El año en la costa oeste de las Highlands
Las cifras de clima son las de Fort William, en el corazón de la zona afectada. La puntuación combina dos cosas que casi nunca coinciden: el tiempo que hace y la presencia del insecto.
Casi todas las guías de Escocia organizan el año igual que en cualquier otro país europeo: verano bueno, invierno malo. Y en la costa oeste de las Highlands esa cuenta falla, porque hay una variable que no aparece en ninguna tabla de temperaturas.
Se llama Culicoides impunctatus, el midge de las Highlands, y es la razón por la que mucha gente que viaja al noroeste de Escocia en agosto vuelve diciendo que no repetiría. No es un mosquito y no transmite enfermedades. Simplemente aparece en nubes.
01 Qué es exactamente
Es un díptero diminuto, presente en buena parte del norte de Europa y de Asia, que en el noroeste de Escocia y bajando por la costa occidental hasta el norte de Gales resulta muy abundante de finales de primavera a finales de verano. Vive en terrenos húmedos: turberas, marismas y zonas encharcadas.
Solo pican las hembras, y conviene relativizar el drama: la mayor parte de la sangre que obtienen viene de vacas, ovejas y ciervos, no de personas. La picadura se nota como un pinchazo leve o directamente no se nota, y lo que molesta después son los bultos, que pueden durar horas o días según la persona.
El problema no es la picadura suelta: es el número. Y hay un detalle logístico que sorprende a mucha gente. No suelen entrar en casas ni edificios, pero sí entran en tiendas de campaña y en coches.
02 Sus tres debilidades
Aquí está lo que cambia un viaje. La primera y más útil: el midge deja de estar activo con vientos por encima de 10 kilómetros por hora. La segunda: le va mal la humedad baja, por debajo del 60 o el 75 %. La tercera: las condiciones secas y soleadas le resultan desfavorables.
Traducido a decisiones concretas: la cresta ventosa es mejor que el fondo del valle, la orilla expuesta es mejor que el claro del bosque, y un día seco y con brisa es mejor que un día bochornoso y quieto, aunque en la foto salga peor.
Y ahora las malas noticias, porque hay dos cosas que no lo frenan. La lluvia no lo disuade, y la oscuridad tampoco. Esperar a que escampe o a que caiga la noche no sirve de nada.
03 Por qué mayo gana
Si cruzas el calendario del insecto con el del clima, aparece una ventana que casi nadie usa. En Fort William, en plena zona afectada, mayo registra 183 horas de sol —la cifra más alta del año— y 71 milímetros de lluvia, empatado con junio como el mes más seco.
Los cuatro bloques del año
Máximo de sol del año (138 y 183 horas), mínimo de lluvia (78 y 71 milímetros) y el insecto aún sin llegar a su pico. Las máximas medias se quedan en 11,1 y 14,7 grados, así que hace fresco, pero es el único momento en que las dos variables juegan a favor.
El clima sigue siendo bueno —71 milímetros, 157 horas de sol, 16,5 grados de máxima— y los días son larguísimos. Pero el midge ya está instalado en las zonas húmedas del oeste, así que la costa expuesta y las crestas funcionan mucho mejor que los valles cerrados.
Los dos meses más cálidos, 18,5 y 18,3 grados, con humedad alta, poco viento y la temporada del insecto en su punto álgido. Además la lluvia repunta en agosto hasta 98 milímetros. Si solo puedes viajar ahora, quédate en la costa este o en las ciudades.
El insecto desaparece y a cambio llega el agua: la lluvia sube de 98 a 129 y luego a 172 milímetros, y el sol cae de 132 a 101 y a 74 horas. Es un cambio que mucha gente firma sin dudar, porque mojarse es previsible y las nubes de midges no.

04 La hora del día
Dentro de un mismo día también hay un patrón. El insecto está más activo justo antes del amanecer y al atardecer, aunque puede picar a cualquier hora. Y no se aleja mucho de donde nace: pica cerca de su punto de cría y cerca del suelo, aunque se han encontrado ejemplares a un kilómetro.
Eso da una regla sencilla para el verano: montar el campamento o parar a cenar al aire libre justo cuando cae el sol es el peor momento posible. Mejor comer temprano, o hacerlo en alto y al viento.
05 El invierno tiene otro problema
La solución obvia sería venir fuera de temporada, y de hecho funciona: en invierno el insecto no existe. Pero el invierno tiene su propia trampa, y no es el frío. Las máximas medias de enero son de 7,1 grados, que no es una temperatura dura.
El problema es la luz. En diciembre hay 28 horas de sol en todo el mes, y en enero 33. No 28 horas al día, evidentemente: 28 horas en treinta y un días. Con cifras así, un plan de caminatas se queda en dos o tres horas útiles por jornada.

06 Qué llevar y qué no funciona
Lo que de verdad protege es la barrera física: ropa que cubra la piel expuesta y, si vas a acampar o a pasar tardes en el oeste en verano, una red de cabeza. Parece ridícula y es lo único que funciona con garantía absoluta.
En repelentes, los productos con DEET son los clásicos, y la icaridina es una alternativa más reciente y considerada más segura. También existe una tradición local de usar aceites derivados del mirto de turbera, con citronelol y limoneno, aunque su efecto es suave.
Un último apunte contra la intuición. Después de un invierno excepcionalmente frío en Escocia a principios de 2010, se comprobó que el hielo prolongado no redujo la población del verano siguiente: la aumentó, porque había diezmado a sus depredadores naturales, murciélagos y aves.

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