yet
SN

Sofía Navarro

Editora de Hecho Para Ti · Flowtravel

Sofía empareja viajeros con destinos, y dice cuándo no encajan.