Hay un tipo de viajero que ha dejado de elegir destino y ha empezado a elegir termómetro. No busca monumentos ni gastronomía: busca poder salir a la calle a mediodía en agosto. Si te reconoces en eso, la orilla norte del San Lorenzo está hecha para ti y casi nadie te lo va a proponer.
01 Las cifras que importan
El mes más caluroso del año en esta costa es julio, y su máxima media es de 21,3 grados. No la máxima de un día suave: la media de las máximas del mes más caluroso. La mínima media de ese mismo mes es de 10,7.
Agosto es prácticamente igual, con 20,7 de máxima media y 9,9 de mínima, y añade lo mejor del año en luz: 238 horas de sol y la proporción de sol posible más alta, un 53,5 %. Julio suma 244 horas, la cifra máxima del calendario.
Lo que cambia esas cifras en una experiencia, y no en un dato, es la noche. Dormir con diez grados fuera, sin aire acondicionado y con la ventana abierta, es exactamente lo que no se puede hacer en la mitad de las ciudades del hemisferio norte entre junio y septiembre.
02 Qué te da y qué no
03 La ruta
La estructura que mejor funciona son dos o tres bases sobre la orilla norte, encadenadas de oeste a este. La primera, en la desembocadura del fiordo del Saguenay: tres o cuatro noches, con salidas al agua, senderos sobre el fiordo y miradores desde tierra.

La segunda, más al este por la carretera de la costa: dos o tres noches en un tramo de faros, playas de canto rodado y pueblos muy pequeños. Es la parte del viaje en la que no hay nada programado y en la que se para donde apetece.

Y una tercera opcional, tierra adentro, subiendo hacia el escudo canadiense: bosque, lagos y carreteras vacías. Es el tramo que convence a quien pensaba que Canadá era un país de ciudades con un parque nacional al lado.
04 El error de equipaje
Casi todo el mundo que viene huyendo del calor comete el mismo fallo: hace la maleta de un verano. Y aquí un verano de veintiún grados de máxima con diez de mínima significa que a las nueve de la noche hace fresco de verdad, y sobre el agua, más.
Lo que funciona son capas: camiseta, forro polar o jersey fino y una chaqueta impermeable con capucha. Y calzado que aguante mojarse, porque julio es el mes con más precipitación del año, 110,8 milímetros repartidos en casi dieciséis días con lluvia.
05 Lo que hay que aceptar
Lo primero es que huir del calor tiene un precio y es la luz. Ningún mes del año supera el 53,5 % de sol posible, así que aproximadamente la mitad de las horas de luz están nubladas. Si vienes de un sitio donde el verano es sol permanente, esto se nota.
Lo segundo es que hay playa pero no baño. La arena es preciosa y las dunas también, pero el agua del estuario está fría los doce meses del año. Si tus vacaciones de verano se miden en horas de agua, este no es tu destino.
Y lo tercero es que el coche no es negociable. Fuera del corredor del río, el transporte público apenas existe, y las distancias entre pueblos con servicios se miden en decenas de kilómetros. Sin coche, el viaje se reduce a un par de bases y se pierde justo lo que lo hace valioso.




