Bakú está en una península que entra en el Caspio, en un clima semiárido y muy expuesto. Eso produce un perfil poco habitual: inviernos suaves para la latitud, veranos muy calurosos, sequedad extrema y viento constante. La consecuencia práctica es que la variable con la que se elige mes en media Europa aquí no sirve.

01 Descarta la lluvia
Los números confirman la sequedad. El mes más lluvioso del año es noviembre, con 35 milímetros. El más seco es julio, con cero. En todo el año hay 49 días de precipitación, menos de la mitad que en Roma. Si vienes de un destino europeo, esto significa que puedes planificar sin días de reserva.
02 El viento tiene nombre
Aquí soplan dos vientos con nombre propio y se alternan. El khazri viene del norte y es frío: puede tirar la sensación térmica varios grados en cuestión de horas y levantar el mar. El gilavar viene del sur y es cálido y húmedo. La ciudad vive alternando entre uno y otro, y esa alternancia explica la fama de Bakú como ciudad ventosa.

La consecuencia práctica es sencilla y vale para cualquier mes: lleva siempre una capa cortavientos, incluso en agosto. Un día de 30 grados con khazri en el paseo marítimo se comporta como uno de 24, y un día de 10 grados en enero con el mismo viento se comporta como uno de 4.
03 El Caspio va con retraso
Y aquí está el dato que cambia el calendario. El aire alcanza su máximo en agosto, con 31,7 grados, y a partir de ahí cae deprisa: 26,9 en septiembre, 20,4 en octubre, 14 en noviembre. El agua no. El Caspio llega a 26 grados en agosto, se mantiene en 24 en septiembre y todavía está a 20 en octubre.
En octubre el aire ya está a veinte grados y el agua sigue a veinte. Ese es el mes que casi nadie reserva.
Traducido a viaje: la temporada de costa no termina cuando acaba el calor, termina mes y medio después. Septiembre y octubre son los dos meses en los que se puede caminar cómodo por la ciudad, con 27 y 20 grados de máxima, y seguir usando el mar. Ninguno de los dos aparece como temporada alta.
04 Julio y agosto, con condiciones
El verano aquí es duro y conviene decirlo claro. Julio y agosto tienen máximas medias de 31,4 y 31,7 grados, con once y diez horas de sol al día y prácticamente sin lluvia. Las olas de calor llevan el termómetro a 38 o 40, y el récord de la ciudad son 42,7 grados, registrados en julio de 2018.
Dicho eso, hay una compensación concreta: es cuando el mar está mejor, con 24,5 grados en julio y 26 en agosto. Si vienes en esas fechas, el plan tiene que ser costero por la mañana temprano y por la tarde, e interior a mediodía. La ciudad vieja, con sus calles estrechas entre muros de piedra, da bastante más sombra de la que parece desde fuera.
05 El veredicto
Septiembre, y con bastante margen sobre el segundo. Es el único mes que junta las tres cosas: 26,9 grados de aire, 24 de agua y solo dos días de lluvia. Se camina bien por la ciudad, se puede usar la costa y no hay ni el calor de agosto ni el viento de noviembre.
Octubre es la segunda opción y probablemente la más infravalorada del calendario: 20,4 grados en el aire, el mar todavía a 20 y una ciudad que ya ha vaciado la temporada alta. Y si viajas en primavera, abril y mayo son excelentes para la ciudad —16 y 23 grados, casi sin lluvia—, pero olvídate del agua: en mayo el Caspio está a 15 grados.
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