01 Dos cifras que lo explican todo
La media anual es de 28,1 °C, con máximas medias de 34,8 y mínimas de 22,2. La lluvia cae en 17,7 días al año y se concentra en el invierno: diciembre, enero, febrero y marzo suman más del 80% del total. En junio y septiembre el registro histórico es de cero milímetros.
El detalle que más sorprende de la tabla no es el calor, que se espera, sino el frío: el récord de temperatura mínima de la ciudad es de 5,4 °C, medido en febrero. En una capital del Golfo, eso significa que las noches de invierno pueden pedir chaqueta.
02 El verano no es negociable
Agosto es el mes más caluroso: 43,4 °C de máxima media y 35,9 de media diaria. Julio va justo detrás con 42,5 de máxima, y guarda el récord absoluto de la serie: 49,0 °C. Junio se queda en 41,4 y septiembre en 40,9.
En julio la mínima media es de 29,7 grados. No es que haga calor de día: es que la noche no llega a refrescar.
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Puede parecer que con aire acondicionado da igual, y en parte es cierto: la ciudad está preparada para funcionar de puertas adentro los doce meses. Pero cualquier plan que implique estar al aire libre —los manglares, la playa, un yacimiento, un paseo por la cornisa— deja de ser viable entre mayo y septiembre.
03 La humedad va al revés
Este es el dato que más planes estropea, porque es contraintuitivo. La humedad relativa media más alta del año no está en verano: está en diciembre (69%) y enero (68%). La más baja está en mayo (50%) y abril (53%).
Ahora bien, la humedad relativa se mide sobre el aire a la temperatura que tenga. Un 54% a 43 grados en agosto contiene muchísima más agua que un 69% a 21 grados en diciembre. Por eso septiembre, con un 60% y máximas de casi 41, es en la práctica el mes de peor sensación del año, aunque no sea el más caluroso.

04 La ventana buena
De noviembre a marzo, y sin discusión. Enero es el mes más fresco, con 19,1 °C de media y máximas de 24,5; febrero sube a 20,6 y marzo a 23,4. Noviembre y diciembre se quedan en 25,2 y 21,1. Son cinco meses de temperaturas de primavera europea con sol prácticamente garantizado.
Lo poco que llueve cae ahí: marzo es el mes más húmedo del año con 12,9 milímetros en 2,9 días, y enero le sigue con 12,5. Son cantidades ridículas en términos absolutos, pero conviene saberlo porque en una ciudad sin drenaje pensado para el agua, un chaparrón de diez milímetros se nota en la calle.

Y si no te queda más remedio que venir en verano, invierte la jornada. Sal antes de las ocho, resérvate el mediodía y la tarde para lo que esté bajo techo —que aquí es mucho— y vuelve a la calle a partir de las siete. Es la única manera de que el viaje no se convierta en un recorrido por interiores climatizados.





