Hay ciudades que se visitan y ciudades que se recorren. Segovia pertenece claramente al segundo grupo, y no por virtud turística: porque su forma no deja otra opción. El casco antiguo ocupa un espolón estrecho entre dos ríos, y en un espolón no hay atajos.

01 La ciudad es un eje, no un plano
La distancia entre el acueducto, en el extremo bajo, y el Alcázar, en la punta, es de poco más de un kilómetro. Eso significa que no hay que planificar: se entra por un lado y se sale por el otro. Lo que sí conviene planificar es cuántas veces quieres hacer ese trayecto, porque no es plano y a 1.005 metros la subida se nota.
02 La segunda planta está abajo
La parte que separa a quien camina de quien visita es la bajada al valle del Eresma. Ahí abajo están el paseo del río, la antigua fábrica de moneda de 1583, los molinos y la iglesia de la Vera Cruz, de planta dodecagonal y consagrada en 1208. Se hace en unas dos horas de paseo tranquilo, con una vuelta final cuesta arriba.

Es también la única parte del viaje donde estarás casi solo. Los grupos organizados no bajan porque no hay forma de bajar en autobús y volver a tiempo. Si buscas una ciudad monumental sin la sensación de estar haciendo cola, esta es la hora y el sitio.
Arriba se ve Segovia. Abajo se entiende por qué está ahí.
03 Llegar sin coche y quedarte
El tren desde Madrid-Chamartín hasta Segovia-Guiomar tarda unos 27 minutos, con hasta trece frecuencias diarias. La estación queda a las afueras: la línea 11 de autobús urbano deja junto al acueducto en unos quince minutos y cuesta unos dos euros. A partir de ahí, el coche estorba más de lo que ayuda.
La decisión que de verdad cambia el viaje es dormir dentro del recinto. Segovia recibe muchísima visita de un solo día, y a media tarde el flujo se invierte: los autobuses salen y las calles del eje se quedan sin nadie. Quien se queda tiene, durante unas horas, una ciudad de 52.000 habitantes para sí.

04 Aquí el reloj lo pone la comida
Conviene saberlo antes de organizar el día: el plato de la ciudad es el cochinillo asado, y es una comida de mediodía y de mesa larga. La marca de garantía local exige animales de un máximo de veintiún días, entre 4,5 y 6,5 kilos de peso vivo y alimentados solo con leche materna. No es un tentempié entre dos visitas.

Para quien camina, esto tiene una consecuencia práctica: la comida larga de mediodía se lleva mal con la bajada al valle. Lo razonable es repartirlo en los dos días, dejar la caminata larga para la mañana en que comas ligero y reservar el asador para el otro mediodía.
05 Cuándo esta ciudad no es para ti
Segovia no funciona bien en dos supuestos concretos. El primero es el desnivel: si arrastras equipaje con ruedas por el empedrado, o si una cuesta continua es un problema real, la parte más interesante del viaje queda fuera de alcance y el resto se vuelve incómodo.
El segundo es la hora del día en verano. En julio la máxima media es de 29,7 °C y el casco es piedra sin sombra: entre la una y las seis, caminar deja de ser un placer. Si solo puedes venir en verano y solo a mediodía, no es que Segovia esté mal elegida, es que la estás visitando en el único tramo horario en el que no se deja caminar.
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