La ciudad recibe 455 milímetros de precipitación al año y tiene una temperatura media anual de 11,6 grados, cifras de clima continental moderado. Lo que descoloca no son las cantidades, sino el reparto: la curva de lluvia no se parece nada a la que esperamos en el hemisferio norte.
01 La lluvia va a la primavera
La curva, en fila: 28 milímetros en enero, 36 en febrero, 48 en marzo, 71 en abril, 59 en mayo, 34 en junio, 19 en julio, 15 en agosto, 18 en septiembre, 37 en octubre, 45 en noviembre y 37 en diciembre. Hay un pico claro a mediados de primavera y un valle igual de claro en pleno verano.
02 Un invierno de verdad

El invierno aquí es serio y conviene no subestimarlo. Enero tiene 2,9 grados de máxima media y −7,1 de mínima; febrero, 5,1 y −4,9. Y los récords de la serie, que arranca en 1936, son de −31,9 grados en enero y −34,0 en febrero: en una llanura continental abierta, la irrupción de aire frío no encuentra ningún obstáculo.
Hay además un factor que no aparece en la tabla y que afecta a la salud. En invierno, con aire estable y sin viento, la calidad del aire de la ciudad se degrada de forma notable, y esa es la razón principal para no programar aquí un viaje de noviembre a febrero si tienes asma o alergias respiratorias.
03 El verano es seco y va por pisos

Julio y agosto son los meses secos del año: 19 y 15 milímetros, con máximas medias de 32,4 y 31,4 grados. En la llanura, eso es calor de verdad, y una ciudad de calles anchas y explanadas se hace dura entre el mediodía y las cinco de la tarde, incluso con el arbolado que tiene.
Pero aquí hay una salida que casi ningún destino ofrece: la altura. La cordillera empieza a pocos kilómetros y sube cuatro mil metros, así que subir media hora en coche equivale a bajar diez o doce grados. En verano, el plan sensato no es evitar el calor por horario, sino por cota.
Julio suma 19 milímetros y abril 71. El mes seco es el caluroso y el lluvioso es el bonito: hay que elegir.
04 El otoño resuelve la contradicción

Septiembre es el mes que junta todo lo que los demás tienen por separado: 25,6 grados de máxima y 11,7 de mínima, que es la horquilla para andar todo el día y cenar fuera, y solo 18 milímetros de lluvia, prácticamente los mismos que agosto. Ya no hace el calor de julio y todavía no ha llegado el agua de octubre.
Octubre es la segunda opción y añade el color del arbolado, que en una ciudad tan plantada es un espectáculo en sí mismo, a cambio de duplicar la lluvia hasta 37 milímetros y bajar la mínima a 5,6. A partir de noviembre la ventana se cierra: 10,3 grados de máxima, heladas nocturnas y el aire empezando a cargarse.
05 El veredicto
Septiembre, y con margen. Es el único mes que ofrece a la vez temperatura cómoda, cielos fiables y montaña todavía accesible antes de las primeras nieves de altura. Si el viaje es sobre todo de ciudad, la primera quincena de octubre funciona igual de bien y además con el arbolado en color.
Y el aviso que corrige el error más común: no elijas abril o mayo solo por la temperatura. Sobre el papel, 18,7 y 24,1 grados parecen perfectos, pero entre los dos meses caen 130 de los 455 milímetros del año. En esta ciudad, la columna de la lluvia y la del termómetro apuntan en direcciones opuestas, y hay que decidir cuál pesa más en tu viaje.



