Daca recibe 1.990 milímetros de lluvia al año repartidos en 118 días, con una humedad media anual del 72 % y 2.225 horas de sol. Son cifras de trópico húmedo, y a primera vista sugieren un calendario simple: evitar el monzón. La realidad es un poco más precisa que eso, y en un punto es directamente al revés.

01 Dos mil milímetros en cuatro meses
El reparto de la lluvia es extremo. De junio a septiembre caen 315, 390, 315 y 285 milímetros, es decir, 1.305 de los 1.990 anuales concentrados en cuatro meses. Julio y agosto tienen veintiún días de lluvia cada uno: en la práctica, llueve casi todos los días. En el otro extremo, enero y diciembre reciben 5 y 10 milímetros, en un solo día de lluvia cada uno.
02 El mes más caluroso es abril
Aquí está el dato que cambia la elección. La máxima media más alta del año no es la de julio ni la de agosto: es la de abril, con 33,9 grados, seguida de mayo con 33,6. Julio, el mes de las lluvias torrenciales, se queda en 32,1 grados. Es decir, el monzón enfría casi dos grados respecto al pico.
Marzo, abril y mayo son además la temporada de las tormentas fuertes de premonzón, que llegan por la tarde con viento y descargas intensas mientras la temperatura sigue subiendo. La combinación de 33,9 grados, humedad al alza y tormentas repentinas es lo que hace de abril el mes que hay que evitar de verdad.
El monzón no es el pico de calor: es lo que lo rompe. Julio está casi dos grados por debajo de abril.
03 La ventana seca
La ventana buena va de noviembre a febrero y es sorprendentemente cómoda. Enero tiene 24,6 grados de máxima y 13,3 de mínima, con cinco milímetros de lluvia repartidos en un único día. Febrero sube a 28,3 pero baja la humedad al 61 %, la más baja del año, lo que se nota más que los grados.

Hay que decir una contrapartida con claridad, porque afecta a la salud y no aparece en las tablas de clima. Esos mismos meses secos y sin viento son cuando la calidad del aire de la ciudad se degrada más, por la combinación de tráfico, obra y aire estancado. Si tienes asma o alergias respiratorias, consulta el índice del día antes de planificar una jornada entera al aire libre.
04 Lo que el monzón sí ofrece
Si tus fechas caen en pleno monzón, conviene saber qué se gana y qué se pierde. Se pierde previsibilidad: veintiún días de lluvia en julio significa que no hay manera de planificar una jornada exterior con garantías, y el sol baja a cinco horas al día. También hay que contar con inundaciones urbanas puntuales que colapsan el tráfico durante horas.

Se gana, en cambio, una temperatura más baja que en abril, un paisaje fluvial en su momento más impresionante y una ciudad sin ningún otro visitante. Y hay una precaución seria que no depende de la lluvia: los ciclones tropicales tienen dos picos, de finales de abril a principios de junio y en octubre y noviembre. Comprueba el parte antes de esas fechas.
05 El veredicto
Enero, con bastante ventaja. Es el único mes que junta 24,6 grados de máxima, un solo día de lluvia en todo el mes y una mínima de 13,3 que permite dormir sin aire acondicionado. Diciembre es prácticamente igual de bueno y algo más fresco de noche.
Y la regla que resume todo el artículo: si tienes que elegir entre ir en abril o ir en julio, ve en julio. Vas a mojarte mucho más, pero vas a pasar menos calor, y en un clima como este la diferencia entre 33,9 y 32,1 grados con la humedad al alza se nota en el cuerpo mucho más de lo que sugiere el número.



