Nukualofa mes a mes, de un vistazo
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Nukualofa está a 21 grados de latitud sur, lo bastante lejos del ecuador para que aquí pase algo que no pasa en casi ninguna otra capital del Pacífico tropical: el año tiene dos temperaturas distintas. Entre febrero y agosto la máxima media baja de 29,9 a 24,8 grados y la mínima, de 23,7 a 18,2. El récord de frío de la ciudad son 10 grados, en julio.
Y esa mitad fresca coincide, casi día por día, con la única ventana del año en la que la ley permite meterse al agua con una ballena jorobada.

01 Cinco grados que sí se notan
El recorrido térmico completo es de unos cinco grados en las máximas y de cinco y medio en las mínimas. No suena a mucho sobre el papel, pero marca la diferencia entre dormir con ventilador y dormir sin él, y entre caminar por la ciudad a mediodía o esperar a que baje el sol.
La humedad sigue el mismo movimiento, aunque más discreto: baja del 79 % de marzo al 73-75 % de julio a diciembre. La sensación de bochorno se afloja justo cuando bajan las temperaturas.
El mar hace lo propio y conviene tenerlo en cuenta antes de hacer la maleta: de los 27 o 27,5 grados del verano austral se pasa a 23,5 en agosto y septiembre. Se sigue nadando perfectamente, pero para varias horas de agua en los mejores meses de ballenas, un traje fino deja de ser un capricho.
Los momentos clave de un vistazo
122 mm en 13 días, 25,3 de máxima y ballenas todavía en el agua.
95 mm y 18,1 de mínima; el día 1 se abre la temporada de baño con ballenas.
210 mm, 29,9 grados de máxima y el centro de la temporada de ciclones.
Llueve poco, 123 mm, pero arranca la formación de ciclones.
02 La lluvia manda menos de lo que parece
La ciudad recibe 1.721 milímetros al año repartidos en 180 días de lluvia. Es decir: llueve uno de cada dos días del año, en cualquier mes. Con ese reparto, elegir por el pluviómetro sirve de poco.
Aun así, los extremos existen. Junio y julio son los meses más secos, con 95 milímetros cada uno; febrero y marzo, los más húmedos, con 210 y 206 sobre 19 días de lluvia cada uno. Entre el mes más seco y el más húmedo hay poco más del doble, no el triple o el cuádruple de otros destinos del Pacífico.
El dato más útil de la tabla no es el agua, sino los días: octubre solo tiene 11 días de lluvia, el mínimo del año, y agosto y septiembre 13. Enero, febrero y marzo se van a 17 y 19. Ahí sí hay una diferencia que cambia un viaje.

03 La otra mitad del calendario
Los ciclones se forman aquí entre noviembre y mediados de mayo, y son más probables entre finales de diciembre y principios de abril. Esa ventana se solapa casi exactamente con el bloque cálido y húmedo, así que las dos razones para evitar esos meses apuntan en la misma dirección.
No es un riesgo teórico. En febrero de 2018 el ciclón Gita destruyó el edificio del parlamento en la propia capital. Antes habían pasado Waka en diciembre de 2001 y Heta en enero de 2004, y todos ellos caen dentro del mismo tramo del calendario.
La consecuencia práctica es la de siempre y conviene aplicarla: en esos meses, seguro que cubra cancelaciones, nada de encadenar vuelos y barcos sin margen, y contar con que un aviso puede borrar dos días seguidos de itinerario en un país que se mueve en barco.

04 Una ventana con fecha en el reglamento
Las jorobadas suben cada año a criar a estas aguas templadas. En Tongatapu se dejan ver desde mediados de junio hasta finales de octubre, y la normativa fija la temporada en la que está permitido nadar con ellas entre el 1 de julio y el 30 de octubre. Fuera de esas fechas no se entra al agua, por muchas ballenas que haya.
Dentro de la ventana, los mejores meses son agosto y septiembre. Solo pueden acercarse a menos de 300 metros los operadores acreditados, y solo los que además tienen licencia para nadar pueden poner a alguien en el agua; una vez dentro hay que mantener al menos cinco metros con el animal.
Por eso aquí el calendario se lee al revés que en otros sitios: no se busca el mes con menos agua, se busca el mes que está a la vez fuera de la temporada de ciclones y dentro de la de ballenas. Ese solapamiento deja julio, agosto, septiembre y octubre, y dentro de esos cuatro, septiembre es el más redondo.

05 Qué llevar y en resumen
Ropa ligera de secado rápido y, esta vez sí, una capa fina de manga larga: julio y agosto dejan noches de 18 grados y en el barco, con viento y mojado, se agradece. Chubasquero delgado, calzado con agarre para roca de coral, protección solar alta y una funda estanca. Si vas a por ballenas, un traje de neopreno fino de dos o tres milímetros.
En resumen: de julio a octubre, con septiembre a la cabeza y agosto muy cerca. Junio funciona bien de clima pero se queda fuera de la temporada oficial de baño. De diciembre a abril hace más calor, llueve casi el doble y está abierta la temporada de ciclones.
Aquí el mes no lo decide la lluvia, que está repartida por todo el año. Lo deciden dos fechas: cuándo se cierra la temporada de ciclones y cuándo se abre la de las ballenas.





