01 Menos de treinta minutos

El servicio de alta velocidad entre Madrid y Toledo se inauguró el 15 de noviembre de 2005, y dejó el trayecto en poco menos de treinta minutos. El servicio convencional anterior había funcionado hasta el 2 de julio de 2003. Esa es la fecha que explica cómo se visita hoy la ciudad.

La conexión ferroviaria no es nueva en su efecto: ya en el siglo XIX el turismo que trajo el ferrocarril impulsó el desarrollo hostelero de la ciudad. Lo que cambió en 2005 no fue que llegara gente, sino que dejara de dormir aquí.

02 Lo que pasa a las seis y media

El casco antiguo tiene un ritmo diario muy marcado, y no es un ritmo local: lo marcan los autocares y los trenes. Entre las once y las seis, las calles principales están llenas; a partir de esa hora se vacían en menos de una hora, y a las nueve están desiertas.

Calle del casco antiguo a mediodía bajo un cielo azul con nubes: en la mitad inferior del encuadre hay una veintena de personas caminando y de pie, un coche rojo aparcado y una pizarra de menú del día apoyada en el suelo; arriba, fachadas altas de mampostería y ladrillo con balcones de hierro y, al fondo, una torre y una cúpula.
La misma calle a mediodía. La pizarra del menú, los grupos y el coche aparcado son el paisaje de la franja horaria de las visitas.Yair Haklai / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

La ciudad que sale en las fotos y la ciudad que hay a las diez de la noche son físicamente la misma y no se parecen en nada.

La misma calle empedrada completamente vacía a última hora, con hitos de hierro repartidos por el pavimento, dos coches aparcados al fondo y farolas de forja apagadas en los muros; al final de la calle, un edificio de sillería con un rosetón y, detrás, una cúpula recortada contra un cielo gris.
Y la misma calle cuando se han ido los autocares. Es el mismo pavimento, las mismas fachadas y otra ciudad.José Luis Filpo Cabana / Wikimedia Commons / CC BY 4.0·CC BY 4.0
Qué esperar de este viaje, medido en lo que le importa a quien se queda a dormir.
La ciudad vacía Desde las siete de la tarde hasta las once de la mañana
Densidad de patrimonio 259,85 ha inscritas por la UNESCO en 1986, por cuatro criterios
Todo a pie Dos kilómetros y medio cuadrados; no hace falta transporte
Vida nocturna Muy escasa: a las once está cerrado
Facilidad de andar Cuestas fuertes y canto rodado por todas partes
Dependencia del mes 35,1 °C de máxima media en julio y casi nada de sombra

03 Cómo se organiza la estancia

Llega por la tarde, sobre las cinco, cuando los grupos ya están de vuelta. Deja las cosas y no hagas nada: siéntate a cenar temprano y sal a caminar a partir de las nueve, sin plan y sin mapa. Esa primera noche es la que justifica el viaje entero.

Al día siguiente, madruga de verdad. Sal a las ocho: tienes tres horas de ciudad vacía antes de que lleguen el primer tren y el primer autocar. Reserva para esa franja lo que te interese ver por dentro y déjate el mediodía para comer y descansar, que es cuando el casco está imposible.

A media tarde, sal del casco y cruza al otro lado del valle. Desde ahí se ve la ciudad entera sobre su cerro, con el río rodeándola: es la única perspectiva que explica lo que llevas dos días recorriendo por dentro. Y vuelve a entrar al anochecer, por el puente.

Fachada amarilla de tres plantas al fondo de una placita, con una portada de granito flanqueada por dos columnas y dos escudos labrados sobre el dintel, balcones de hierro y macetas en la ventana alta; en primer plano, cuatro mesas de terraza de metal con las sillas vacías y una sombrilla blanca cerrada.
Una terraza vacía en el casco. A esta hora la ciudad ya es de quien duerme en ella.Yair Haklai / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Lo que hay que aceptar

Tres cosas, y las digo sin rodeos. La primera: dormir dentro del casco cuesta más que dormir fuera, y el plan depende enteramente de eso. Si te alojas en la ciudad nueva o en un hotel de carretera, tendrás que subir y bajar, y no vas a salir a caminar a las diez de la noche.

La segunda: por la noche no hay ambiente. Hay silencio, piedra y farolas, y eso es exactamente lo que has venido a buscar; pero si esperabas terrazas llenas, te vas a llevar un chasco. Cena antes de las nueve o te quedas sin cenar.

Y la tercera, el mes. Abril, mayo, septiembre y octubre. En julio la máxima media es de 35,1 grados y el casco no tiene arbolado; la ciudad vacía de agosto lo está porque nadie puede estar en la calle, no porque se hayan ido los autocares.

Si encajas en el perfil, el argumento cabe en una frase: por el precio de una noche de hotel vas a ver un Patrimonio Mundial de doscientas sesenta hectáreas sin nadie dentro, dos veces —de noche y al amanecer—, a media hora de tren de Madrid. Pocas cosas dan tanto por tan poco esfuerzo.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Hecho Para Ti · Flowtravel

Sofía empareja viajeros con destinos, y dice cuándo no encajan.