Casi todo el mundo que planea su primer viaje a Australia se topa con el mismo muro: la lista de sitios imprescindibles está repartida por un país del tamaño de un continente, y unirlos significa tres o cuatro vuelos internos, con lo que cuestan y con los días que se comen.
Tasmania es la respuesta a ese problema concreto. No es Australia entera, y no pretende serlo, pero concentra en 68.402 kilómetros cuadrados una variedad de paisaje que en el continente exigiría cruzar medio mapa.
01 El problema que resuelve
La isla mide unos trescientos kilómetros de oeste a este, y esa anchura contiene dos climas opuestos. En la costa occidental caen 1.496,6 milímetros de lluvia al año y hay bosque templado húmedo permanente. En el sureste, la capital recibe 565,3: menos de la mitad.
Para quien viaja eso significa algo muy práctico: puedes desayunar en una ciudad con clima seco, comer junto a una playa de granito naranja y dormir al pie de una montaña de 1.617 metros, y el desplazamiento total del día cabe en unas horas de coche.

02 Cómo de bien encaja
Antes de reservar conviene ver dónde brilla este destino y dónde no llega, porque hay dos puntos en los que Tasmania rinde por debajo de lo que la gente espera de Australia.
03 Las tres bases
La estructura que mejor funciona en ocho o diez días es la de tres bases y nada de cambiar de hotel cada noche. La primera es la capital, en el sureste: tres o cuatro noches, con la montaña que la domina al lado y excursiones de día a la península del sur.
La segunda es la costa este: dos o tres noches en la mitad seca de la isla, con bahías de arena blanca y bloques de granito cubiertos de liquen naranja. Es el tramo más fácil de conducir y el que más se disfruta sin prisa.

La tercera es el parque de montaña del noroeste: dos noches. Aquí el clima cambia por completo, porque ya estás en el lado que recibe el viento del océano. Cuenta con lluvia y con temperaturas más bajas aunque sea verano.
04 El coche y las cuentas
El coche no es una comodidad, es el requisito. Se recoge en el aeropuerto de llegada y se devuelve al final; si entras por una ciudad y sales por otra, comprueba antes el recargo por devolución en distinto punto, que en una isla pequeña puede ser alto.
Dos gastos que la gente olvida. El primero es el pase de parques nacionales: hay un pase de vehículo por periodo que sale mucho más barato que pagar entrada suelta en cada parque, y con esta ruta vas a entrar en varios.
El segundo es el alojamiento en temporada alta. De diciembre a febrero la isla se llena de visitantes del continente, y en los pueblos de la costa este y junto a los parques hay poca cama disponible. Si viajas en esos meses, reserva con antelación real.
05 Lo que hay que aceptar
Lo primero es el tiempo. Aquí no existe una estación seca fiable: en la capital la lluvia se reparte entre 37 y 63 milímetros mensuales sin un solo mes claramente seco, y en la costa oeste llueve los doce meses. Un chubasquero en la mochila, siempre.
Lo segundo es la escala urbana. Si vienes esperando el bullicio de una gran capital australiana, te vas a llevar una sorpresa: aquí las ciudades son pequeñas, cierran pronto y la vida gira alrededor del puerto y del mercado, no de la noche.
Y lo tercero es que este viaje se disfruta despacio. La tentación de encajar la isla entera en una semana existe, pero el valor de venir aquí es justamente el contrario: son distancias cortas para poder pararse, no para hacer más kilómetros.




