El año en el Algarve, mes a mes
Las cifras son del observatorio del aeropuerto de Faro, serie 1991–2020: 455,1 milímetros al año en 48,9 días y 3.044,4 horas de sol. Como la lluvia casi no interviene en verano, la puntuación cruza sol, temperatura del agua y afluencia.
El Algarve se vende como destino de sol, y en su caso la etiqueta está justificada por los números. Lo interesante no es cuánto sol hay, sino lo poco repartida que está la lluvia y lo que eso implica para elegir el mes.
01 Cuarenta y nueve días
La cifra que mejor resume el clima de esta costa no es el total de lluvia, que con 455,1 milímetros al año no llama la atención. Es el número de días: 48,9. Es decir, trece de cada catorce días del año no llueve.
Y esos días están concentrados. En julio llueve 0,2 días y en agosto otros 0,2: entre los dos meses no suman ni medio día de lluvia. En junio, 0,8 días. El verano entero acumula 9,0 milímetros.
El sol acompaña: 3.044,4 horas al año, con 360,6 solo en julio, casi doce diarias. En diciembre, el mes peor, todavía hay 159,0 horas, más de cinco al día.
Julio y agosto suman menos de medio día de lluvia entre los dos: el verano aquí no es seco, es nulo.
02 El agua llega en invierno

El reparto anual sorprende a quien espera el patrón mediterráneo clásico. El mes más lluvioso no es enero ni noviembre: es diciembre, con 90,0 milímetros en 7,0 días. Después vienen noviembre, con 75,5, y octubre, con 56,0.
Entre noviembre y febrero cae el 57 por ciento del agua anual. Y esa agua es la que sostiene todo lo demás: los pozos del barrocal, los almendros, los algarrobos y la lámina de las salinas.
Para el viajero el invierno tiene una ventaja que casi nadie usa: no hace frío. La máxima media de enero es de 16,3 grados, la mínima de 8,3, y el récord absoluto de frío de la estación es de −0,3. Se puede estar fuera todo el día seis días de cada siete.
03 El mar va dos meses por detrás

Hay un desfase que decide el mes del viaje más que la temperatura del aire. El mar tiene una inercia térmica enorme, así que su máximo no coincide con el del aire: llega con unas semanas de retraso.
En la costa sur, el agua alcanza su punto más cálido en agosto, con unos 21,7 grados de media, y septiembre conserva prácticamente todo ese calor mientras el aire ya ha bajado de 29,2 a 26,4 grados.
El corolario es incómodo para quien viaja en primavera: en mayo hace 23,5 grados de máxima y un tiempo espléndido, pero el agua sigue con el frío acumulado del invierno. Junio y mayo son magníficos para todo menos para bañarse.
04 Y el otro calendario, el de la gente
Como el tiempo es bueno casi siempre, el factor que de verdad separa unos meses de otros no es meteorológico. Es la afluencia, y se concentra brutalmente en julio y agosto.
Eso produce una paradoja que conviene aceptar: los dos meses con mejores cifras de lluvia y sol son los dos peores para viajar. Julio tiene 0,9 milímetros de lluvia y 360,6 horas de sol, y es justo cuando las playas conocidas de la costa sur se llenan.
La solución no es cambiar de destino sino de mes. Septiembre tiene 21,5 milímetros de lluvia en 1,9 días, máximas de 26,4 grados y el agua todavía en su punto: casi el mismo producto sin el inconveniente principal.
05 El calor, que llega del este

Las máximas medias del Algarve son moderadas para una latitud tan meridional: 29,4 grados en julio y 29,2 en agosto. El mar se encarga de amortiguar tanto el frío como el calor.
Pero hay una excepción que aparece en los extremos. El récord absoluto de Faro es de 44,3 grados, registrado en julio, y en Vila Real de Santo António, en el límite oriental, llega a 44,4. Son casi quince grados por encima de la máxima media.
Esos episodios no vienen del mar sino de tierra adentro, con viento del este o del nordeste que trae aire continental recalentado. Duran pocos días, pero conviene saber que existen si el plan incluye caminar por el interior en verano.
06 Cómo elegir el mes
Si el viaje incluye playa, septiembre sin discusión. Es el único mes que combina agua templada, aire de 26,4 grados, 279,1 horas de sol, menos de dos días de lluvia y una afluencia ya en retirada.
Si el viaje es de caminar y de interior, marzo, abril y mayo. La lluvia baja de 46,8 a 26,2 milímetros, el sol sube de 242,6 a 305,0 horas y las máximas se mantienen entre 18,9 y 23,5 grados: no hay mejor tramo para recorrer el barrocal o los senderos del oeste.
Y si solo buscas sol de invierno, funciona mejor de lo que parece. Con 5,4 a 7,0 días de lluvia al mes, máximas de 16,3 a 17,1 grados y más de cinco horas de sol diarias, de diciembre a febrero se está fuera casi todos los días. Lo único cerrado es el mar.
Los cuatro tramos del año
De 41,9 a 90,0 milímetros al mes en 5,4 a 7,0 días: aquí cae el 57 por ciento de la lluvia anual. Máximas de 16,3 a 19,6 grados y nunca heladas: el récord de frío de Faro es de −0,3.
La lluvia cae de 46,8 a 5,1 milímetros y el sol sube de 242,6 a 326,9 horas. Máximas de 18,9 a 26,8 grados. El único inconveniente es el agua, que en mayo todavía no se ha calentado.
0,9 y 3,0 milímetros de lluvia en 0,2 días cada uno, con 360,6 y 344,9 horas de sol. El tiempo es inmejorable y precisamente por eso es cuando coinciden el máximo de gente y el máximo de precio.
21,5 y 56,0 milímetros en 1,9 y 6,0 días, con máximas de 26,4 y 23,3 grados. El mar conserva el calor acumulado en verano y la afluencia ya ha bajado: es el mejor cruce del año.


