01 Una capital en el filo

El puesto original se plantó en febrero de 1888 en un punto elegido a propósito: el límite septentrional del bosque, entre los ríos Nyong y Sanaga. Ciento cuarenta años después, ese emplazamiento sigue definiendo el viaje. Al norte de la ciudad, el paisaje se abre. Al sur, se cierra y no vuelve a abrirse.

Qué esperar de este viaje, medido en lo que le importa a quien va a la cuenca del Congo.
Bosque intacto 5.260 km² con el 90 % de la superficie sin alterar
Masificación Nula: este país recibe muy pocos visitantes
Riqueza biológica Más de 107 mamíferos, 320 aves y 1.500 plantas conocidas
Facilidad de avistamiento Selva cerrada: se oye mucho más de lo que se ve
Infraestructura turística Mínima; hay que organizar transporte y guía
Dependencia del mes De 21 mm en enero a 294,1 en octubre

02 Cinco mil doscientos sesenta

La reserva de fauna del Dja ocupa 5.260 kilómetros cuadrados en el sureste del país, a unos 190 kilómetros de Yaundé en línea recta. Está inscrita en la lista del patrimonio mundial desde 1987 y tiene una particularidad geográfica poco común: el río Dja la rodea casi por completo y le sirve de límite natural.

Los números de conservación son los que justifican el viaje: alrededor del 90 % de su superficie permanece sin alterar. Se han registrado más de 107 especies de mamíferos, más de 320 de aves y más de 1.500 plantas conocidas. Entre los primates hay cinco especies amenazadas —mangabey de collar blanco, mandril, dril, gorila occidental de llanura y chimpancé— y también viven ahí el elefante de bosque, el búfalo de bosque africano y el leopardo.

En la reserva viven además unas 40.000 personas, entre agricultores bantúes y cazadores-recolectores baka. No es un espacio vacío: es un espacio habitado y protegido a la vez.

Claro de bosque con dos refugios bajos de forma abovedada construidos con ramas curvadas cubiertas de hojas grandes y haces de hierba seca: el de la izquierda es más pequeño y muestra las hojas superpuestas como tejas; el de la derecha, mayor, tiene una abertura oscura a modo de entrada; alrededor y al fondo, palmeras de rafia de hoja plumosa y vegetación densa, y en primer plano, suelo de tierra pisada con hojarasca.
Refugios construidos con ramas y hojas en un claro de la reserva. Dentro del Dja viven unas 40.000 personas.C. Hance / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0 IGO·CC BY-SA 3.0 IGO

03 Los tres días de arriba

Antes de bajar al sur conviene dedicar tres días a la capital, y no por cortesía: sirven para aclimatarse a la altitud, al idioma y al ritmo. La parada obligada es el Museo Nacional, instalado en un largo edificio blanco con arcadas al final de una avenida con plintos y esferas doradas.

Avenida de acceso a un edificio institucional: a ambos lados del asfalto se alinean plintos blancos de sección troncocónica coronados cada uno por una esfera dorada, alternando con mástiles metálicos sin bandera; entre ellos hay parterres de césped y setos bajos; al fondo, un edificio blanco de dos plantas muy alargado, con soportales de arcos de medio punto en la planta baja, ventanas alineadas arriba y un frontón central; el cielo está azul con grandes nubes blancas.
El Museo Nacional, al final de su avenida de esferas. Es la mejor introducción a lo que se va a ver después al sur.Z. NGNOGUE / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

El resto se resuelve subiendo. Desde cualquiera de los altos de la ciudad se ve el mecanismo del sitio: lo edificado en las crestas, el verde cultivado en los fondos, y detrás, los inselbergs —el monte Eloundem, de 1.159 metros, y los Mbam Minkom y Nkolodom, de 1.295 y 1.221— asomando como islas.

Tronco de un árbol de selva fotografiado desde su base mirando hacia arriba: la corteza gris clara sube en vertical hasta perderse en las primeras ramas, y una franja continua de musgo verde vivo cubre toda una arista del tronco desde el suelo; alrededor, hojas de otros árboles y frondes de palmera recortadas contra un cielo blanco que se ve a retazos entre el follaje.
Un árbol en el parque de la Mefou, en las afueras. Es el ensayo a pequeña escala de lo que hay doscientos kilómetros al sur.Ndjounguep Juscar / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Las fricciones, sin adornos

La primera es el mes, y aquí es determinante. Octubre recibe 294,1 milímetros en 21,3 días de lluvia y septiembre 235,2 en 17,8; con esa frecuencia, las pistas de tierra del sur dejan de ser una opción. Diciembre y enero son los dos meses del año con cielo abierto: 189,1 y 186 horas de sol, y 26,5 y 21 milímetros de lluvia.

La segunda es de expectativas, y conviene ser rotunda. La selva cerrada no funciona como una sabana: el dosel tapa, la visibilidad es de metros, y lo normal es oír a los animales sin llegar a verlos. Si tu idea de este viaje es una lista de avistamientos, la vas a pasar mal. Si tu idea es estar dentro de un bosque de 5.260 kilómetros cuadrados, la vas a pasar muy bien.

Y la tercera es de alcance. Este viaje se queda en el centro y el sur del país por una razón concreta: hay regiones camerunesas con avisos oficiales de no viajar en vigor. No es una recomendación editorial, es una restricción, y planificar sin tenerla en cuenta sería irresponsable. Consulta el aviso de tu gobierno antes de trazar cualquier ruta que se salga de esta zona.

Si el perfil encaja, el argumento cabe en una frase: duermes tres noches en una capital de colinas que casi nadie visita, bajas por carretera hasta un bosque que un río rodea entero, y pasas allí una semana en un sitio donde el 90 % de lo que hay nunca ha sido alterado. Casi nadie hace este viaje, y esa es exactamente la razón para hacerlo.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Hecho Para Ti · Flowtravel

Sofía empareja viajeros con destinos, y dice cuándo no encajan.