El año en Jalisco, mes a mes
Las cifras son del observatorio de Guadalajara, serie 1991–2020: 1.013,5 milímetros al año en 91,6 días, a 1.566 metros de altitud. La puntuación cruza calor, lluvia, humedad y estado del paisaje; la costa del Pacífico va por su cuenta y se comenta aparte.
El calendario del altiplano mexicano no funciona como el europeo ni como el tropical costero, y quien viaja con cualquiera de los dos modelos en la cabeza se equivoca de mes. Aquí el año no se divide en frío y calor: se divide en seco y lluvioso, y el calor está donde no se espera.
01 El pico de calor llega antes que el agua
La máxima media más alta de Guadalajara corresponde a mayo, con 31,9 grados. Le sigue abril, con 30,5, y después junio, con 30,1. Julio y agosto, los meses que en medio mundo son el pico del verano, se quedan en 27,4 y 27,2.
Los extremos cuentan la misma historia. El récord absoluto de la estación es de 41,0 grados y se registró en abril, no en julio. Y la humedad relativa toca su mínimo anual, el 46 por ciento, también en abril.
El resultado es que el peor tramo del año para estar aquí va de marzo a mayo: calor creciente, aire seco y polvoriento, ninguna nube que corte el sol y un campo completamente ocre. En abril llueve 3,8 milímetros en 0,8 días.
Treinta y uno coma nueve grados en mayo y veintisiete coma cuatro en julio: el mes de la lluvia es cuatro grados y medio más fresco que el mes seco.
02 Cómo la lluvia baja el termómetro
El mecanismo es directo y tiene tres partes. La primera es la nube: a partir de junio, la tarde se cubre casi a diario y el sol deja de calentar el suelo durante las horas en que más aprieta.
La segunda es la evaporación. Un suelo mojado gasta energía en evaporar agua en lugar de en calentarse, así que la misma radiación produce menos temperatura. Y la tercera es la propia tormenta, que descarga aire frío en cuestión de minutos.
Entre las tres bajan la máxima media 4,5 grados de mayo a julio. Pero hay una contrapartida que conviene anotar: la humedad relativa pasa del 48 por ciento en mayo al 72 en agosto, así que el aire se vuelve mucho más pesado aunque el termómetro marque menos.
03 El ochenta y seis por ciento en cuatro meses
La otra cifra que define el año es el reparto. Guadalajara recibe 1.013,5 milímetros de lluvia al año en 91,6 días, y de esos, 869,3 milímetros caen entre junio y septiembre: el 85,8 por ciento del total en un tercio del calendario.
En días es todavía más claro: 71,7 de los 91,6 días de lluvia del año están en ese tramo. En julio llueve 21,1 días, dos de cada tres; en abril, 0,8.
Para el viajero, eso tiene una consecuencia práctica muy concreta: la lluvia de esta región no es un riesgo difuso repartido por el año, es un bloque. Fuera de ese bloque, apenas hay que contar con ella.
04 La seca, que es la temporada

De octubre a febrero es cuando la región funciona mejor. La lluvia baja de 58,8 a 7,4 milímetros al mes y los días de lluvia, de 6,6 a 1,3. Las máximas se mueven entre 24,1 y 26,7 grados y las mínimas entre 10,6 y 15,3.
Dentro de ese tramo hay un mes que destaca y es octubre. La lluvia acaba de retirarse, de 193,7 a 58,8 milímetros en un solo salto, pero el campo todavía está verde y los arroyos llevan agua. Es la única ventana en que coinciden las dos cosas.
En enero y diciembre el paisaje ya se ha secado, pero el clima es inmejorable: cielo despejado, humedad del 60 por ciento y noches frescas de 10,6 grados. El récord absoluto de frío de la estación, −1,5, da idea de que aquí el invierno existe, aunque sea breve.
05 Y la costa, que juega otro partido

Jalisco tiene también unos trescientos kilómetros de litoral en el Pacífico, y allí el calendario es distinto en todo menos en una cosa: la lluvia también se concentra en verano, y todavía más.
En Puerto Vallarta el mes más lluvioso es septiembre, con 370,0 milímetros, y entre junio y septiembre caen unos 1.198 milímetros, más de lo que recoge Guadalajara en todo el año. Y las máximas de verano llegan a 32,2 grados frente a los 27,4 del altiplano.
La diferencia es la altura. Guadalajara está a 1.566 metros y eso le quita unos cinco grados respecto al nivel del mar. En invierno la relación se invierte: la costa mantiene 26,7 grados de máxima en enero y el altiplano baja a 24,1, con noches de 10,6.
06 Cómo elegir el mes
Si el viaje es al interior, octubre y noviembre. La lluvia ya se ha ido, con 58,8 y 12,3 milímetros, las máximas se quedan en 26,7 y 25,6 grados y el campo conserva el verde de la temporada húmeda. No hay mejor combinación en el calendario.
Si el criterio es evitar lo peor, hay que huir de abril y mayo antes que de julio. Son los meses de 30,5 y 31,9 grados de máxima con el aire más seco y polvoriento del año, y sin una nube que dé tregua a mediodía.
Y si el viaje cae en la temporada húmeda, la regla horaria lo resuelve casi todo. La tormenta es de tarde: la mañana suele amanecer despejada y es la parte fiable del día. Lo que no conviene es programar caminos de tierra o excursiones largas para después de comer entre julio y septiembre.
Los cuatro tramos del año
De 7,4 a 58,8 milímetros al mes en 1,3 a 6,6 días, con máximas de 24,1 a 26,7 grados y mínimas de 10,6 a 15,3. Cielo despejado, temperatura amable y el campo todavía con el verde de las lluvias.
Las máximas suben de 28,5 a 31,9 grados mientras la lluvia baja a 3,8 milímetros en abril y la humedad al 46 por ciento. El récord absoluto de la estación, 41,0 grados, es de abril.
183,8 milímetros en 15,4 días y la máxima bajando de 31,9 a 30,1 grados. Es el mes en que la lluvia entra y corta el calor: en tres semanas el paisaje pasa de ocre a verde.
De 193,7 a 271,3 milímetros al mes en 15,9 a 21,1 días, con la humedad entre el 71 y el 72 por ciento. Las máximas se quedan en 26,7 a 27,4 grados: hace menos calor, pero llueve dos de cada tres días.



